22. Capítulo 21 #2
—Y mis números estaban incompletos. —Mi voz no tiembla. Eso me sorprende más que a nadie—. Lo que significa que mi análisis estaba incompleto. Lo que significa…
Me detengo.
Porque veintiocho años de adoctrinamiento Madden se aferran a las palabras mientras ascienden por mi garganta. No cometemos errores. No admitimos culpas. Siempre, siempre tenemos la razón.
Pienso en los dedos de Beck entrelazados en la alambrada ayer. Murmuró las palabras más sabias que probablemente le haya oído decir a ese hombre en mi vida.
Pues comete el error. La Tierra sigue girando, Hoja de Cálculo.
—Estaba equivocada.
Sale sin trabas y, como predijo Beck, nada se derrumba.
No se abre ninguna trampilla bajo mi silla. Mi madre no aparece en el umbral de la puerta con un corsé y cara de decepción.
La Tierra, como prometió, sigue girando.
—Mi modelo original medía a Beck como un activo aislado —continúo, y ahora las palabras salen deprisa, porque llevo días conteniéndolas—. Medí sus goles, sus asistencias, sus minutos de penalización y su eficiencia salarial. Lo que no podía medir es lo que le hace a todo el mundo a su alrededor .
Giro el portátil para que puedan ver los gráficos.
—Mirad a Vegas. Jugamos un partido sin él y todo el flanco izquierdo se vino abajo. Bailey no es un mal jugador. Simplemente, no es la persona que mantiene esa línea unida.
Cierro el portátil.
—Y hay una cosa más. —El corazón me va como un cronómetro—. Llevo semanas observando a Beck Morrison de cerca. Más de cerca de lo que ningún analista ha observado jamás a ningún jugador, probablemente. Tan de cerca que, en algún punto en mitad de toda esa recopilación de datos, me enamoré de él.
Diego emite un sonido como de tetera. La cabeza de Declan se gira bruscamente hacia mí. Mason se limita a sonreír, como si supiera exactamente adónde iba a parar esto hace semanas, cuando lo presenció desde un balcón.
—Y quiero ser extremadamente clara —insisto antes de que nadie pueda hablar—, no es por eso por lo que cambio la recomendación.
La cambio porque es la decisión correcta en cuanto al hockey, y defenderé esas matemáticas contra cualquier analista de esta liga.
Pero os cuento la otra parte porque Beachside merece saber lo que tiene.
Porque, si se le da la oportunidad, este pueblo entero se va a enamorar de él exactamente como yo. Si es que no lo ha hecho ya.
Por un segundo, el único ruido en toda la mansión es el del océano y el de la cola de Biscuit, que vuelve a golpear contra el suelo de madera.
Entonces, Colin se frota la frente.
—Darcy. Eso es… mira, es un informe cojonudo. De verdad. El mejor trabajo que te he visto hacer. —Hace una mueca—. Pero el proceso ya ha avanzado más allá del informe. Has oído lo que he dicho… los equipos acordaron los términos durante la noche. El marco del contrato está cerrado.
La cocina explota en cuanto las palabras salen de su boca.
—¿MÁS ALLÁ DEL INFORME? —Declan se pone en pie de un salto, y la silla chilla al deslizarse hacia atrás y caer al suelo—. ¡El informe era la CLAVE de todo! Le hicisteis correr a las seis de la mañana durante semanas, y hacer terapia y auditorías. ¿Y ahora me dices que los deberes no CONTABAN ?
—Declan, el calendario de la liga…
—¡A la mierda el calendario! —Mason también está de pie ahora, y toda la sala se estremece, porque oír a Mason levantar la voz es como presenciar a los muebles hablar—.
No lo entiendes. Nuestros padres se están separando.
Nuestra familia se está desmoronando. Esta casa, este equipo…
¡esto es lo que queda! ¿Y quieres enviar un tercio a la mierda, al desierto, porque lo decía una hoja de cálculo y nadie tuvo las agallas de darle al pause cuando la hoja de cálculo CAMBIÓ DE OPINIÓN?
—Eh. Me ofende que me llamen «hoja de cálculo» con ese tono —digo, poniéndome también en pie—, pero tiene razón, Colin.
¿Qué sentido tiene contratarme si mi juicio profesional deja de importar en el momento en que se vuelve un inconveniente?
Hice el trabajo. Lo hice con honestidad, lo que me costó más de lo que jamás sabrás.
Y te estoy diciendo que el traspaso es un error…
—No es tan simple…
—ES EXACTAMENTE ASÍ DE SIMPLE…
Biscuit se pone a ladrar. El entrenador Pearson se levanta y dice algo sobre que todo el mundo se arrodille, lo que no tiene ningún sentido en una cocina.
Pete retira con calma los cruasanes del radio de la explosión.
Declan y Colin se gritan el uno al otro sobre derecho contractual, y está claro que Declan no sabe nada de derecho contractual, pero lo compensa con el volumen.
Diego se aprieta el paño de limpieza contra el pecho como una viuda victoriana que acaba de descubrir que el apuesto duque ha muerto sin actualizar su testamento.
Y entonces, esa maldita tableta montada en la pared de la cocina se ilumina y empieza a sonar .
Diego se abalanza sobre ella como un hombre que va a pulsar una alarma de incendios.
—Oh, gracias a DIOS —resuella, y acepta la llamada.