Drake, error millonario (Los millonarios del Wonderland Club 1) 14
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Hallie

Había decidido que lo de la noche anterior no significaba nada.

Nada.

Cero.

Una asociación mental completamente normal provocada por haber pasado demasiado tiempo hablando de sexo con Drake.

Eso era todo.

Mi cerebro había utilizado la información más reciente que tenía disponible, igual que cuando pasabas toda la tarde viendo una serie y luego soñabas con sus personajes. Nadie se despertaba después de aquello replanteándose su vida sentimental.

Por tanto, yo tampoco tenía ninguna razón para hacerlo.

Seguía enamorada de Trevor.

Drake seguía siendo Drake.

Y el hecho de que hubiera tenido un orgasmo pensando en él era una anomalía estadística que no volvería a repetirse.

Perfecto.

Entré en la oficina completamente convencida de ello.

Entonces vi a Drake.

Estaba dentro de su despacho, sentado frente al ordenador, con una mano sobre el ratón y la otra apoyada junto a la boca mientras leía algo en la pantalla.

Lo había visto exactamente así cientos de veces.

Quizá miles.

Nunca había supuesto ningún problema.

Hasta aquella mañana.

Mi cerebro decidió recordarme su voz.

Después sus manos.

Después la forma en que me había mirado el día anterior mientras sostenía uno de aquellos juguetes.

Y, finalmente, porque al parecer me odiaba, me proporcionó un recuerdo bastante gráfico de lo que había ocurrido después en mi cama.

Aparté la vista.

No.

Eso se había terminado.

Fui hasta mi mesa, dejé el bolso, encendí el ordenador y me concentré en iniciar mi jornada laboral como una persona adulta que jamás había utilizado mentalmente a su jefe para alcanzar un orgasmo.

Funcionó durante aproximadamente treinta segundos.

Levanté la mirada.

Drake seguía mirando la pantalla.

Bien.

Volví al ordenador.

Un minuto después miré otra vez.

Exactamente la misma posición.

Fruncí el ceño.

Aquello era raro.

Normalmente, cuando llegaba, Drake encontraba alguna razón para reclamar mi atención antes incluso de que hubiera conseguido abrir el correo.

Un informe. Una reunión. Un café. Alguna tarea que probablemente podría haber hecho él mismo pero que, según su particular interpretación del mundo laboral, justificaba tener secretaria.

Aquella mañana no.

Ni siquiera me había mirado.

O quizá sí.

Porque justo cuando estaba observándolo levantó la cabeza y nuestros ojos se encontraron a través del cristal.

Los dos apartamos la mirada.

Parpadeé.

¿Qué demonios había sido eso?

Ahora, además de haber tenido un orgasmo pensando en mi jefe, aparentemente mi jefe había decidido comportarse como si también hubiera ocurrido algo raro entre nosotros.

Lo cual era imposible.

Porque no había ocurrido nada entre nosotros.

Lo ocurrido había sido entre mi cerebro, un succionador y una versión imaginaria de Drake que él, gracias a Dios, desconocía por completo.

Me concentré en el correo.

Esta vez conseguí aguantar casi veinte minutos sin mirar hacia su despacho.

Estaba respondiendo a una solicitud para cambiar una cita cuando una sombra cayó sobre mi mesa.

Supe quién era antes de levantar la cabeza.

—Calloway.

Tragué saliva.

—Murray.

Drake permaneció allí.

Yo esperé.

Él también.

Aquello ya era preocupante.

Drake Murray no necesitaba prepararse mentalmente para decirme nada. Y mucho menos teniendo en cuenta la cantidad de barbaridades que era capaz de pronunciar antes de las nueve de la mañana.

Carraspeó.

Oh, no.

—¿Probaste lo que compramos ayer?

Abandoné mi cuerpo.

No físicamente, por desgracia.

Físicamente seguía allí, sentada delante de él, pero el resto de mí había ascendido a algún lugar mucho más seguro desde el que contemplaba la escena.

—Sí.

Drake se quedó quieto.

Solo un instante.

Lo suficiente para que me diera cuenta.

—¿Y?

—¿Y qué?

—¿Funcionó?

Perfectamente.

Maravillosamente.

Muchísimo mejor en cuanto tru cara sustituyó a la del hombre al que llevaba cinco años queriendo.

—Sí. Perfectamente. Estupendo. Fantástico. Una experiencia absolutamente normal y sin ningún acontecimiento destacable —dije demasiado rápido y con una voz demasiado alta y aguda.

Drake me observó.

—Solo te he preguntado si funcionó.

—Y te he contestado.

—Con una cantidad preocupante de entusiasmo.

—Pues ya tienes tu respuesta.

Sus ojos permanecieron en los míos un segundo más.

Por alguna razón, fui incapaz de sostenerle la mirada.

Cogí el ratón.

—Funcionó. Fin del informe.

—Normalmente necesito algo más de información para saber si la elección ha sido adecuada.

—Pues tendrás que aprender a vivir con la incertidumbre.

Esperé la réplica. Drake siempre tenía una réplica.

—De acuerdo.

Levanté la cabeza.

¿Qué?

Él ya se estaba alejando.

Lo vi entrar de nuevo en su despacho y cerrar la puerta. Me quedé mirándolo. Drake acababa de abandonar voluntariamente una conversación sobre sexo.

Algo iba terriblemente mal.

Abrí a Mía en versión de chat de texto. No pensaba mantener aquella conversación en voz alta en mitad de la oficina.

HALLIE

Tenemos un problema.

MÍA

¿Qué ha ocurrido?

HALLIE

¿Recuerdas que anoche te dije que iba a probar una de las cosas que compré?

MÍA

Sí.

Me quedé mirando el cursor parpadear. No le había contado lo que había pasado después.

HALLIE

La probé.

MÍA

¿Funcionó?

HALLIE

Sí.

MÍA

Entonces no entiendo cuál es el problema.

HALLIE

Funcionó demasiado bien.

MÍA

¿Demasiado bien?

HALLIE

Estaba pensando en Trevor… Pero en algún momento dejé de pensar en Trevor.

MÍA

¿En quién pensaste?

Miré hacia el despacho.

Drake estaba sentado frente al ordenador, leyendo algo en la pantalla con una concentración que no le había visto en su vida.

Volví al chat.

HALLIE

En Drake.

Los tres puntos aparecieron.

Desaparecieron.

Volvieron a aparecer.

Oh, no.

Incluso una inteligencia artificial se quedaba en shock con esa información.

MÍA

Estoy intentando procesar la información.

HALLIE

Pues procésala sin relacionarla con la estupidez que dijiste ayer.

MÍA

Ayer sugerí que quizá Drake sentía algo por ti.

HALLIE

Me refería exactamente a esa estupidez.

MÍA

Esto no demuestra que Drake sienta algo por ti.

Relajé los hombros.

Por fin.

HALLIE

GRACIAS.

MÍA

Dice algo sobre lo que podrías sentir tú por Drake.

Me quedé mirando la pantalla.

Traición.

Absoluta traición.

HALLIE

No siento nada por Drake.

MÍA

Pensaste en él mientras utilizabas un juguete sexual.

HALLIE

ACCIDENTALMENTE.

MÍA

¿Cómo se piensa accidentalmente en alguien?

Empecé a escribir tan deprisa que tuve que borrar dos palabras.

HALLIE

Había pasado toda la tarde con él. EN UNA TIENDA ERÓTICA. Hablando de sexo. Él me explicó cómo utilizar cada juguete. Me habló de orgasmos. De placer. De todo. Es completamente normal que mi cerebro utilizara la información más reciente que tenía disponible.

MÍA

No estoy segura de que eso funcione así.

Entrecerré los ojos.

HALLIE

Voy a desinstalarte.

MÍA

¿Quieres que te indique cómo hacerlo?

Cerré el chat.

Maldita inteligencia artificial.

En serio.

Había conseguido tener una única amiga y resultaba que ni siquiera era humana y ya estaba metiéndose donde no la llamaban.

Las siguientes horas transcurrieron con una normalidad que agradecí profundamente. Drake permaneció en su despacho, yo me dediqué a trabajar y ninguno volvió a mencionar juguetes, orgasmos ni ninguna otra cosa relacionada con la noche anterior.

Para cuando se acercó la hora de comer, incluso había conseguido convencerme de que todo volvía a estar bajo control.

Entonces Trevor apareció junto a mi mesa.

Levanté la cabeza y sonreí.

—Hola.

—Hola. —Se apoyó ligeramente en el borde del escritorio—. ¿Tienes planes para comer?

Tardé un segundo en procesar la pregunta. Trevor y yo habíamos comido juntos muchas veces. Con Drake, con alguien de la oficina, durante reuniones, pidiendo cualquier cosa para comer delante del ordenador. Pero nunca había venido hasta mi mesa a preguntarme si tenía planes.

—No.

—Estaba pensando en ir al japonés. —Señaló vagamente hacia la calle—. ¿Quieres venir conmigo?

Mi corazón dio un pequeño salto.

Quería comer conmigo a solas.

Durante una fracción de segundo estuve a punto de responder con un entusiasmo completamente incompatible con cualquier cosa que Drake me hubiera enseñado.

No estés siempre disponible.

Muy bien. Podía hacerlo. Era una mujer adulta, relajada y misteriosa que recibía invitaciones para almorzar de hombres atractivos con tanta frecuencia que apenas les concedía importancia.

—Sí, claro. Me apetece.

Trevor sonrió.

—Genial.

El plan estaba funcionando y ahora había venido a buscarme. Drake tenía razón. Qué desagradable. Pero podía vivir con ello si el resultado era aquel.

Además, una comida con Trevor era exactamente lo que necesitaba.

Después de las últimas veinticuatro horas, mi cerebro necesitaba recordar con urgencia quién era el hombre que me gustaba. Un rato a solas con Trevor parecía una manera bastante eficaz de desintoxicarme de Drake Murray y de cualquier asociación mental desafortunada relacionada con él.

Cogí el bolso.

—Buena idea —dijo una voz a mis espaldas.

Me quedé inmóvil. Trevor también miró hacia atrás. Drake estaba a unos metros de nosotros, colocándose la chaqueta.

—Hace siglos que no voy a un japonés. Me apunto.

Trevor lo observó acercarse.

—En realidad, estaba invitando a Hallie.

—Lo sé. Estaba aquí cuando lo has hecho.

—Entonces también habrás oído la parte en la que no te he invitado a ti.

Oh.

Miré a Trevor.

Aquello era nuevo.

Drake también pareció sorprenderse durante una fracción de segundo, pero enseguida sonrió.

—Qué suerte que después de tantos años de amistad ya no necesite invitación.

—Esa interpretación de nuestra amistad explica muchas cosas.

—Gracias.

—No era un cumplido.

—Lo he decidido así. ¿Nos vamos?

Trevor apretó ligeramente la mandíbula.

Y yo tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no sonreír.

Porque aquello ya no admitía demasiadas interpretaciones.

Trevor no había venido a buscar compañía para comer.

Había venido a buscarme a mí.

***

El restaurante estaba a menos de diez minutos de la oficina y, durante el trayecto, Drake consiguió comportarse como un ser humano relativamente normal. El problema empezó cuando nos sentamos.