Capítulo 47
E l pensamiento de no haberle contado a nadie esto hace que se me retuerza el estómago mientras subo las más de treinta plantas que tiene este edificio en el centro de Los Ángeles para ir a ver al señor Hoover.
Lo pensé demasiado antes de armarme de valor.
Sí, es un maldito viejo verde, pero tiene una oferta.
Y quizá el precio a pagar, porque la gente como él siempre tiene uno, no sea demasiado alto. No perdía nada por escucharle.
Cuando salgo del ascensor en la planta treinta y ocho, las piernas siguen temblándome y el corazón sigue comentándome a gritos que no ha sido muy buena idea. Pero estoy desesperada y lo acallo. No podía irme sin al menos intentarlo.
―El señor Hoover la verá enseguida ―me informa su secretaria, una chica en sus veinte, rubia y monumental, de la que siento automáticamente lástima.
A saber qué le estará haciendo este depravado.
Pienso en por qué no se irá corriendo, pero...
¿No estoy yo haciendo lo mismo? Ir directa a la boca del lobo por desesperación.
La puerta del lujoso despacho que tengo al lado se abre después de unos segundos y ahí está mi peor pesadilla, bien sonriente y con las manos pegadas, complacido de verme.
Me hace pasar y me pide cerrar bien la puerta.
El sonido al encajar se siente como si estuvieran metiéndome en la celda de una prisión.
―Veo que la oferta que te hice te interesa, Mia. ―Se sienta al otro lado de su lujoso escritorio y me mira con superioridad mientras me invita a sentarme frente a él.
―No hasta que no me informe de ella. ―Intento mantenerme en mi lugar a pesar de que estoy temblando.
―Chica dura... ―sonríe y me lanza una carpeta.
―Es un proyecto pequeño, pero por algo se empieza. De una productora que está empezando.
Abro la carpeta y leo el título del guion, El callejón. ¿Es una especie de thriller ? El personaje se resume en una chica que tiene que hacer de todo para salir adelante en la vida, por eso... Espera un momento.
Lo miro furiosa, no dando crédito a lo que estoy leyendo.
―Disculpe, señor Hoover, pero ¿es el guion de una película de adultos? ―pregunto indignada señalando los papeles que tengo en mi regazo.
―¡Qué exagerada! ―ríe a carcajadas―. No, no es una porno; sé que no serías capaz de algo así.
Pero sí que tiene algunas escenas subidas de tono, y de desnudos.
Al fin y al cabo, es la dura historia de una chica que hace de todo por sobrevivir, incluso prostituirse.
Pero tranquila, nadie meterá nada dentro de ti que tú no quieras, claro.
Sus últimas palabras me hacen querer vomitar, porque sé de sobra que va con segundas. ¿Es que todo tiene que llevárselo al terreno sexual? Vuelvo a echar un ojo. Las escenas son impactantes, no dejan de ser escenas de sexo con extraños, incluso un abuso. No sé si podría.
―Mia, hablaré claro, otra vez. ―Su voz suena como si le estuviese repitiendo la lección a una niña tonta, que no acepta las cosas obvias―.
No eres nadie en Hollywood; si quieres abrirte paso en este mundillo, tendrás que hacer cosas de este estilo.
Casi nadie se atreve con los desnudos, tendrías una gran puerta abierta después de eso.
Te verían como una actriz atrevida, arriesgada y sin miedo a nada.
Enseñar carne no viene nada mal en esta industria.
Hazme caso. No será la primera vez que te exijan esto. Está a la orden del día.
―Y si acepto ¿qué quiere a cambio?
Él sonríe de manera misteriosa. Me da escalofríos.
―Nada. Ayudarte. ―Su susurro me inquieta más aún―. Eres preciosa, estás luchando duro y me gustas, la verdad; creo que se nota. Verte protagonizar esas escenas... será... más que suficiente.
Se levanta, camina hasta mi posición y pone sus manos sobre mis hombros.
Quiero apartárselas de un golpe, pero algo me impide hacerlo.
¿Todo lo que tengo que hacer es salir desnuda?
No me siento cómoda, pero, si esto me va a abrir puertas, tampoco nadie va a ver en mí nada que no tengan ellos. Al final, no deja de ser un cuerpo más.
¿Qué actor no hace alguna escena de sexo en su vida? Absolutamente todos. Y ahí están, triunfando.
―¿Qué me dices? ―pregunta él acercándose a mi oreja. Siento su aliento en mi mejilla y me dan calambres en el estómago. Mia, por tu futuro, céntrate.
―Está bien, lo intentaré.
Él aplaude y enseguida comienza a preparar los papeles para firmar nuestro contrato.
Tiemblo cuando mi rúbrica tiñe de negro el papel.
***
―Tienes la agenda más apretada que la reina de Inglaterra.
Stella se apoya en el marco de la puerta mientras intento con unas tenacillas hacerme unos bucles torpes en la zona baja de mi cabellera castaña.
―Te juro que, si tengo que pasar más noches sola escuchando gemidos de chicas a las que nuestro querido Tony les hace ver las estrellas, me voy a volver loca. ―Apoya la cabeza en el marco golpeándosela suavemente―. Solo me hacen sentir aún más lo sola que estoy.
―Podrías tener al chico que quisieras, pero eres muy selectiva ―río―. Cosa que es algo muy bueno, por cierto.
―Le habló la sartén al cazo ―comenta indignada, pero a la vez divertida―. ¿Cuánto hace que no sales con uno?
―Cierto tiempo. ―Tomo otro mechón de pelo.
―Ciertos años diría yo. No he vuelto a verte con nadie después de ese tío repartidor de pollo del que te encaprichaste.
―Bueno, si el asistente de Raven cuenta... ―Me quemo ligeramente con las tenacillas―. Estoy yendo a más citas que en mi vida entera con mis otros ligues.
―Pero ese no cuenta. Además, nunca me has hablado de él. ¿Cómo es?
―Eso no importa ahora, llego tarde. Vincent y Aurora tienen que estar al caer.
―¿Puedo bajar a saludarla? ―pregunta entusiasmada mientras yo soy feliz por haber cambiado de tema―. ¡Solo un momento!
Voy hasta mi cuarto en busca del bolso y tras echarme perfume camino hacia la puerta de entrada.
―Stella, esto es secreto, ¿recuerdas? Aurora no sabe nada de que te lo he contado; mejor seguir así, no quiero perder este trabajo. Estoy ahorrando más que en toda mi vida.
Ella pone cara de fastidio mientras me dice adiós con la mano y se sienta en el sofá agarrando el mando de la tele con desgana. Pero recuerdo que ella también es fan de Los Angeles Lakers, y Liam no dejaría de hacerme un favor si se lo pido.
―Te lo compensaré, te lo prometo.
Ella sonríe, pero sigue fingiendo estar indignada.
―Lárgate ya a tu lujosa fiesta.
Y vaya si es lujosa. Muchísimo más de lo que pensaba. Cuando Vincent y Aurora me hacen bajar en el InterContinental Los Angeles Downtown, uno de los hoteles más lujosos del país y del mundo, la visión de tal gigante me deja sin aliento.
Enseguida los trabajadores me piden la invitación y me asisten para hacerme llegar al exclusivo bar de la terraza donde se desarrollará el evento.
Lo que ven mis ojos me deja sin palabras.
Exclusividad, lujo, amplitud. Una multitud de personas que no conozco de nada beben, charlan y ríen alegres con la compañía de una elegante melodía instrumental con la ciudad de Los Ángeles a sus pies, como siempre.
Me abro paso entre la gente para llegar a uno de los extremos y observar mejor la maravillosa vista.
―Impresiona, ¿verdad?
La voz de Adam me saca de mi ensimismamiento. Mi compañero va vestido por completo de negro, lo que hace que se vean sus ojos más oscuros y misteriosos. Siento una punzada en el estómago.
―Mucho. Mira que llevo tiempo viviendo en esta ciudad, pero nunca había subido a una terraza así.
―Tampoco hubiésemos podido ―comenta con una leve sonrisa―. Es una terraza la mar de exclusiva. Seguimos viviendo experiencias increíbles gracias a nuestros tortolitos.
Sonrío. La verdad que sí.
―Bueno, tomemos algo. Para eso hemos venido, ¿no? ―sugiere pidiéndome que le siga.
Pero de pronto se detiene. Una mano con una manicura muy cuidada se posa en su hombro y cuando me pongo a su lado puedo comprobar que es una chica muy atractiva la que está sonriéndole y solicitando su atención.
Trago saliva. Es guapísima.
―Adam, pensé que nunca te volvería a ver después de lo de Nueva York.
―Hola, Freya.
Y no entiendo el porqué.
De repente, no tengo ganas de seguir en esta fiesta.