Dos como nosotros Capítulo 44
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Capítulo 44

―¿M ia?

La sonrisa que se dibuja en su rostro es maligna. Adam nos mira de hito en hito, extrañado. El todopoderoso director de casting emite una disculpa por el pequeño accidente y me tiende un pañuelo, que rechazo con educación.

―Buenas noches, Hoover. ―Me encantaría decirle unas cuantas cosas, pero el miedo en cierto modo me paraliza. No quiero tener nada ver con este señor, ni que me trunque mi intento de carrera a lo más alto. Me seco un poco la manga para retirar los excesos del refresco que no ha absorbido el tejido.

Me fijo en que no viene solo, una jovencísima chica que no podía tener más de veinte años se colgaba de su brazo. Menudo viejo verde aprovechado.

―Oh, llámame David. ―Su camaradería solo me desconcierta más, tanto a mí como a Adam, que escucha todo con atención―. Prácticamente somos colegas.

―No me atrevería a compararme, David. ―Fuerzo un intento de sonrisa, que acaba en una mueca rara―. Que disfrutéis del partido.

―Igualmente, guapa. Que disfrutéis mucho tú y tu... ¿novio?

Me giro, dándole la espalda, y Adam me imita; ninguno de los dos desmiente o afirma su suposición. Siempre ha sido muy intuitivo y, de cierto modo, me sigue la corriente. Se acerca un poco más a mí con disimulo.

―¿Todo bien, Mía?

Cuando le miro, lo tengo demasiado cerca para mitigar cualquier tipo de nervio; sus ojos claros se ven preocupados y su aliento me roza la mejilla.

―Es solo un tipo que hace castings; hemos coincidido un par de veces... ―Disimulo y oculto la información de que me besó sin consentimiento en un ascensor.

―Pues se ve bastante estúpido para tener tal cargo ―confiesa mientras yo sonrío de manera genuina y él le da un sorbo a su refresco.

―Por desgracia, aquí funcionan muchas cosas con estúpidos al mando.

Después de más de media hora haciendo cola, por fin accedemos al estadio perdidos en una marabunta de personas.

Cuando alcanzamos la salida para ir hacia las gradas me quedo de piedra.

Jamás he visto un estadio tan inmenso como este.

Debían caber unas... ¿diez mil personas?

O quizá más. El mar de gradas es infinito y la pista está coronada en su parte superior por grandes pantallas para poder apreciar mejor los detalles desde cada punto.

Por los altavoces suena una música animada para recibirnos.

Adam está alucinando también.

―Pensé que sería broma, pero sí que caben veinte mil personas perfectamente aquí.

―¿También es tu primera vez, Moscardón? ―pregunto con una sonrisilla, intentando olvidarme del percance anterior y dejándome llevar por el ambiente.

Sus ojos se oscurecen aún más mientras se prepara para devolvérmela.

―Sí. Demasiadas primeras veces a tu lado, qué cosas...

Vale, ha ganado. Mejor cierro la boca. Una acomodadora nos indica hacia dónde debemos ir para tomar asiento y dejar de hacer tapón.

Él se aguanta una risita. Caminamos siguiendo a la guía, pero, antes de llegar a sentarnos, noto que alguien me agarra el trasero y me aparto como si de una corriente eléctrica se tratase.

Mala suerte la mía, que detrás de nosotros, y muy pegados, siguen el señor Hoover y su pobre diabla de esta noche. Él me guiña el ojo y luego besa de manera descarada a su acompañante. Mi corazón se acelera del asco y de la rabia, hasta que el toque de Adam en mi brazo me hace volver a la realidad.

―¿Ocurre algo?

Niego con la cabeza mientras intento serenarme. Pensé que había quedado todo explicado en aquel horrible episodio del ascensor. Pero está claro que no es el tipo de hombre que comprenda por las buenas. Se sientan relativamente cerca de nosotros, lo que me incomoda aún más.

Cuando tomamos asiento, aún me tiemblan las manos.

Pero logro animarme a charlar algo con Adam sobre el baloncesto y el estadio para romper el silencio incómodo mientras todo se va llenando hasta la bandera.

Devoramos nuestra cena, a ratos en silencio, pero sintiendo la fuerte presencia el uno del otro.

Me sorprendo al sentir que en cierto modo me reconforta estar con él en una situación tan violenta, cuando antes me parecía impensable.

Las luces se apagan y comienzan a presentar a los equipos entre un mar de animadoras y gritos ensordecedores, pero apenas puedo disfrutar, ya que noto la mirada del señor Hoover taladrándome.

¿Debería contarle esto a alguien? ¿O simplemente han sido dos coincidencias y estoy preocupándome en exceso?

Los jugadores corretean saludando a las gradas y preparándose para el partido. Nos ponemos de pie y animamos. Solo la voz de Adam me hace salir de mis cavilaciones.

―Será tremendo aguantar ahora que presumas de que tienes un amigo en la NBA.

―¿Me has escuchado que lo haya hecho? ―Le sigo el juego mientras nos sentamos y comienza el partido.

―Yo lo haría―sonríe y algo en mí se remueve―. Es un jugador de Los Ángeles Lakers. ¿Quién puede fardar de ser cercano a uno de ellos?

―Bueno, tú también lo eres.

―Ni mucho menos a tu nivel. Compartir clases y ser su vecino no se puede equiparar a que un jugador de tal calibre esté enamorado de ti.

Lo miro incrédula, teletransportándome años atrás y siendo en cierto modo poseída por la Mía adolescente que se picaba en todas las conversaciones con Adam Sullivan.

―¿Otra vez vas a empezar con esa tontería?

Alguien marca y todo el estadio salta de emoción mientras nosotros seguimos en nuestra pequeña burbuja.

―No es ninguna tontería. Liam ha estado enamorado de ti toda su vida. ¿Sigues teniendo contacto con él?

―Por supuesto que sí, es mi amigo. Y no sé qué hago dándote explicaciones. Quizá, como nunca has tenido una amistad de verdad, no sepas diferenciarlo.

―Nunca te has dado cuenta de muchas cosas, Mia.

―Sí de las necesarias, Adam.

Ambos tomamos aire. Pero él no está por la labor de dejar la conversación a un lado y centrarse en el partido. Por su culpa me estoy perdiendo una de las experiencias de mi vida.

―Es un gran jugador y un buen chico ―susurra―. ¿Habéis tenido algo?

Me sorprende escuchar algo tan directo de su boca.

―¿Desde cuándo te interesa mi vida romántica? ―No doy crédito a lo que escucho.

―Bueno, llevamos muchos años separados el uno del otro y creo que vamos a compartir muchos más momentos mientras mi jefe y tu jefa jueguen a quererse un ratito. Tendremos que hablar de algo.

―Pues hablemos del tiempo, de Los Ángeles o de tu vida, pero deja la mía a un lado.

―¿No te cansas nunca de ser tan testaruda?

―¿Ni tú de ser un moscardón entrometido?

Los gritos del estadio nos advierten de que algo ha cambiado en el partido.

Y, cuando giro la cara para ver qué ocurre, todo sucede a cámara muy lenta.

Noto que la gente mira en nuestra dirección y que el balón está a escasos palmos de mi cara.

Cierro los ojos y me encojo por el susto, para recibir el golpe, pero hay un estruendo enorme y unos aplausos posteriores que me hacen volver a abrirlos.

Veo que Adam está de pie con una sonrisa de suficiencia que muestra a todos los espectadores.

Ha vuelto a detener el balón, como aquella vez en el partido del instituto.

Esto es increíble. El estómago me da un vuelco.

El que Adam haya vuelto a mi vida me remueve todo más.

¡¿Por qué ha tenido que aparecer?! Miro a los jugadores.

Liam ha sido el culpable de todo. Junta las manos a modo de disculpa y después me lanza un beso y una sonrisa con confianza al darse cuenta de que somos nosotros.

Le saludo con la mano muy avergonzada, ya que todas las cámaras del estadio están centradas en mí y en mi salvador y nuestra imagen está siendo proyectada en las teles.

La gente comienza a murmurar algo que no acabo de notar hasta que veo a Adam abandonar la grada, dejando un pequeño reguero de sangre en su asiento.

Automáticamente, me levanto y voy tras él.

Con esas piernas tan largas, no tarda en dejarme atrás, pero, gracias a las señales y a varias personas que lo han visto, logro dar con el aseo masculino en unos minutos.

Cuando entro, hay otros hombres que me miran incrédulos.

Los ignoro y camino hasta la zona del lavabo para encontrarme a Adam lavándose la mano mientras cae agua roja por el desagüe.

―Mía, este es el baño de los hombres.

―Oh, vaya, no me había fijado ―contesto con sarcasmo mientras me acerco a él y observo su mano.

―¡Oye, que contigo aquí no me puedo concentrar! ―se queja un tío enorme con barba y gorra de los Lakers.

―No tienes nada que no haya visto antes; esto es urgente.

Suelta una carcajada mientras orina y comenta algo como menuda tía antes de irse junto a los demás y dejarnos solos.

―Lo siento, Adam ―susurro. Tiene un gran corte en la palma de la mano que no deja de sangrar y su piel está enrojecida por el impacto.

Él sonríe levemente de un modo sencillo y efectivo. Como siempre.

―Parar un balón de un jugador de la NBA no se parece en nada a parar uno de un jugador del instituto ―ríe por lo bajini, tomándose con humor su desgracia―. He sentido que me amputaban la mano, te lo juro. ¿Qué come esa gente?

―Le preguntaré a Liam.

Él me observa unos instantes, donde guardamos un silencio extraño y una tensión que no sé descifrar.

―¿Estás bien? ―me pregunta con cierto tono de cariño.

―Tienes la palma destrozada y me preguntas a mí si estoy bien. Eres increíble, Adam Sullivan. ―Tomo su mano con cuidado y le echo agua para seguir limpiándola―. Deja que te ayude, anda.

Su mano es grande, cálida, masculina. Cuando le doy la vuelta para abarcarla toda, sus venas se marcan bajo su piel y yo trago saliva.

Restriego un poco con mis dedos, de manera delicada, para quitarle la sangre seca mientras mi tonto corazón de algún modo se acelera.

No quiero ni mirar para arriba, porque siento sus ojos clavados en mi cabeza.

Se la seco de forma cuidadosa con el papel desechable y después saco de mi bolso una tirita para poder colocársela donde tiene el corte.

Deslizo mis dedos para que se pegue bien y puedo notar cómo los dedos de Adam se curvan ligeramente para rozar los míos de un modo muy sutil, pero que hace que mi mano arda como la suya.

Cuando levanto la vista, descubro que me mira con una intensidad que me abruma.

¿No se encuentra bien? ¿Se arrepiente de haberme salvado del balón?

―Deberíamos volver.

Suelta mi mano, que todo este tiempo había estado de algún modo tocando la suya, y desaparece por la puerta del baño como alma que lleva el diablo.