Dos mundos: Lo que escondemos (Dos mundos 2) Capítulo 9 — Mateo #3
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Capítulo 9 — Mateo #3

—Las cosas cambian, Bruno. La gente también cambia, cuando encuentra algo que de verdad merece la pena.

—Me alegro muchísimo de haberme equivocado contigo, tío. En serio.

Aquella conversación final con Bruno, cargada de un cariño y de una complicidad que reflejaba años enteros de amistad incondicional, se convirtió en el último empujón de confianza que necesitaba antes de enfrentarme, al día siguiente, al evento social más importante y más exigente de toda mi relación con Valentina hasta la fecha.

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La penúltima cena mensual antes de la boda de Alejandro, celebrada esta vez en mi propio barrio, se convirtió en una especie de ensayo emocional colectivo para el gran evento que se avecinaba, con Bruno y Renata bromeando sobre los posibles escenarios que podrían encontrarse al día siguiente entre la flor y nata de Madrid.

—Como alguien te pregunte a qué te dedicas y le contestes con la boca llena de canapés, ya la hemos liado del todo —bromeó Bruno, mientras simulaba, con humor exagerado, distintos escenarios sociales incómodos que podrían presentarse durante la boda.

—No te preocupes, Mateo va a estar perfecto —intervino Renata, con una confianza genuina que agradecí profundamente—. Lleva dos años demostrando que sabe manejarse en cualquier situación, por incómoda que resulte al principio.

Aquella cena, cargada de humor y de apoyo mutuo en igual medida, me proporcionó exactamente el tipo de tranquilidad emocional que necesitaba en los días finales previos al evento, recordándome que, independientemente de cómo resultara la velada del día siguiente, ya contaba con una red sólida de personas que me apoyaban incondicionalmente, sin importar el resultado final de aquella exposición pública tan significativa ante el círculo social más exigente de la familia Cross.

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Aquella noche antes de la boda, mientras repasábamos juntos los últimos detalles logísticos, Valentina y yo dedicamos también un rato a soñar despiertos sobre "Puentes", nuestro proyecto imaginario, como una manera de calmar los nervios acumulados antes del gran evento social del día siguiente.

—Algún día, cuando "Puentes" sea real de verdad, quiero que nuestra primera oficina esté en Vallecas —le comenté, mientras terminábamos de repasar el itinerario de la boda—. Como homenaje a dónde empezó todo esto.

—Me parece perfecto. Y quiero que el primer proyecto grande que hagamos juntos, ya como estudio consolidado, sea otra rehabilitación de vivienda social, en honor a Sierra Gorda y a doña Pilar.

Aquellos sueños compartidos, cada vez más detallados y más vívidos en nuestra imaginación conjunta, se convirtieron en el mejor calmante posible para los nervios previos a la boda, recordándonos que, independientemente de cómo resultara la velada del día siguiente, ya teníamos construido entre los dos un futuro compartido lo suficientemente sólido como para sostener cualquier prueba que la vida decidiera ponernos por delante.

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Aquella reflexión compartida sobre la importancia de la comunidad y el apoyo mutuo, que Valentina había desarrollado en una de nuestras conversaciones recientes, cobró un significado especial la mañana misma de la boda, cuando descubrí que Bruno, sin que yo se lo hubiera pedido, había pasado por mi casa temprano para ayudarme a repasar cada detalle de mi aspecto antes de salir hacia la finca donde se celebraría el evento.

—No vas a ir a esa boda con una sola arruga en esa camisa prestada, tío —me dijo, planchándola él mismo con una dedicación que reflejaba bien el cariño incondicional de nuestra amistad—. Si vas a representarnos a todos los de Vallecas delante de esa gente, vas a ir perfecto.

Aquel gesto final de Bruno, sencillo pero profundamente significativo, resumía bien todo el apoyo comunitario que había sostenido nuestra relación a lo largo de aquellos dos años tan intensos, confirmando que, independientemente de las diferencias sociales que separaban nuestros mundos, la solidaridad genuina entre las personas que de verdad se preocupan las unas por las otras trascendía cualquier frontera de clase, de barrio, o de círculo social tradicionalmente establecido.

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Aquella noticia sobre el cambio de actitud de Marina Cross hacia el compromiso social directo, compartida por Valentina apenas unos días antes de la boda, se convirtió en un motivo adicional de esperanza y de tranquilidad de cara al gran evento que se avecinaba, confirmando que el terreno familiar sobre el que estábamos a punto de exponer públicamente nuestra relación era, cada vez con mayor claridad, mucho más fértil y receptivo de lo que habíamos imaginado apenas unos meses atrás.

—Con todo lo que hemos conseguido ya, esta boda va a ser solo la confirmación pública de algo que, en el fondo, ya hemos ganado en privado —le comenté a Valentina, la noche anterior al evento, con una tranquilidad que contrastaba con los nervios de meses atrás—.

Pase lo que pase mañana, ya hemos demostrado que merecemos estar juntos.

—Completamente de acuerdo, Mateo. Mañana solo vamos a hacer oficial, ante todos, lo que nosotros ya sabemos desde hace mucho tiempo.