42 Ponme a prueba
Foxx miraba fijamente al techo, aunque apenas podía verlo a través del vapor.
Habían pasado horas, pero la densidad no había disminuido en absoluto.
A su energía, la vital, en cambio… le ocurría lo contrario.
Estaba agotado. Lo que le había arrebatado al sacerdote ya lo había entregado en un intento por salvar las vidas de quienes lo rodeaban.
Era su culpa que la situación se hubiera vuelto más grave.
Su presencia allí, y el haber matado al sacerdote que cruzó a la plataforma, había empeorado las cosas.
Debería haber dejado que se lo llevaran…
Foxx estaba alcanzando su límite. Si entregaba mucho más de sí mismo, no estaba seguro de poder permanecer despierto o… con vida.
Apretó los ojos con fuerza, y una sola lágrima recorrió su rostro al sentir cómo una vida se extinguía. Tantos apenas se sostenían por un hilo. Foxx quería ayudar, pero ya no podía. Lo único que podía hacer era resistir él mismo y tratar de mantener con vida a la pequeña en sus brazos.
Aunque él no sobreviviera… al menos esa niña debía hacerlo. Era tan joven, no había tenido la oportunidad de experimentar nada. El resto de su energía le pertenecía a ella desde el momento en que comprendió que era la última niña con vida en aquella plataforma.
Con suavidad, pasó los dedos por el cabello de Melody.
—Duele… quiero ir a casa —dijo ella con un sollozo tenue.
—Lo sé, pequeña. Yo también —se humedeció los labios—. Pronto podrás volver a casa. Tenemos que creer en eso. Mi compañero, Harlow, viene en camino. Está viniendo —Foxx tragó saliva—. Nos salvará.
—Mi mamá… Mi mamá no regresó.
Otra lágrima descendió por el rostro de Foxx.
—Lo siento.
Ella lloró.
—Papá se fue primero… ¿Tú también me vas a dejar?
—No lo haré. Te lo prometo, no te dejaré —mintió.
Sin fuerzas ya para moverla, su mano quedó reposando sobre la cabeza de la niña. Mentalmente, Foxx se adentró en sí mismo. Tomando uno de los hilos externos que solían usarse para almacenar y transferir energía, lo partió en dos y unió el extremo al hilo central de la pequeña.
Tragando con dificultad, su visión titiló mientras lo poco que le quedaba de energía comenzaba a consumirse para alejar a Melody del borde de la muerte.
Harlow… por favor, date prisa… pensó, mientras su conciencia se desvanecía.
Con un gran grupo de cazadores y hombres lobo detrás de él, Harlow irrumpió a través de las puertas de la aparentemente pequeña y normal iglesia.
Y en efecto, parecía lo bastante normal.
Pero, según el sacerdote que había logrado sobrevivir a la tortura —por ahora—, en realidad estaba conectada a una tumba subterránea oculta.
Al igual que antes, los sacerdotes corrieron al frente, exigiendo que se marcharan.
A pesar de los planos que indicaban que la iglesia debía ser solo un edificio con un área de culto, una oficina y dos baños, salieron más sacerdotes desde la parte trasera de los que había incluso en el gran monasterio de múltiples edificaciones.
Al final, aquello confirmaba que había algo más que una simple iglesia.
Un hombre de cabello negro entrecano, ojos café oscuro y piel pálida se plantó firme frente a todos, con una expresión altiva y arrogante.
—Soy el padre Samuel. ¿Qué significa todo esto?
Con los brazos cruzados, Harlow lo fulminó con la mirada.
—No tengo tiempo para tus estupideces. Sabes por qué estamos aquí. Muéstranos dónde tienen a los vampiros. Y ten en cuenta que, si te niegas, no dudaremos en usar medidas extremas para obligarte a cooperar.
—Huelo los cuerpos de algunos de los que murieron en el claro —gruñó Zane, el lobo pelirrojo. El líder de su manada estaba a su lado.
—Más importante aún… el padre Samuel tiene el hedor de la sangre de Foxx encima —dijo Santiago en voz alta.
Harlow gruñó, dando un paso hacia el sacerdote.
El padre Samuel se tensó, antes de estallar:
—¡¿Te atreves a permitir que bestias entren en este lugar sagrado?! Voy a llamar a la policía.
Harlow esbozó una mueca de desprecio.
—Hazlo, a ver qué hacen. Mientras tanto, yo voy a echar un vistazo.
—¡No tienes permiso para hacerlo! ¡Bloquéenles el paso! —ordenó el hombre.
Los sacerdotes actuaron de inmediato. Firmes, formaron una barricada con sus cuerpos, impidiéndoles avanzar más al interior de la iglesia.
Harlow sacó un paquete de papeles y se los arrojó al hombre.
—Órdenes judiciales. Ahora, muévete.
No le dio tiempo de leerlas ni de responder; simplemente empezó a abrirse paso. Al primer golpe que le lanzaron, lo esquivó. Sujetando el brazo del hombre, Harlow lo retorció hasta escuchar cómo se rompía, antes de empujarlo, gritando, contra los otros sacerdotes.
Lo que siguió… fue un caos. Sacerdotes empujando, golpeando y gritando. Harlow siguió avanzando, con la mente fija en lo que había dicho la bruja: que el tiempo se estaba agotando.
Hubo un destello de algo por el rabillo del ojo y, sin dudarlo, desenfundó su arma y disparó.
Los sacerdotes gritaron, apartándose de un salto mientras el cuerpo de uno de los suyos se desplomaba en el suelo, con un agujero de bala justo entre los ojos.
Harlow miró el cuerpo, el cuchillo en la mano del hombre, y no sintió nada al ver cómo la sangre comenzaba a formar un charco bajo su cabeza.
—¡Asesino! —gritó el padre Samuel, mientras el resto permanecía en shock pero inmóvil. La voluntad de luchar parecía haberlos abandonado por completo.
—A mí me parece defensa propia —oyó decir a Iggy desde algún punto entre la multitud.
Otro cazador que no conocía soltó una carcajada.
—Sacó un cuchillo. Es defensa propia al cien por ciento.
—¡Todos ustedes están locos! —gritó un sacerdote cualquiera.
La mirada de Harlow se desvió hacia él, y se movió antes de que el tipo supiera qué estaba pasando, jalándolo hacia él por el cuello de la camisa.
—¡Me llevarás con los vampiros, ahora!
Los ojos del hombre se abrieron de par en par, pero dudó.
—¡No harás nada! —bramó el padre Samuel.
Harlow giró su arma hacia el otro sacerdote y le disparó en la pierna, con una sonrisa en el rostro. El hombre gritó, cayendo al suelo y sujetándose la herida.
—Di una palabra más y mi siguiente disparo será en tu cabeza. Aunque, tal vez debería hacerte sufrir primero. Lastimaste a mi compañero, ¿no es así?
El hombre lo miró, horrorizado y confundido.
—No… no puedes hacer esto.
Harlow echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada.
—Ponme a prueba —amenazó antes de lanzarle una sonrisa de tiburón al hombre que sujetaba. Presionó el arma contra su sien, soltando lentamente su cuello—. Llévame… con… los… vampiros.