Drake, error millonario (Los millonarios del Wonderland Club 1) 15 #3
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Había demostrado su punto. Eso era todo. Podía volver a sentarse y yo podía reconocer que tenía razón para que continuáramos con aquella conversación como dos adultos razonables.

El problema era que no quería que volviera a sentarse.

Mis ojos bajaron hacia su boca. Húmeda. Entreabierta. Todavía demasiado cerca. Cuando regresaron a los suyos, Hallie ya no sonreía. Había visto la mirada. Por supuesto que la había visto.

Ninguno dijo nada.

No sé cuánto duró aquel momento, pero fue suficiente para que pudiera detenerlo.

En vez de hacerlo, levanté una mano hacia su nuca y volví a besarla.

Esta vez no había absolutamente nada que demostrar.

Hallie respondió enseguida. Le abrí la boca y ella me dejó entrar.

Su lengua encontró la mía sin titubear, caliente, insistente, y el beso se volvió hondo de un solo golpe.

La sentí contra mí: el sabor del vino, la humedad, el sonido sucio de dos bocas que ya no estaban ensayando.

Tiré de ella hacia delante hasta que terminó entre mis piernas y Hallie no se quedó quieta.

Se inclinó más, una mano en mi cuello, y me besó más despacio. Más adentro.

Le recorrí la cintura con la otra mano y la apreté contra mí.

Hallie soltó un sonido bajo en mi boca. Yo le tomé el labio inferior entre los dientes, lo solté y volví a meterle la lengua, más profundo, inclinándole la cabeza para que no quedara ningún hueco entre nosotros.

Ella me respondió igual de explícita: lamiéndome, abriéndose, dejándome saborearla como si aquella clase hubiera sido solo la excusa para llegar ahí.

Había pasado demasiado tiempo imaginando cómo sería besarla sin admitir que lo estaba imaginando.

Descubrí que la realidad era todavía mejor: su lengua enredada con la mía, su respiración rota contra mi mejilla, el pecho agitándose tan cerca que podía contarle cada inhalación, no ayudó precisamente a recuperar el sentido común.

Hallie deslizó los dedos hasta mi pelo y tiró lo justo. Aquello bastó para que la acercara más. El beso se volvió más lento, más mojado, casi perezoso de lo intenso que era. Ya no había técnica. Solo su boca abierta bajo la mía y yo tomándomelo como si hubiera estado aguantándome días.

Fue entonces cuando recordé a Trevor.

Me detuve.

No de golpe, pero sí lo bastante rápido para que Hallie abriera los ojos y me mirara confundida.

Seguía muy cerca. Los labios hinchados. La respiración desordenada.

Mi mano continuaba en su cintura y la suya, en mi nuca.

La retiré antes de que mi cuerpo decidiera que podíamos seguir ignorando el problema durante un rato más.

¿Qué coño estaba haciendo?

Todo aquel plan existía porque Hallie quería a Trevor. Ese mismo mediodía él había ido a buscarla, la había invitado a comer y había dejado bastante claro que empezaba a verla de otra manera. Por primera vez en cinco años, las cosas estaban avanzando exactamente hacia donde ella quería.

Y yo acababa de besarla.

No. Peor.

Ella me había besado para demostrarme que sabía hacerlo.

Yo había decidido repetir.

Y no había sido un beso de comprobación. Le había metido la lengua en la boca porque quería seguir saboreándola.

—Bueno —dijo Hallie.

Parecía tan desconcertada como yo, lo cual no ayudaba.

Me pasé una mano por la mandíbula y busqué algo que decir. Cualquier cosa que consiguiera devolvernos al punto en el que estábamos cinco minutos antes.

—Sabes besar.

Hallie me miró como si acabara de confirmar que era idiota.

—¿Esa es tu conclusión?

—Era lo que estábamos comprobando.

—Eres imbécil.

—No he dicho que no lo fuera.

Negó con la cabeza, pero ninguno de los dos sonrió esta vez.

Hallie miró hacia el sofá, donde había dejado sus cosas, y después volvió a mirarme.

—Creo que debería irme.

—Sí.

La acompañé hasta la puerta. Antes de salir, Hallie se volvió hacia mí y durante un instante tuve la sensación de que iba a decir algo. Quizá preguntarme por qué la había besado. Quizá decirme que no volviera a hacerlo.

Al final no dijo nada.

Cuando la puerta se cerró, me quedé unos segundos mirando el pasillo vacío antes de volver al salón.

Esta vez iba a resultar bastante complicado encontrar una explicación alternativa.

Podía convencerme de que masturbarme pensando en Hallie solo había sido deseo.

Podía llamar irritación a los celos y justificar mi reacción al verla después del cambio de imagen diciéndome que simplemente no estaba acostumbrado a verla así.

Había sido sorprendentemente creativo durante los últimos días.

Pero no podía hacer lo mismo con aquello.

Hallie me había besado una vez. Yo la había besado la segunda.

Le había abierto la boca. La había atraído entre mis piernas. Había seguido cuando ya no quedaba nada que enseñar.

Porque había querido.

Y había tardado bastante más de lo que debería en querer parar.

Me serví otro poco de whisky y apoyé las manos en la encimera mientras asumía algo que llevaba demasiado tiempo esforzándome por no ver.

Me gustaba Hallie Calloway.

La clase había sido un éxito. Hallie sabía coquetear, sabía provocar y, definitivamente, sabía besar.

El problema era que acababa de demostrárselo al hombre equivocado.