Dos como nosotros Capítulo 54
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Capítulo 54

―N o te estoy intentando secuestrar, así que tranquila y sube o llegaremos tarde.

―¿Dónde está Vincent?

―Con Aurora y Raven. Como ya todo el mundo lo sabe, los ha llevado juntos directamente al estadio y nos han dado un poco de libertad ―comenta de nuevo mientras deja la puerta abierta y camina hacia el lado del conductor.

No estoy del todo convencida, pero las ganas de ver a mi Back Streets Boys son más fuertes y acabo cediendo.

Ir en coche con Adam tiene una cierta intimidad que nunca había experimentado.

El coche está lleno de su aroma tan particular y se me hace demasiado sexy la forma de mover el volante y cambiar las marchas.

Si alarga un poco más la mano... llegaría a mis piernas.

Respiro agitada y lo nota, pero prefiere respetar mi espacio.

Hacemos una parada y se baja a comprar algo.

Después, vuelve a su asiento y me lanza una bolsa con el logo de una farmacia.

La abro: son algunos analgésicos, vitaminas y un antifaz para los ojos en forma de mascarilla para bajar la hinchazón.

Su detalle y preocupación me conmueve.

―No hacía falta, Adam...

―No te encuentras bien, con esto estarás mejor.

―Me mira poniéndose en marcha de nuevo y me lanza una sonrisa torcida sin abrir la boca, de esas que de adolescente hacían que mi corazón latiese más deprisa.

De adulta también tienen el mismo efecto.

O peor―. No quieres ver a tus chicos soñados sintiéndote mal, ¿cierto?

―Gracias ―le susurro mientras me concentro en mirar al frente evitando derramar una lágrima.

Aparcamos lejos del estadio, en una zona de tierra habilitada para el gran concierto.

Miles de personas se concentran hoy aquí.

Y mi primera prueba de fuego es llegar hasta el estadio andando con el dolor de pies tan enorme que sufro.

Tengo grandes magulladuras y quemaduras, por eso he optado por ponerme unas deportivas; con eso e intentar poner cara de que no voy pisando cristales, que es lo que siento en realidad, intento colársela a Adam.

Él adapta sus pasos para que yo vaya más cómoda.

La gente comienza a entrar y nosotros nos dirigimos a la entrada indicada en nuestros boletos. Allí no hay nadie y casi pensamos que nos hemos equivocado, cuando un hombre enorme de raza negra sale a recibirnos.

―Los asistentes de William y Bree, imagino.

Siento que me habla en chino. Adam se queda igual de pasmado que yo.

―Sí, supongo que sí ―contesta él por los dos.

―Seguidme, tenéis un aperitivo especial con ellos antes de bajar a la zona VIP.

Obedecemos. Corren muchísimo y me es imposible, con los pies magullados, seguirles el ritmo a estos dos hombres de metro ochenta y largos y sus largas y sanas piernas.

Llego a la cabina especial casi jadeando.

Y apenas puedo tomar aire, cuando viene Aurora a abrazarme.

Raven nos saluda a ambos amablemente. Con cariño, nos invitan a tomar una copa y algunas viandas antes de que empiece el concierto y estamos juntos algunas horas.

Raven ―William― es muy amable y puedo entender por qué Aurora se enamoró de él.

No es para nada como la imagen de roquero duro que muestra, y Aurora no deja de comentarnos cómo ha cambiado su vida desde que su relación se hizo pública, mientras se miran con cariño relatando sus aventuras y anécdotas, intentando esconderse de los demás, ensalzando lo dura que es la vida del artista.

Y tan dura, en cierto modo. Aunque imagino que no para los que tienen suerte y poder. Miro a Aurora. Poder. Eso es. Eso es lo que necesito. A alguien influyente, con poder, con dinero. Si yo no puedo parar a David Hoover, ¿podrán hacerlo personas como ellos? ¿O me estaría extralimitando demasiado?

Salgo de mis cavilaciones para volver a unirme a la conversación, nerviosa y con el corazón latiendo más deprisa de la cuenta.

―... por poco no entramos; ese hombre de ahí fuera te llamó Bree ―comenta Adam―. Si no llego a escuchar el nombre real de Raven, pensaría que nos habíamos equivocado.

Aurora sonríe, algo incómoda.

―Bueno..., las estrellas siempre tenemos tantos motes y diminutivos que ya incluso yo me pierdo.

Ríe junto a Raven y decide cambiar la conversación, esta vez enfocándose en mí. Necesito hablar con ella, necesito contárselo.

―Adam me ha contado que siempre has sido una gran fan de los Backs Street Boys. Qué suerte que no se hayan separado y hayan vuelto de nuevo. Ah, me recuerdan tanto mi infancia y adolescencia...

Asiento, sin poder emitir una palabra, mientras bebo mi refresco.

―Era una tortura. Su tía Ava la amenazaba con tirar los discos por la ventana como no dejase de ponerlos y de pegar alaridos ―ríe Adam y hace reír a todos.

―¡Espero que hoy grites a pleno pulmón! Es bonito conocer algo nuevo de ti en una noche tan especial ―confiesa.

Vuelvo a asentir. Y todos se extrañan por mi escasa conversación.

―Mia se encuentra algo indispuesta. ―Vuelve a sacarme Adam las castañas del fuego―. Pero ya le estamos poniendo remedio.

Aurora se acerca preocupada. Y me toma de las manos. Entro en pánico porque la manga de mi chaqueta se desplaza hasta arriba levemente mostrando algo de piel magullada, que intento bajar como puedo.

―¿Qué ocurre? Sabes que puedes contarme lo que sea. ―Me mira comprensiva―. Si quieres marcharte...

―¡No! ―exclamo, no estaba en mis planes renunciar a mis chicos esta noche; bajo un poco la voz mientras los demás charlan―. Es solo que me gustaría hablar contigo, necesito ayuda con un problema. Es sobre el señor...

La puerta de abre de repente y la mole que nos recibió en la entrada vuelve a por nosotros.

―¡Vamos, chicos! ¡El concierto está a punto de comenzar!

Aurora me mira algo preocupada.

―Ven mañana a casa y hablamos. ―Su seguridad me llega en forma de alivio―. Ahora, intenta disfrutar de esta noche. Te lo mereces.

El tiarrón nos lleva a través de pasillos infinitos, que no recorre nadie, hasta que nos saca a la pista y nos coloca, exactamente, delante del escenario, en una zona exclusiva, tal y como prometía la entrada.

Los gritos de las más de sesenta mil personas son ensordecedores y el escenario me corta el aliento de lo enorme que es.

Aún no me puedo creer que vaya a verlos en directo. ¡Y tan cerca! Dios, les voy a ver hasta las espinillas si me acerco un poco más.

Adam me mira y sonríe. Una sonrisa de verdad, genuina, que provoca que todos mis problemas por unas horas se disipen. Y lo hacen aún más cuando todo se queda de repente a oscuras, las ovaciones crecen y comienzan a sonar los acordes de su ultrafamosísima canción Everybody.

En ese momento, vuelvo a ser la Mia de nueve años que cantaba a pleno pulmón frente al espejo y mirando sus pósteres.

El cuerpo se me va solo en cuanto dejo de estar en ese primer shock inicial que es verlos en carne y hueso delante de mí.

Hasta Nick Carter me guiña un ojo mientras entona las notas de la canción.

Canto, bailo y grito junto a las demás como si estos días pasados no hubiesen existido, como si no me doliesen los pies a rabiar.

Y, a pesar de que Adam siempre fue una persona más contenida, también se deja llevar un poco por el ambiente y me acompaña en algunos de mis bailes de forma más tímida.

Lo miro sorprendida por su comportamiento y los dos reímos de vernos el uno al otro de una manera tan diferente a como solemos estar acostumbrados.

Al cabo de lo que parece un suspiro de tiempo, aunque en realidad sé que ya han pasado horas, por mi agotamiento, el ritmo se ralentiza y los chicos vuelven a regalarnos palabras de amor a nosotros, su público, y nos dedican, de manera muy romántica, una versión acústica a piano de As long as you love me .

―Si has venido con tu pareja, tu familia, tus amigos, este es el momento de agarrarlos bien fuerte y demostrarles ¡que vuestro amor durará tanto como os améis! ―grita Kevin mientras se colocan alrededor del piano.

Adam y yo nos quedamos algo petrificados; la gente a nuestro alrededor está abrazada de dos en dos, de tres en tres, incluso en grupos de amigos, y yo desearía haber venido con uno de ellos, porque nos quedamos como pasmarotes sin saber qué hacer ni qué decir mientras comienzan los acordes de la canción.

―¡Venga, estos chicos de aquí delante! ―comenta Brian con una sonrisa―. Has traído a tu chica aquí esta noche, ¡agárrala fuerte, no te cortes!

Adam abre los ojos como platos y yo me muero de la vergüenza. Se han dirigido a nosotros, y mis Back Street Boys se creen que somos pareja. Solo tengo un sentimiento ahora mismo y es no defraudarlos. Me armo de valor para tomar a Adam de la mano y él se sorprende aún más.

―Venga, finjamos que todo esto es normal ―le insto mientras él desliza el brazo por mi cintura accediendo a ello.

Nuestras manos se quedan agarradas más tiempo del normal. Adam desliza su pulgar con gran sutileza sobre mis dedos y decido hacerme la tonta y no hacer nada, porque, en el fondo, sé que esto me gusta. Aunque, pasados unos segundos, le coloco la otra mano en la cintura también.

Ahora me sujeta con ambas manos y yo le paso los brazos por el cuello, como si fuésemos dos tortolitos disfrutando del concierto especial por el que han ahorrado todo el año.

Nosotros sabemos que la historia es muy distinta y, meciéndonos al ritmo de la preciosa canción, él se va a acercando más a mí.

Y yo más a él, como dos imanes que no pueden evitar pegarse el uno al otro.

Nuestras frentes casi se rozan mientras nos mantenemos la mirada muy fijamente.

Sus labios se entreabren y yo siento que estoy en un sueño.

Descubro que quiero que me bese, quiero que lo haga tanto que me duele el pecho y me cosquillea la piel.

Sus ojos ven a través de mí y yo me pierdo en ese tono azul tan particular que siempre adoré en él.

Mi exvecino parece salir del trance antes que yo y deja caer la cabeza a un lado, pegada a la mía, hasta deslizase a mi cuello de alguna forma íntima que los dos estamos aun intentando entender.

Tiemblo cuando siento sus labios cerca de mi oreja y me rozan el lóbulo con delicadeza.

― I don’t care who you are...Where you’re from... What you did. As long as you love me ... ― susurra al oído .

―No me digas que te la sabes... ―río por el giro de los acontecimientos mientras siento temblar el corazón.

―Uno guarda bien sus secretos... ―Baja la cabeza de nuevo y de pronto se detiene.

De repente, se queda rígido y se aparta de mí, pero no deja de mirarme el cuello. Bajo los brazos y veo que el jersey también se me ha remangado un poco. Dios santo.

―Veo que tú también los guardas. ¿Qué diablos es eso, Mia? ¿Quién te lo ha hecho?

Me mira las muñecas horrorizado y me siento fatal. La emoción del concierto se disipa y vuelve a mí toda la preocupación mientras los chicos se despiden de nosotros y cae el telón.