Capítulo 26
Todos entramos en el despacho y, al cerrar Patrick la puerta, el aire pareció cambiar.
Se hizo más denso, más hostil, irrespirable incluso.
Ellen tomó asiento en el sofá. Patrick se apoyó en el escritorio. Caelan se sentó en una de las sillas y yo me quedé apoyada en la pared, al lado de la puerta.
—Bien, empieza a explicarte ya, porque me estoy poniendo muy nervioso. Yo no tengo constancia de haber dejado embarazada a nadie, así que aquí tiene que haber un error. Lo mismo es tuya y me la quieren colar a mí porque soy más joven.
Tenía cojones la cosa, vamos. Cómo se podía ser tan cafre y tan cabrón.
Mira tú que querer escurrir el bulto y encasquetarle a su padre su propia hija. Había que ser mala gente para pensar eso siquiera.
Patrick se echó a reír.
Lo miré con una ceja alzada.
—O lo mismo es de Oisín, no te jode.
—Cosas más raras se han visto —dijo Ellen, dejándonos helados.
Esa mujer o no estaba bien de la cabeza o se le había ido la mano con el alcohol, las drogas o la medicación que tomaba. Porque para soltar tal barbaridad por la boca tenía que ser una de esas opciones. No había más posibilidades.
—¿Pero tú te oyes cuando hablas? Oisín tiene diez años, Ellen. Es imposible que sea suya. June tiene tres años. ¿Se te va la olla o qué?
—Pues de tu hijo tampoco puede ser. Sería un niño cuando esa niña fue concebida.
Vale, hasta ahí duró mi contención y mi paciencia al oír tantas chorradas.
—Pues el niño no era tan niño cuando, con diecisiete años, dejó embarazada a su madre.
—Eso dices tú. Que venga ella y dé la cara. Que nos diga a mí y a mi hijo que la dejó preñada.
Sonreí con amargura.
—Eso no va a poder ser.
Soltó una carcajada.
—Encima de mentirosa, también es cobarde. No tiene cojones ella misma para venir a soltar mentiras y te manda a ti, ¿o qué?
Patrick fue a hablar, pero con la mirada le dije que me dejara a mí.
Mira tú que yo nunca me alteraba, que no era amiga de los conflictos. Que era una persona que evitaba las discusiones.
Pero esa señora me estaba poniendo de tan mala hostia que, por primera vez en la vida, iba a sacar las uñas y arañarla si hacía falta.
—Ahora me vais a escuchar —dije con un tono severo.
—Habla ya —me pidió Caelan.
—Tú no tuviste constancia de que ibas a ser padre porque fuiste un mierda y no le cogiste a Victoria el teléfono ninguna de las veces que te llamó, ni le contestaste a los mensajes que te envió. La bloqueaste, ¿recuerdas?
Vi cómo pensó. Cómo su cabeza iba a mil por hora. Vi cómo cerraba los ojos buscando en sus recuerdos.
Como también vi el momento justo en el que todo llegó a su mente.
—Vicky…
—Eso es. Vicky. Ya la recuerdas, ¿no?
—Vicky no era esa chica española con la que estuviste en España cuando fuiste de vacaciones al graduarte. Esa que te aconsejé que bloquearas porque se puso muy pesada llamándote.
Caelan suspiró.
Pero no solo suspiró. También hizo algo que me sorprendió. Y a su padre, por cómo lo miraba, también.
Apretó los puños.
Miró a su madre con reproche.
Pero, si eso nos sorprendió, todavía lo hizo más el dolor que se instaló en sus ojos al saber que Victoria se había quedado embarazada y que él había pasado de ella no por iniciativa propia, sino por exigencias de su madre.
—¿Tú le dijiste que la bloqueara? —le preguntó Patrick a Ellen.
—Claro. Era una españolita que no tenía dónde caerse muerta. Esa solo quería enganchar a nuestro hijo.
Negué con la cabeza.
—Pues esa españolita ha trabajado como una mula para sacar a su hija adelante sin la ayuda de nadie. Esa españolita no quería engancharlo. Esa españolita lo amaba.
Ellen resopló.
—Eso dice ella. Ese es el cuento que te habrá contado para dar pena.
—¡No son cuentos! Yo la he visto llorar por él. La he visto muerta en vida porque el chico que dijo amarla la dejó sola en el peor momento de su vida.
—Eso son tonterías. Con diecisiete años no se sabe si se ama.
—Te aseguro que con diecisiete años sí se sabe si se ama a una persona —dije con pesar.
—Yo también la quería —susurró Caelan.
—Que la ibas a querer. La deseabas, nada más. Te la follaste, que era lo que te tocaba hacer con esa edad, y ya está. Pero quererla no pudiste quererla. No digas tonterías.
—¡Te digo que sí que la quería!
Ellen puso los ojos en blanco e hizo un gesto con la mano, como dando un manotazo al aire, dando a entender que su hijo no decía más que tonterías y que era mejor pasar de él.
Caelan me miró.
—¿Dónde está? ¿Por qué no ha venido ella a traer a la niña?
Patrick y yo cruzamos una mirada y supimos que la verdad iba a hacerle daño, pero era inevitable que se llevara ese palo.
—Lo siento.
Mi «lo siento» fue suficiente para que comprendiera que Victoria estaba muerta y que por eso no estaba ella allí.
—¿Qué pasó? ¿Cómo…?
No pudo terminar la pregunta. Sus ojos se aguaron.
Al verlo así entendí muchas cosas. Y creo que su padre, por cómo lo miró, también.
Caelan no era un mal chico. Solo era un crío influenciado por su madre. Por su madre, que lo había manipulado para hacer con él lo que le había dado la gana.
Pero tenía buen fondo.
Quizá, y solo quizá, esta nueva situación que se le presentaba era justo lo que necesitaba para salir de la influencia de su madre y madurar lo que no le había dejado hacer. Para empezar a vivir una vida acorde a la edad que tenía.
Cogí una silla y la acerqué hasta ponerla a su lado.
Me senté, le agarré la mano y se la apreté fuerte, dándole los ánimos y el consuelo que necesitaba en esos momentos. Y también la fuerza para poder escuchar la historia de la chica que quiso y de su hija.
—Cuéntame todo, por favor.
Y lo hice.
Durante casi una hora le conté todo.
Todo lo que sabía de Victoria y de June.
Tuve que parar de hablar varias veces para contestar algunas de sus preguntas o para esperar a que se calmara cuando en varias ocasiones se echó a llorar, sobre todo cuando llegué a la parte de cómo había muerto Victoria.
Al terminar se hizo el silencio durante varios minutos.
Patrick me miró y me dio las gracias con la mirada por haber tenido la paciencia y el tacto adecuados para contarle a su hijo las cosas de la manera menos dolorosa posible.
Caelan se quedó esos minutos perdido, mirando por la ventana.
Seguramente procesando todo.
Y Ellen…
Lo suyo era de traca, de verdad que sí. Esa mujer tenía el puto corazón hecho hielo o piedra. Porque se miraba la perfecta manicura con una expresión de indiferencia y aburrimiento increíbles.
Era como si lo que había contado no le afectara lo más mínimo.
—¿Esas maletas que has traído a mi casa para qué son? —preguntó Patrick rompiendo el silencio.
—Para quedarme unos días.
—¿Perdona?
—Para quedarme unos días. En mi casa he tenido un problema con las tuberías y allí no me puedo quedar.
Patrick se echó a reír.
—¿Y en qué momento te ha parecido buena idea venir aquí? Y sin consultarme siquiera, que es lo peor.
—¿Y dónde quieres que vaya?
—¿A un hotel, por ejemplo? A casa de alguna de tus mil amigas o de tus mil amiguitos.
—No fastidies, Patrick. Cómo me voy a ir a un hotel o a casa de nadie. En cuatro días es Navidad. Quiero pasarla con mi hijo y esos sitios no son apropiados.
—¿Y mi casa sí lo es?
—Claro, somos familia.
—Caelan es mi familia. Tú no —le dijo con firmeza.
—Solo serán unos días, una semana como mucho. Además, con el panorama de la niña, ahora necesitará mi apoyo más que nunca. No quiero dejarlo solo.
Patrick dudó, pensó, volvió a dudar, volvió a pensar y, pasados unos minutos, habló alto, claro y de manera firme.
—Una semana. Ni un día más. Y, si se te ocurre montar un numerito de los tuyos, yo mismo te sacaré a rastras de esta casa.
Ellen asintió satisfecha y sonrió, sabiéndose ganadora al haberse salido con la suya.
Caelan, que había estado ajeno a la conversación entre sus padres, parpadeó varias veces y pareció volver al mundo real.
Caminó hacia la puerta sin decir ni una palabra y la abrió de un tirón.
—¿Dónde vas? —le preguntó su madre.
—A conocer a mi hija. Que ya es hora. Llego tres años tarde. Pero no pienso perderme ni un solo día más.
Patrick y yo nos miramos y sonreímos al darnos cuenta de que el Caelan que salía de ese despacho no era el mismo niño que había entrado una hora antes. De allí salía siendo un hombre. O, al menos, estaba en proceso de serlo.