Dos como nosotros Capítulo 62
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Capítulo 62

―E stá bien ―empiezo, una vez sentados en un banco de madera, bajo un grandísimo roble, mientras más gente pasea por el parque ajenos a lo que está sucediendo aquí―. ¿Qué es lo que está pasando? Y quiero toda la verdad.

―¿Por dónde empiezo? ―Liam se pone más tenso de lo que nunca le he visto.

―Desde el principio estaría bien.

Me mira, toma un poco de aire y comienza.

―Seguí teniendo contacto con Audrey una vez que llegamos a Los Ángeles.

La verdad, siempre me quedé con esa espina de no haber podido hacer más por ella cuando estábamos en el instituto y de algún modo la vida nos llevó a ambos a compartir residencia mientras luchábamos por nuestros sueños.

Aunque muy pronto descubrí que ella no necesitaba a nadie para defenderse...

De un modo u otro, ese dolor y esos años tan malos le dieron la fuerza para pelear por todo con uñas y dientes ―sonríe―.

No es raro que no la reconocieses, ha cambiado mucho, por dentro y por fuera.

―¿Tuvisteis algo? ―pregunto por curiosidad, por cómo habla de ella y queriendo conocer algo más de la muy ajetreada vida romántica de mi amigo―. Parece que la conoces mucho.

―Para nada, solo nos llevamos bien. Y, una vez que ambos alcanzamos nuestro sueño, cada uno fue por caminos separados, pero guardo un gran recuerdo de ella y tenemos contacto de vez en cuando.

―¿Y dónde quedo yo en todo esto?

―Pues curiosamente, un día, años después, saliste tú en la conversación. En una fiesta que daban los Lakers y ella asistió como invitada. Se mostró muy interesada por ti. Y la puse un poco al día.

―Qué vergüenza que supiese que era una auténtica fracasada...

―Todos pensamos que lo somos antes de alcanzar lo que queremos.

―¿Y por qué contactaría conmigo Audrey? Bueno, con Stella. Apenas tuvimos contacto en el instituto y, la verdad, me quedé mal también por cómo la trataron y no haber podido hacer algo más que defenderla alguna vez y echar esa carta al despacho del director.

―Eso tendrás que preguntárselo a ella. Lo único que te puedo decir es que me preguntó si tenía tu contacto, si conocía a alguien relacionado contigo y el resto es historia.

De repente, sentía más ganas que nunca de volver a Los Ángeles para hablar con ella.

―O sea, que conseguí trabajo por pena ―comento desganada.

―O por un potencial que ella sí supo ver. Venga, Mia, no presupongas. Desde que te fuiste de aquí, no he vuelto a ver a esa chica contestona, juguetona y soñadora, dispuesta a todo por su sueño. La echo de menos.

Se me revuelve el estómago. Porque yo también lo hago. Y no sé cómo volver a ella.

―Supongo que al ser adulto la vida te mete tal guantazo que cualquier niño interior muere al instante.

―Tú decides qué hacer con ese guantazo..., si quedarte tirada o volver a levantarte para que te pegue otro y seguir avanzando. Al final, la vida son momentos bonitos en medio de miles de guantazos.

Sonrío con tristeza.

―¿Y dónde queda Adam en todo esto? ―me agarro las manos, porque a pesar del frío comienzan a sudarme de los nervios.

―Se ve que tuviste que ser inolvidable en tu adolescencia para que también tu vecino quisiera encontrarte. Me pidió el favor de decirle dónde estabas. Y fue a buscarte, supongo que pasó así.

―¿Y por qué se lo dijiste? ―Me cuesta sostenerle la mirada.

Él me mira y sé que no es una conversación que le resulte fácil. Pone una mano sobre la mía, haciendo que suelte un poco mi agarre conmigo misma.

―Porque sé que le quieres. ―Lo miro atónita―. Siempre lo he sabido. Como todo el mundo.

Yo niego con la cabeza sutilmente. ¿Desde cuándo hemos sido tan obvios?

―Yo lo odiaba, Liam. Ninguno podíais entenderlo. Mi vida era tranquila hasta que volvió a aparecer él a ponerlo todo patas arriba.

―Tu vida siempre estuvo patas arriba por él, solo que tú no quisiste reconocerlo. Y no estabas siendo feliz. Todos estos años lo único que he presenciado es ver cómo te apagabas delante de mis ojos.

Las lágrimas amenazan con salir, pero las contengo.

―Sé que ese beso en la obra no fue fortuito, ni un accidente. Veía cada día cómo lo mirabas, Mia; en cada clase, en cada evento, en cada Navidad. Solo un ciego no podría verlo. ―Toma aire―. Y aquella noche, después del baile de graduación, yo... te seguí cuando echaste a correr.

Oh, Dios. No. Aquella noche... Adam y yo...

―Os estabais besando. Y ahí es cuando todo finalmente encajó.

No sé qué decir. Mi mente está bloqueada. Pero sé que es hora de tener esa incómoda conversación.

―Liam, os escuché. En la fiesta de Aurora ―confieso mientras él se muestra sorprendido y algo avergonzado―. Adam lleva atormentándome años con eso y quería hablar contigo porque está siendo demasiado pesado el tenerlo siempre sugiriendo que...

―¿Que te quiero?

Nos aguantamos la mirada unos segundos. Casi estoy conteniendo la respiración.

―¿Lo haces?

―Tendrás muchos talentos, pero tu intuición no es uno de ellos ―ríe para quitar hierro al asunto; aun así, asiente y un retortijón retuerce mi estómago―.

Pero no quiero estropear esto, Mia. Nunca lo he querido.

Y siempre me ha quedado claro a quién habías elegido y está bien.

Eres mi amiga, te quiero, y quiero que seas feliz.

Una lágrima resbala por mi mejilla.

―No sé qué decir ―contesto temblando.

―No hace falta que digas nada, de verdad. Todo está claro, créeme. No hubiese ayudado a Adam si no quisiera tu felicidad, Mia, tenlo por seguro.

―Siento no poder corresponder de esa manera, Liam. ―Le tomo fuerte de las manos―. Eres un hombre estupendo y te mereces lo mejor. De corazón te lo digo, te mereces a alguien que te quiera por encima de todo.

Él sonríe mientras con cariño me seca una lágrima con su dedo pulgar.

―Qué fácil hubiese sido quererte ―susurro con sinceridad.

―Parte del encanto de enamorarse es que nunca es fácil ―contesta bromeando―. Estoy seguro de que alguien pondrá mi mundo patas arriba de nuevo, no te preocupes. Pero espero que sea menos intenso que lo vuestro, no lo soportaría.

Me hace reír y así con la verdad por fin a cuestas, y mi corazón un poco más liviano, volvemos a casa donde terminamos la comida con nuestra familia.

Nadie pregunta demasiado, notan que he llorado e intuyo que no quieren que vuelva a ponerme mal.

Los siguientes días, aprovecho para pasarlos con mamá y la tía Ava.

Liam regresa a Los Ángeles para volver a la carga con sus partidos y Adam, con el que apenas hablo, también disfruta de estos días con sus padres y hacen alguna que otra escapada.

En verdad, ninguno de los dos ha vuelto a acercarse al otro.

Estamos trastocados, raros, asentando y digiriendo todo lo que acaba de pasar.

Necesitamos hablar, eso está claro, pero con nuestras familias de por medio, actuando como viejas alcahuetas, era misión imposible.

Pronto volveríamos a Los Ángeles. Y sería hora de seguir haciendo frente a todo lo que se nos había echado encima.

***

El día que nos marchamos, es un domingo por la tarde y prometo a mamá y a la tía Ava que, pase lo que pase, no me perderé nunca más unas Navidades a su lado.

Cuando me subo al coche con Adam y observamos a nuestras familias decirnos adiós en mitad de la calle, por primera vez en mi vida, siento que ya estoy echando de menos volver.

Adam pone música ligera de fondo, que nos acompaña y nos ayuda a cortar esa tensión tan enorme que viaja con nosotros dentro del vehículo. Tenemos algo más de una hora. Y no creo que sea suficiente.

―¿Estás algo mejor? ―pregunta mientras no deja de mirar la carretera y los coches pasan veloces por nuestro lado.

―Bueno, tanto como podría estar alguien que se ha acostado con su exvecino odiado, que ha descubierto que tiene trabajo por pena y que su mejor amigo de toda la vida se le ha confesado.

Él sonríe.

―Entonces, ni tan mal ―bromea como si la cosa no fuese con él y me estuviese sincerando de un problema externo.

―Adam, si te arrepientes de todo aquello, o de algo..., yo... necesitaría saberlo, porque no sé... No sé si soportaría más noticias impactantes en mi vida.

Él me mira de reojo y coloca su mano derecha sobre la mía con calidez. Su gesto me enternece y me hace de algún modo seguir dejando que mis sentimientos reprimidos por él sigan saliendo a la superficie.

―Después de todo lo que te ha contado Liam y lo que ha pasado entre nosotros, Mia, ¿en serio lo preguntas?

―Sí. Porque todo el que he tenido al lado lo he terminado espantando. Y me ha hecho creer que soy más que reemplazable. Una masa de sueños frustrados y depresión que no tiene nada que aportar.

―Y luego estoy yo. Que, si no peleo contigo, siento que no estoy del todo vivo.