Dos como nosotros Capítulo 61
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Capítulo 61

A la mañana siguiente, el panorama en el desayuno es muy distinto.

Sin ese aire festivo de la noche anterior y sola con mamá y la tía Ava en la mesa de la cocina, me siento totalmente indefensa.

No puedo expresar con palabras la vergüenza tan inmensa que siento al saber qué me han visto en el cuarto de Adam.

¡Después de haberme acostado con él! Ningún padre debería ver eso y ningún hijo sufrirlo y viceversa. ¡Es ley de vida!

Ambas hablan de banalidades, mientras me miran de reojo, atentas a todos mis movimientos. Las conozco de sobra. Quieren información, más, aún más y más fresca.

―Se me va a indigestar el desayuno como sigáis así ―comento incómoda.

―Nadie está mirando a nadie. ―Mamá se sirve un poco de huevo revuelto mientras disimula.

Espero algún comentario mordaz de la tía Ava, pero también se mantiene en silencio.

―Ni siquiera sé que es esto que me pasa, ¿vale? ―confieso por romper un poco el ambiente extraño―. Cuando esté preparada, os lo cuento.

―Claro, no hay problema, hija. Aunque ya todos los sabemos de sobra. Hemos pasado muchos años a vuestro lado, no hace falta que habléis.

Continúo con mi desayuno y después sigo estudiando en mi habitación hasta que llega el mediodía y la hora de comer.

Miro hacia el cuarto de Adam, pero no hay movimiento.

Me calma que en cierto modo mi familia me haya dado mi espacio y ninguna de ellas haya subido a intentar sonsacarme más cosas.

Supongo que están entretenidas abajo recopilando y recalentando todas las sobras de anoche para la comida de hoy con Claire y Liam.

Liam..., cielos, tenemos tanto de lo que hablar y ponernos al día que ni siquiera sé por dónde empezar.

Espero poder tener un ratito a solas con él hoy.

Como si me escuchara por una suerte de telepatía, el sonido del timbre me sobresalta, así que, como supongo que deben de ser ellos o los Sullivan, marcho escaleras abajo a su encuentro.

―¡Mia, abre la puerta! ―me pide mi madre mientras la veo pasar cargada de platos hacia la mesa del comedor.

Obedezco y la visión hace que me dé, en cierto modo, un bajón de tensión. Liam y Adam están uno al lado del otro, algo tensos y sonriéndome.

―Hola, chicos ―contesto con la garganta cerrada por los nervios―. Pasad.

Ver a Adam y ser consciente de que nos hemos besado, acostado y hecho de todo hace que me tiemble el cuerpo cuando lo veo. Él lo nota y planta una sonrisilla llena de picardía mientras saludo a Liam con un abrazo y pasamos juntos al comedor rozándome disimuladamente la mano.

―¿Dónde están los demás? ―pregunta mamá invitándolos a sentarse.

―Vienen ahora, aunque creo que vamos a tener que llamar a una grúa para traer el pastel de queso que han hecho, de lo grande que es ―contesta Adam mientras se sienta y coge un palillo de pan.

―¡Si les dije que no hicieran nada! ―se queja mamá.

―Cuando a un Sullivan se le mete algo en la cabeza... ―comenta misteriosamente la tía Ava mientras también se sienta con nosotros, a mi lado, y quedamos ambas enfrente de los dos hombres de mi vida―. Si quieren comer tarta de queso, al final se la acaban comiendo.

Sé que no está hablando de tartas.

―Que cada uno se coma lo que quiera ―contesto cortante mientras le tiendo un palito de queso para que se calle.

―Pero a veces no hay tarta de queso para todos...

―En este caso hay para un regimiento, no te preocupes, Ava ―la interrumpe Adam en mi lugar.

―¡Estás mucho más joven que la última vez que nos vimos! ―exclama Liam con cariño―. Nos tienes que contar el secreto para llegar a tu edad así de bien. ¿Dónde hay que firmar?

Ella ríe complacida por el halago.

―No callarse nada y rodearse de chicos guapos como vosotros.

Reímos ante su ocurrencia mientras acaba de llegar el resto.

Nos disponemos a comer alegremente igual que ayer, aunque el ambiente se siente un poco distinto y Adam y yo evitamos mirarnos más de lo debido.

Ya de por sí, nuestras familias no nos quitan ojo y Liam es demasiado listo como para no darse cuenta de que hay gato encerrado.

Pero no dice nada; nos cuenta sus hazañas en su gira deportiva, las competiciones y grandes anécdotas.

Todos lo escuchamos con calidez, contentos por todo lo que está viviendo.

Yo también hablo sobre mi casting y, así, una vez más nos ponemos al día mientras la televisión, encendida, nos hace compañía sin que le prestemos demasiada atención.

Hasta que una imagen me hace fijar la vista en la pantalla. No escucho nada, pero Aurora la ocupa entera huyendo de los paparazzi , con un cartel a los pies de la imagen que reza: «Aurora Bellerose demanda al famoso productor y director de casting David Hoover por acoso sexual».

La comida se me atraganta mientras busco el mando de la televisión y me acerco para escuchar. Adam también se da cuenta. Mi familia se extraña al verme tan rara. Pero solo puedo prestar atención al aparato.

... Aurora Bellerose demanda al famoso director David Hoover por acoso sexual y tenencia de imágenes explícitas grabadas sin el consentimiento de varias actrices de Los Ángeles, a las que, mediante engaños, atraía a proyectos ilícitos donde se cometían los abusos en contra de su voluntad durante años...

El corazón se me sale del pecho cuando comienzan a poner imágenes de Aurora en su juventud mientras cuentan su historia. Se me cae el mando al suelo.

... no hay que olvidar que los orígenes de esta gran estrella también fueron duros.

Su nombre de pila es Audrey Hernández, nació en México, pero tuvo que emigrar a los Estados Unidos cuando aún era adolescente.

Fue víctima de bullying durante muchos años.

Tampoco fue fácil hacerse un hueco en la industria, y ahora conocemos eso más que nunca: gracias a su denuncia, sabemos de la lucha que afrontó durante años para llegar a convertirse en Aurora Bellerose.

Mientras esperamos las declaraciones de Hoover, seguiremos informando.

Esto es ABC news . Volvemos con el tiempo.

―¿Esa no es con la que trabajas? ―pregunta mamá sin saber muy bien qué está pasando.

Lo único que puedo hacer es girarme hacia Adam y Liam.

―¿Lo sabíais? ―pregunto sintiéndome engañada e ingenua. ¿Cómo nunca la reconocí?

Ellos se mantienen en silencio durante unos instantes, después Adam es el que me enfrenta primero.

―No tenía ni idea, Mia.

Parece sincero, pero no sé qué pensar a estas alturas. No sé en qué andan los dos enredados, no sé por qué él me encontró en Los Ángeles, ni por qué de repente Aurora es nuestra compañera del instituto Audrey Hernández. Tiene que haber una conexión.

Y, si no la tiene, todo esto me está volando la cabeza.

―Yo... sí que lo sabía.

La confesión de Liam me pilla totalmente por sorpresa.

Y en sus ojos oscuros se pueden ver muchos secretos que aún no me ha contado y que cuando estuve escondida en ese armario ya se comenzaron a destapar.

Nuestros padres nos observan atónitos, sin entender absolutamente nada de lo que está pasando.

Y yo tan solo quiero salir de ahí y respirar aire fresco, así que echo a andar sin decir ni una palabra más mientras los dejo plantados a la mesa. Camino por la acera con una mezcla de sentimientos extraños, desde la sorpresa hasta la rabia y la estupefacción.

¿Qué está pasando? ¿En qué diantres me han metido?

―¡Mia!

Camino más rápido cuando escucho la voz de Liam a mi espalda.

―¡Mia! Por favor, quiero hablar contigo...

Le sigo ignorando y tuerzo la esquina para dirigirme al parquecito cercano donde solía jugar de pequeña con mis amigas, mamá y la tía. Con algo de suerte, le despisto. O eso pienso, hasta que siento sus pasos apresurados y su mano en mi brazo.

Me clava sus grandes ojos oscuros y familiares y sé que no me va a dejar ir.

―Se acabaron los secretos, Mia ―confiesa respirando agitado por la carrera para alcanzarme―. Por las dos partes.