Dos como nosotros Capítulo 51
76%

Capítulo 51

―¡S omos novios!

Anuncia alegremente Aurora abrazándose a Raven o, mejor dicho, William, delante de toda la multitud de invitados y prensa.

Llegamos justo en el momento clave y puedo ver cómo se siente aliviada de inmediato en cuanto lo suelta y se besan bajo una lluvia de flashes y aplausos.

Yo también me uno a los vítores, así como lo hace Adam a mi lado.

Aplaudimos, felices por ellos, pero con un regusto amargo. ¿Seríamos despedidos después de esto?

Sea como fuere, al menos estaba agradecida de haber podido disfrutar de estos lujos a pesar de la presencia de mi molesto exvecino.

Aunque poder tener una charla con él, que no haya sido peleando, se ha sentido bastante reconfortante.

Después de su anuncio, la fiesta estalla aún más, los cócteles ruedan sin parar, la comida igual y bastantes invitados ya bailan animados al ritmo de un famoso DJ, del que sinceramente no recuerdo el nombre.

Aurora, al igual que la otra noche en la terraza, se escapa de los brazos de su amado unos segundos para invitarme a bailar y ambas lo hacemos con una felicidad sincera. Está claro que esta gran estrella tiene un gran corazón.

De lejos, puedo ver, para mi sorpresa, que Liam y Adam charlan.

Pagaría dinero por saber qué están diciendo, así que me desconcentro demasiado del baile y miento a Aurora comentándole que voy al baño.

Camino entre las personas, con cuidado, para que ellos no noten que me dirijo a su posición y no me vean.

El por qué no lo sé. Pero siento una grandísima curiosidad.

Cuando estoy casi llegando a su altura, Liam cambia de posición y estoy a punto de ser descubierta.

¿Lo que mejor se me ocurre? Esconderme en un amplio armario con rendijas bastante cerca de ellos.

Una vez dentro me doy cuenta aún más de lo tonta que soy y tengo que reprimir el arrebato de golpearme la cabeza con la puerta.

¿Y ahora cómo salgo yo de aquí sin parecer un bicho raro?

―... estuvo muy bien, eres un gran jugador. Mira que no tenía mucha fe en ti. ―La voz de Adam me llega amortiguada por el resto de la gente que charla y baila, algo más alejados de este punto.

―Fui el mejor jugador en todos los años de instituto, Sullivan; no quieras picarme con eso, sé muy bien lo que valgo ―ríe mi amigo.

―Debe ser increíble finalmente cumplir un sueño y encontrar, en cierto modo, tu lugar.

―Sí, lo es. ―Por la rendija los observo casi aguantando la respiración. Puedo notar que están algo incómodos, aunque intentan disimular. Es lo que tiene haberme criado con ellos y conocerlos como la palma de mi mano―. Pero a ti tampoco te ha ido mal. ¿Cuál es el tuyo?

―Supongo que... ―Adam mira hacia el armario y por un momento temo que me haya descubierto, pero es imposible, apenas los veo yo a ellos desde dentro―. Estar en paz. Y ser feliz.

Liam ríe.

―¿Hay algo que te perturba, Sullivan?

―De hecho, sí.

Otro silencio, pero esta vez se sostienen la mirada. Liam suelta la copa vacía en la bandeja de un camarero cuando pasa por su lado. Y se acerca a Adam un poco más.

―Los dos sabemos de sobra que esa batalla la ganaste tú desde el primer momento ―comenta con misterio, pero Adam le entiende a la perfección; no puedo decir lo mismo de mí.

―Esto no es ninguna guerra. Ni ella un trofeo que ganar.

El corazón me da un vuelco. Esa ella... ¿Se referían a mí?

―Nunca ha tenido ojos para nadie más.

Pero ¿de qué está hablando?

―Me odia, Liam ―confiesa Adam con la expresión más vulnerable que le he visto nunca―. Y a ti te adora. Nunca os habéis separado y yo he estado lejos. Quería huir de mí.

―Por supuesto que he estado a su lado. Como un buen amigo haría.

Adam sonríe con mofa.

―Esa milonga no funciona conmigo. Hemos crecido juntos ―comenta como leyendo mis pensamientos―. Sé que la quieres. Siempre lo has hecho.

De verdad, que otra vez con esa tontería. Es que no me lo puedo creer. Estoy a punto de salir del armario e ir a poner orden en tan absurda conversación, cuando las palabras de Liam me dejan sin poder moverme.

―Lo sabes, Sullivan. La amo ―confiesa. Y tengo que hacer una fuerza sobrehumana para que no me fallen las piernas―. Y también sabes a quién ama ella... De sobra lo sabes.

Adam niega con la cabeza y fija su mirada azul en su copa.

―Te ayudé y me sacrifiqué porque quiero que sea feliz. No hagas que haya sido en vano.

Y, tras soltar eso como si nada, se larga saludando a varias personas en el otro pico de la sala. Adam se queda allí quieto y vuelve a fijar la mirada en el armario. Y yo, yo estoy simplemente descolocada.

Liam... ¿Adam siempre tuvo razón? Liam...

Estoy tan ensimismada en mis pensamientos que apenas soy consciente de cuando se abre la puerta del armario y quedo expuesta a Adam. Esto no es bueno.

Me rasco la cabeza con un gesto de disimulo y finjo una risa que suena muy pero que muy falsa.

―¡Qué tonta! Menuda vergüenza. ¡Pensaba que era la puerta del baño y no sabía cómo salir sin parecer una persona con una falla mental!

Me ve tan apurada que solo alza una ceja, divertido, y entorna la puerta para que nadie más pueda verme ahí dentro. Aunque verán a Adam fisgando en el armario empotrado de una superestrella, lo que no sé qué es peor.

―No tienes que disimular conmigo, te he visto desde que te metiste, de hecho ―confiesa mientras deja entrar su cuerpo un poco más y yo doy un paso hacia atrás, chocándome con ropa y diversos artilugios.

Adam y yo en un armario. El flashback es automático y si algo me ha enseñado la vida es que debo salir de aquí cuanto antes.

―Lo has escuchado con tus propios oídos ―susurra―. Ahora, que ya te das cuenta de que es verdad, tienes el camino libre para tomar tus elecciones.

―Adam..., yo...

―Nos vemos ahí fuera.

Después cierra la puerta y me deja sola de nuevo.

Aunque no tardo en salir, ya que la vergüenza y el nerviosismo me comen en la oscuridad.

Hago la misma actuación cuando varias personas me miran atónitas salir de ahí y espero que se crean lo del baño.

Porque ahora mismo no sé juntar dos neuronas. Adam vuelve a aparecer a mi lado.

―¿No has pensado en probar suerte en el teatro? ―sugiere muy en serio.

―¿Y tú has pensado en dejar de mentir alguna vez?

―Has comprobado que no he mentido hace unos segundos.

―Quiero saber qué te traes entre manos con Liam ―exijo―. ¿Por qué te habla como si le tuvieses que dar las gracias? ¿En qué andáis metidos los dos? ¿Y desde cuándo?

―Yo no soy Aurora Bellerose y tú no eres un periodista.

―Pensaba que después de la charla, podríamos hablar como adultos.

―No me parece muy adulto esconderse en un armario para escuchar conversaciones ajenas.

Nos sostenemos la mirada. Y odio mi cuerpo y mi cerebro, porque esto que me arde dentro, más que rabia, son ganas de acercarme a él.

Su boca se entreabre para decir algo más, pero Aurora y Raven, desde una de las esquinas del gran salón, nos llaman a ambos con unos micrófonos.

Apenas nos habíamos dado cuenta, pero, donde antes estaba el DJ, ahora hay una tarima y un equipo de música con una gran pantalla.

Nos suplican que participemos en el karaoke y no nos queda más remedio que ceder a sus deseos.

Adam se quiere morir, lo puedo ver en sus ojos; ser el centro de atención nunca fue agradable para el niño dejado en un contenedor.

Y el tener la atención de los demás siempre fue el deseo de la niña a la que su padre abandonó.

Temblorosos, comenzamos a cantar una canción que está rompiendo actualmente las pistas de baile y las emisoras del país.

Y, aunque Adam desafina que da gusto ―algo se le tenía que dar mal―, yo consigo seguir la letra de la canción, disfrutarla e incluso bailotear un poco al ritmo de la melodía, interactuando con él.

En el fondo, hasta me alegro con cierta travesura de que Adam esté deseando que se acabe este suplicio.

Liam nos mira desde el público animándonos.

Y vuelvo a sentir una punzada extraña cuando le miro.

Quizá no debería demorar el hablar con él.

De hecho, en cuanto la canción acaba y la multitud nos aplaude, me acerco hasta su posición a toda prisa.

―¿De dónde has sacado esa voz, Mía? ―me pregunta más que sorprendido y riendo―. De la tía Ava seguro que no.

A pesar de que nos conocemos desde hace muchos años, nunca me ha escuchado cantar más que cuatro frases en los teatros del instituto y los berridos descontrolados cuando cantaba al unísono con mis Back Streets Boys, cosa que ahora hacía, pero las nuevas víctimas eran Stella y Tony.

―Una guarda sus armas ―bromeo intentando no parecer diferente con él después de lo que escuché―. Liam..., ¿podemos hablar un momento?

Él me mira sorprendido por mi tono y sopesa unos segundos antes de asentir. Pero, justo cuando nos vamos a retirar, Aurora me agarra del brazo, superfeliz, mientras acerca a un hombre de mediana edad con una poblada barba hasta mi posición.

―Vamos, dile lo que me has dicho a mí hace un momento ―le insta mi jefa a un hombre muy elegante en sus cincuenta.

―Mia, tu voz me ha fascinado. Quiero que vengas a Pantages. Quiero hacerte una audición.