24 Un molesto despertar
Harlow se despertó de golpe al escuchar un ruido. Su mano alcanzó automáticamente la pistola y quitó el seguro mientras apuntaba hacia la puerta.
—Eh, tranquilo, imbécil, solo soy yo —dijo el hombre, levantando las manos para mostrar que estaban vacías.
Parpadeó, mirando a los dos que estaban en el umbral.
El hombre tenía su misma estatura, pero era más delgado.
La mujer era alta, de cabello largo y negro, piel pálida y ojos de un azul claro muy llamativo.
Vestía pantalón de cuero, botas de motociclista, un suéter rojo y una chaqueta larga de cuero.
En la mano llevaba un bolso grande tipo de viaje.
Casi estaba seguro de que no era humana.
El hombre, en cambio… sabía con certeza que lo era.
El tipo vestía como un punk rockero: pantalón cargo a cuadros rojos con muchas cadenas, camiseta de alguna banda y chaqueta de cuero con tachuelas.
Mientras Harlow observaba su cabello azul desordenado, piel pálida, perforaciones en el rostro y la absurda cantidad de anillos en los dedos, deseó por un momento que estuviera imaginándolo.
Parpadeó varias veces y suspiró al ver que el hombre seguía allí. Colocó el seguro de nuevo y guardó la pistola bajo la almohada.
—De entre todas las personas que podían enviar, ¿tenían que mandarte a ti? —dijo en voz baja con un resoplido. No estaba seguro de por qué bajaba la voz; no era como si Foxx fuera fácil de despertar.
Una sonrisa arrogante se dibujó en el rostro de Ignatius —alias Iggy— Leighton.
—Oh, vamos, admítelo, me extrañaste, ¿no?
—Tanto como extraño cualquier hemorroide —respondió Harlow con desgana.
La sonrisa de Iggy se ensanchó.
—Entonceees, ¿qué está pasando aquí, Harlow? Pareces bastante cercano a tu compañero.
De repente, la mujer empujó a Iggy.
—Hola, soy la cazadora Oceana Haeward —dijo con un suspiro—. Lamentablemente, estoy de compañera con este idiota.
Harlow sonrió de lado.
—Mis condolencias.
—¡Ey, justo iba a hacer yo las presentaciones! —espetó Iggy, molesto.
—Demasiado lento —siseó ella.
—Iggy, baja la voz —gruñó Harlow—. Si despiertas a Foxx, te disparo. Hablando de disparos, creo que te debo una bala por aquella vez que fallaste y me diste en la pierna.
La mujer le lanzó una mirada a su compañero.
—Ya, ya. Fue un accidente —dijo Iggy suavemente, levantando las manos para calmarlo—. Cambiando de tema, ¿te puedes creer esto de los compañeros?
Harlow bufó. Ese tipo tenía demasiados «accidentes». Era una amenaza con cualquier arma a distancia. Aunque eran esas malditas cadenas que le encantaba usar las que le habían causado problemas más de una vez.
—Parece que te llevas bastante bien con tu compañero —dijo, subiendo y bajando las cejas.
—Siéntense de una vez. Y pongámonos a trabajar. Supongo que sí vinieron a trabajar y no solo a mirar, ¿verdad?
—Qué sensible.
Oceana puso los ojos en blanco y se dirigió a la silla más cercana. Iggy escogió la que estaba junto a ella.
—¿Ha habido algún avance desde lo que pasó? —preguntó ella.
—¿En relación a lo de que nos hicieran volar? No. Y no estoy seguro de que lo haya, a menos que ocurra algo más. La vampira no parece estar registrada en la base de datos.
—Bueno, seamos realistas, muchos no lo están. Y la mayoría ni piensan registrarse —dijo Iggy con un suspiro.
—De cualquier modo, hay asuntos más urgentes que la perra que intentó volarnos a mi compañero y a mí —dijo Harlow, antes de explicar rápidamente lo del sacerdote.
Iggy silbó.
—Joder, ¿de verdad dejan que un sacerdote deambule por estas habitaciones?
—Es muy amable de su parte asegurarse de que, incluso si los de mi especie sobreviven con su ayuda, no sea por mucho tiempo —siseó Oceana.
—¿El sacerdote está en la comisaría local? —preguntó Iggy.
—Así es. Pensé que ustedes dos podrían ir a interrogarlo y sacar algo en claro. Este hospital ha sido extraño desde que llegamos… pero tengo la sensación de que hay algo más con lo de ese sacerdote.
Ambos se pusieron de pie, pero Oceana habló:
—Iremos a la comisaría a ver qué conseguimos de él.
Harlow gruñó en respuesta, luego se movió un poco y sacó de su bolsillo el cuaderno pequeño que había tomado del sacerdote. Se lo lanzó a Oceana, que lo atrapó.
—Escribía en esto. Detalles privados de Foxx y otros pacientes. Pregúntenle por los nombres tachados.
Asintieron y Harlow los despidió con la mano. Cuando se fueron, tomó su teléfono de la bandeja con ruedas que había sostenido la cena de la noche anterior y revisó la hora. Eran casi las siete de la mañana.
Por lo visto, no les importaba el horario de comidas de sus pacientes…
así que probablemente servirían el desayuno pronto.
Harlow decidió que debería despertar a Foxx.
Sin mencionar que también necesitaba llamar a Tony para explicarle qué mierda estaba pasando.
O tal vez a Charity… Ella era su supervisora y se suponía que debía «manejar» estas mierdas.
Seguramente ya le gritaría por llamar a Tony en lugar de a ella cuando todo se salió de control.
Daba igual, llamar a Tony cuando las cosas se complicaban era un hábito que nunca había roto. Además, ¿para qué hablar con una intermediaria si podía hablar directamente con quien estaba a cargo?
Iggy chasqueó la lengua mientras caminaba junto a Oceana hacia la entrada de la comisaría.
—¿Lo conocías?
Ella frunció el ceño.
—¿A quién?
—¿Al vampiro?
Oceana resopló.
—No todos nos conocemos.
—Como siempre, cortante—rio él—. Mmm, Foxx. Es bastante lindo.
—Y obviamente se acuesta con su compañero humano.
—Mmm, sí, pero eso no significa que no esté disponible.
Ella suspiró.
—¿Cómo iba a parecer disponible acostado en la cama, abrazado a otro hombre?
—Bueno, Harlow no es de estar en relaciones. El hombre es un psicópata. Seguro solo son amigos con derecho a roce, lo que significa que está libre.
—Claro, inténtalo. Quizá tenga suerte y te disparen —dijo Oceana con una dulce sonrisa mientras empujaba la puerta y entraba en la comisaría.
Iggy rio y la siguió. Dudaba seriamente que a Harlow le importara quién se acostara con Foxx. El hombre no se apegaba a personas ni a cosas.
Juntos se acercaron al mostrador. La mujer detrás de él levantó la vista al verlos.
Iggy sacó su placa y la mostró.
—Estamos aquí para interrogar al padre Donovan Malton. Si pudiera conseguir que alguien lo traiga de su celda y nos prepare una sala de interrogación, se lo agradeceríamos.
La mujer frunció el ceño.
—Me temo que ya no se encuentra aquí.
—¡¿Qué?! —exclamó Iggy.