Double Puck (The Morrison Brother’s 2) 22. Capítulo 21
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22. Capítulo 21

Darcy

L lego en coche a la mansión Morrison y el motor de mi descapotable se apaga con un gruñido. Es otro día predeciblemente perfecto en Beachside, con el sol abriéndose paso entre las hojas de palmera y las olas suspirando contra la orilla.

Para mí, no tiene nada de perfecto.

Respiro hondo para serenarme, cierro la puerta del coche de un portazo y empiezo a subir por el camino de entrada. Ya he entrado antes en salas de juntas hostiles. He presentado datos a hombres que querían que fracasara.

Una vez le dije a una sala llena de directivos hoteleros internacionales que su estrategia de crecimiento era deficiente mientras mi padre estaba sentado a tres asientos de distancia. Tenía quince años y Charles Madden me dijo que nunca se había sentido tan orgulloso.

¿Pero hoy?

Hoy podría arruinarlo todo.

Llamo a la puerta a las nueve en punto, con el futuro de Beck Morrison en la bolsa del portátil y todos los órganos de mi cuerpo peleándose por ver cuál falla primero.

Diego abre la puerta y me dedica una larga mirada.

—Antes de que entres, me gustaría que constara oficialmente en acta que voté en contra de esto.

Me detengo en el umbral. —¿En contra de qué?

—De lo que sea que esté a punto de pasar en mi casa. —Señala vagamente hacia la cocina—. Ya tengo a Declan paseando de un lado a otro, a Mason comiendo uvas por el estrés y a Colin Holden con una corbata espantosa antes de las diez de la mañana. No puedo permitir que tú también te vengas abajo.

—No me voy a venir abajo.

—Maravilloso. —Se hace a un lado—. Entonces quizá puedas convencer a todo el mundo de que coma algo antes de que corra la sangre.

Se aparta de la puerta y, por supuesto, la casa está impecable.

El sol de la mañana entra a raudales por la pared de cristal, iluminando toda la cocina, desde donde puedo ver el océano brillar más allá de la piscina infinita.

La isla es una preciosa estampa de hospitalidad opulenta, aunque, en lugar de tortitas con arándanos, veo que Diego ha preparado un surtido de Goldie’s. Se da cuenta de que me he quedado mirando los cruasanes.

—Pensé que el desayuno ablandaría a todo el mundo. —Lanza una mirada apesadumbrada a la comida intacta—. Nadie ha probado un solo bocado. Darcy, esta cocina está llena de adultos y nadie se ha comido ni un solo cruasán. ¿Entiendes lo grave que es eso?

Por desgracia, sí.

Al otro lado de la habitación, Colin Holden está sentado a la enorme mesa de la cocina con un traje de verdad, y así es como sé que lo de hoy es serio. Colin solo se pone traje en los funerales y en las reuniones de más alto nivel de la liga.

El entrenador Pearson está a su lado con los brazos cruzados, con el aspecto de una montaña a la que han obligado a ponerse un polo. Pete Langford tiene su iPad delante y sorbe el café mientras estudia la pantalla con expresión intensa.

Trago saliva, pero, por suerte para mí, Biscuit se abre paso entre mis piernas, con la cola dando golpes, una oreja levantada, profundamente convencido de que esta reunión va sobre él.

Ojalá.

—Darcy. —Diego aparece de nuevo a mi lado, esta vez con un capuchino, la espuma dibujando una hoja perfecta—. Por favor, bébete esto. Tienes pinta de haber dormido cuatro horas y de haber llorado sobre el portátil.

—Gracias, Diego.

Me acerco a la mesa y saludo a Colin y a Pete justo cuando Declan baja las escaleras con una camiseta negra y la mirada ya endurecida. Mason lo sigue, pero cuando casi llega al arco abierto que da a la cocina, se vuelve y saluda con la mano…

—¡¿Rose?!

Mason me lanza una mirada asesina y de inmediato se lleva un dedo a los labios.

Chis.

Enarco las cejas.

Un segundo después, Rose pasa a toda prisa por el arco de la cocina con los tacones y el bolso apretados contra el pecho, todavía con la ropa que llevaba ayer en The Yard .

Su pelo parece revuelto de haber dormido, ya no lleva pintalabios y está claro que intenta escabullirse sin que su propio padre la vea después de haber pasado la noche haciendo algo que no está en su contrato.

Como es natural, Biscuit elige este preciso momento para fijarse en ella.

Su cola empieza a golpear la pared y los ojos de Rose se abren como platos.

Mason agarra a Biscuit por la cintura antes de que pueda lanzarse sobre ella, forcejeando con treinta kilos de perro encantado contra su pecho mientras Rose corre los dos metros que le faltan para llegar a la puerta principal.

Desde la mesa, Colin levanta la vista. —¿Qué ha sido ese ruido?

—Solo Biscuit siendo Biscuit, Colin —dice Mason, tan tranquilo como siempre—. ¿Empezamos?

Deja a Biscuit en el suelo y ocupa la silla vacía junto a Declan, consiguiendo parecer completamente inocente mientras Rose, supongo, huye de Beachside antes de que su padre descubra que ha estado mancillando a su defensa.

Bien por ella.

Yo ahora mismo tengo problemas bastante más importantes con los Morrison de los que ocuparme.

Llevo mi capuchino a la mesa y me deslizo en la silla que queda, dejando la bolsa del portátil a mis pies. A mi alrededor, los últimos vestigios de conversación desaparecen cuando Colin acerca una carpeta.

Ha llegado el momento.

Saco el portátil y lo pongo delante de mí, luego echo un último vistazo a la mesa.

Colin. Pete. El entrenador.

Declan y Mason.

Mis ojos se posan automáticamente en la silla vacía junto a ellos.

Frunzo el ceño. —¿Dónde está Beck?

Los ojos de Colin se desvían hacia la silla vacía. —Ni idea. Contaba con que estuviera aquí. —Aprieta los labios antes de acercar la carpeta—. Pero dado lo que ha sucedido esta noche, deberíamos empezar. Siéntate, Darcy. Ha habido… novedades.

Siento que el suelo se abre bajo mis pies.

—¿Novedades?

—Vegas ha respondido. —Colin baraja unos papeles como un hombre repartiendo cartas que no quiere mirar—. Su oferta ha mejorado. Sustancialmente. Como es natural, las negociaciones han avanzado rápido a partir de ahí. Más rápido de lo que nadie esperaba, la verdad.

El capuchino se vuelve muy pesado en mis manos.

El entrenador Pearson asiente y luego me mira por encima de la mesa. —Desde aproximadamente las seis de esta mañana, los Bears y Vegas básicamente han llegado a un acuerdo sobre los términos.

Los equipos han llegado a un acuerdo.

Beck me dijo que Vegas quería una respuesta. Tenía la oferta. Todo lo que siempre había querido.

Oh, Dios mío.

Ha elegido Vegas.

Ayer, junto a la jaula, me dijo que escribiera la verdad, y luego se fue a casa y… ¿qué? ¿Llamó a su agente? ¿Dijo que sí? ¿Hizo la maleta mientras yo reescribía la versión de su informe que ni siquiera he tenido la oportunidad de presentar todavía?

—Un momento. —La voz profunda de Declan retumba a mi lado—. ¿Qué acuerdo ? ¿Desde cuándo los equipos se ponen de acuerdo en algo sin la gente del jugador en la sala?

—Su gente estaba en la sala —dice Colin—. Para eso está la gente, de hecho.

—Su puta gente soy yo —replica Declan.

Mason levanta una mano. —Yo también soy gente.

—Así que no nos vengas con esas gilipolleces. —Declan planta ambas manos sobre la mesa—. Recuerdas mi contrato. Me queríais en Beachside, acordasteis que cuidaríais de mis hermanos.

Colin suspira. —Recuerdo cada cláusula de tu contrato, Declan. Por desgracia, ninguna de ellas te nombra tutor legal de Beck.

Mason emite un sonido ahogado a su lado.

A Declan no le hace gracia. —Sabes lo que significaba ese acuerdo.

—Sí. Significaba que cuidaríamos de Beck. No significaba que le pediríamos permiso a su hermano mayor antes de hablar con su agente.

—¡Soy su familia !

—Por desgracia, la familia no es una parte contractual, Declan.

—Vive AQUÍ. —La cara de Declan se está poniendo cada vez más roja. Esto va bien. Realmente bien—. Estáis cerrando un trato sobre mi hermano en mitad de la noche y celebrando la reunión en su propia cocina y él ni siquiera está…

—Dec. —La voz de Mason se ha vuelto queda. Se estira y pone una mano sobre la de Declan—. Deja hablar al hombre.

Biscuit, al percibir la emoción, apoya la cabeza en la rodilla de Mason. Declan resopla y se recuesta en su asiento.

—Gracias, Mason. —Colin se aclara la garganta y continúa como un hombre abriéndose paso en el oleaje—.

Lo que nos lleva a las formalidades. Darcy, la evaluación final era el propósito de la reunión de hoy.

Ahora, como las circunstancias han cambiado, la haremos constar en acta para futuras referencias, y luego podremos discutir el calendario de transición…

—Menudo puto calendario de transición —escupe Declan, negando con la cabeza.

—Así que, Darcy. ¿Tu recomendación?

Toda la cocina me mira.

El entrenador Pearson. Pete por encima de sus gafas. Declan, respirando como un toro. Mason, cauteloso y observando con esperanza. Diego también está congelado a media pasada en la encimera, con el paño suspendido como si de repente se hubiera convertido en la estatua mejor vestida del mundo.

Respiro hondo para serenarme. Porque en algún lugar de esta ciudad, el hombre que amo aparentemente ya ha tomado su decisión.

No ha sido Beachside.

Y no he sido… yo.

No. Ahora no. Haz el trabajo. Él te dijo que hicieras el trabajo.

Abro mi portátil. El informe ya está abierto.

—Vale. Antes de presentar esto, necesito decir algo para que conste en acta.

Colin agita una mano. —Darcy, el acta puede esperar, tenemos reuniones y el pronóstico es…

—Voy a cambiar mi recomendación.

La cocina se queda en silencio. Incluso Biscuit deja de golpear con la cola.

El entrenador Pearson se inclina hacia delante. —¿Cambiarla a qué, exactamente?

—Después de una cuidadosa consideración, no creo que los Bears deban traspasar a Beck Morrison. Bajo ningún concepto. A ningún precio.

Las cejas de Pete se asoman por encima de sus gafas. —¿N-no lo crees?

—Darcy. —La voz de Colin adopta un tono cauteloso que no le pega. Es casi como si le importara —. Tú escribiste el informe original. Tú creaste el modelo en el que se basa toda nuestra estrategia de reclutamiento. Te plantaste en el despacho del entrenador y nos dijiste que los números…