Dos como nosotros Capítulo 30
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Capítulo 30

R ezo por mi vida varias veces mientras Paul conduce de manera temeraria por las calles de Santa Clarita pensándose que esa demostración irracional de macho poderoso y suicida me volvería loca, y no puede estar más equivocado.

Lo que realmente me hace feliz es cuando por fin aparca y me bajo a todo correr.

La gente está llegando a la graduación, casi a la vez, todos vestidos de punta en blanco y con sonrisas tatuadas en sus caras.

¡Era la noche por la que tanto habíamos esperado! Pero... ¿Por qué me siento tan rara y como si no la pudiese estar disfrutando?

Como invocados, Adam y Lily aparecen delante de nosotros sonriendo y charlando, y no me pasa desapercibido cómo ella se agarra al brazo de mi vecino con cara de haber ganado la lotería.

¿Cómo ha podido ir con ella después de demostrar lo mala que es?

Miro a Paul un segundo mientras se acerca a mí y me echa el brazo por encima.

Aunque, a decir verdad, el mío tampoco es que fuese un santo.

Cuando vuelvo a mirar hacia la entrada del gimnasio, que hacía de entrada al baile, me topo de nuevo con los ojos de Adam, que irradian...

¿fastidio? al percatarse de que mi compañero se está sobrepasando conmigo.

Aun así, sigue en su voto de silencio y nos adelantan para entrar primero.

Después, los seguimos. Una vez dentro, aprovecho lo sorprendida que estoy por cómo se ve todo lo que tanto esfuerzo ha costado montar para deshacerme del brazo de Paul.

La noche y la tenue iluminación hace que todo saque su lado más romántico y etéreo.

Los colores casan, la gente disfruta de una banda que toca las últimas canciones de moda y las mesas están repletas de ponches y comida.

Un fotógrafo también se afana en inmortalizar ese momento para las parejitas con su cámara profesional bajo la arcada de flores de colores y ellos le regalan toda clase de poses.

Allí es donde me dirige primero mi acompañante y prácticamente me obliga a poner una pose abrazados como si fuésemos dos tortolitos.

―Ahora siempre tendremos esta foto de recuerdo para enseñársela a nuestros nietos ―bromea mientras toma la foto de las manos del fotógrafo y se admira a sí mismo.

―Dios, salgo guapísimo... ¿No crees, nena?

Me mira convencido y me la muestra; le regalo una sonrisa algo forzada mientras le doy lo que quiere oír.

―Por supuesto.

Después me arrastra hacia el gentío que baila mientras sostengo una copa de ponche en la mano; espero que tenga algo de alcohol y me ayude a llevar la noche de mejor manera.

Paul da saltos, grita eufórico cuando la banda toca una que le gusta y se restriega por todas las chicas de la fiesta.

Yo me limito a cumplir con mi papel, alejarlo cada vez que intenta tocarme más de lo debido y buscar desesperadamente con la mirada a Liam o a alguno de mis compañeros para huir.

También busco a Audrey, pero, como era de esperar, no ha acudido al baile.

Ha decidido protegerse y la entiendo. Hasta yo me estoy arrepintiendo de haber venido, mientras en contra de mi voluntad también observo en muchas ocasiones a Adam intentando disfrutar de la velada y bailando lentas con Lily.

Otra lenta comienza a sonar, pero soy rápida y me excuso con Paul en cuanto veo a Liam entrar con Carol.

―Le prometí a mi amigo bailar una con él; no tardo, ¿vale?

―Luego no te vas a poder escapar de mí, ¿eh?

No tarda en encontrarme sustituta para bailar y yo siento el pellizco aún más grande mientras corro hacia mi amigo como si de un asunto de salvarme la vida se tratase. Él echa a reír con solo verme.

―Debo decir... ¿te lo dije? ―Se nota que está pagado de sí mismo y odio reconocer que tanto él como Adam tenían razón.

―De verdad que Paul podrá ser muy guapo, pero es un neandertal.

Los tres reímos y luego me dirijo a la acompañante de mi amigo.

―Caroline, sé que está fuera de lugar, pero ¿me podrías prestar un ratito a tu pareja para que no me den ganas de colgarme de la viga más alta del gimnasio y descansar un poco de aquel estúpido?

Ella sonríe de forma dulce, como siempre ha sido, y se muestra comprensiva.

―Claro que sí, Mia; iré a saludar a las chicas. Búscame luego. ―Le da un apretón cariñoso a Liam y después se marcha dejándonos solos.

Me gustaba para mi amigo.

―Al parecer eres el único que ha elegido bien esta noche.

―Por supuesto, ¿con quién te crees que estás hablando? ―bromea él mientras me arrastra a la pista de baile y pone sus manos en mi cintura. Automáticamente me calmo. Se siente como estar en casa. Yo pongo mis brazos sobre su cuello con confianza―. ¿Tan malo está siendo?

Miro sus ojos oscuros a escasos centímetros de los míos mientras nos mecemos al ritmo de la música.

―Peor ―confieso―. Primero se planta en mi casa con una flor que no es de mi color, luego por poco me mata viniendo hacia aquí, después no deja pasar la ocasión de intentar meterme mano cada vez que puede y soltar frases aprendidas en revistas de adolescentes para ligar... Estoy a punto de pedir socorro.

Él ríe y yo también sonrío ante mi desgracia.

―No ha sido buena idea venir con él.

―¿Será que no te lo advertimos? ―Le doy una palmadita en la espalda para que deje de pavonearse―.

Esa gente está en otra dimensión, Mia, y gracias al cielo que lo están.

Sé por qué viniste con él. Porque tienes un miedo atroz al amor y a los hombres y que te hagan lo mismo que le hizo tu padre a tu madre.

Nunca sabremos si eso pasará o no, pero, si no te abres y lo vives, no solo te protegerás, sino que también te perderás todo lo bueno.

También tenías miedo de que de nadie te lo pidiera y te agarraste al primero que pasó, cuando querías ir con otro muy diferente.

―Ojalá hubiese venido contigo, Liam ―comento trastocada porque puede ver en mi interior de esa manera―. Al menos tú no me hubieses metido mano como un viejo verde.

―Bueno..., eso es lo que tú te crees ―ríe bromeando―. Pero no, Mia, no estoy hablando de mí.

Nos aguantamos la mirada unos segundos mientras no sabemos muy bien qué decir.

―No sigas por ahí, ya sé a dónde vas. ¿Es alguna clase de juego entre vosotros? Él me dice que tú estás colado por mí y tú que yo estoy colada por él... ¿Es algún tipo de bucle infinito?

―No te cierres, Mia ―me susurra al oído mientras los últimos acordes de la canción suenan y después me vuelve a mirar de manera cálida―. Es algo muy bonito de sentir y merece la pena. Esté bien o no.

Se separa de mí y me deja aún más descolocada.

―Gracias, Liam, por estos consejos de amor que nadie te ha pedido y por rescatarme cinco minutos, aunque sea, de las garras de ese energúmeno.

―Vamos a picotear algo con Carol y te salvo como siempre un ratito más, anda.

Y nadie sabe lo que agradezco esa casi hora extra en la que pierdo de vista a Paul y que comienzo a disfrutar algo más con Liam y mis compañeros. Adam también parece estar pasándoselo bien.

Me disculpo para ir al baño y refrescarme. Cuando las puertas se cierran tras de mí, la música se escucha amortiguada y aprovecho que todo está tranquilo para aliviarme. Y también respirar un poco. Paul, la imagen de Lily agarrada a Adam bailando las lentas, sus caras casi juntas...

Unas risitas me sacan de mis cavilaciones y me ponen alerta.

Sigo el sonido mientras me seco las manos con una toalla de papel y descubro que una parejita se lo está pasando pipa en uno de los cubículos.

Qué sitio tan antihigiénico, la verdad. Pero qué envidia tener a alguien así que te arrastre a hacer esas locuras.

Sacudo la cabeza y tiro el papel a la papelera.

Este Liam me había metido ideas tontas en la cabeza, como siempre.

―Paul, nos van a oír, para... ―Una risita femenina.

―Pero he ganado la apuesta y ahora quiero el premio que me prometiste.

―Esa palurda ni se ha coscado.

Me detengo en seco. Había muchos Paul en el instituto. Quizá se tratase de otro Paul. Podría. Si no fuese porque la voz que estaba diciendo su nombre era claramente la de Kira, la novia de Josh.

Ni me lo pienso antes de pegarle una patada al cubículo donde se esconden ambos y puedo verlos en todo su esplendor, a medio desnudar y jadeando por la excitación, y ahora también por el susto.

―Mia..., joder... ―chilla él―. ¿Qué haces aquí?

―Eso debería preguntártelo yo ―contesto furiosa por la situación―. ¿Me trajiste al baile para reírte de mí a cambio de acostarte con la novia de tu mejor amigo?

Los dos se remueven incómodos y ella se sube los tirantes de su vestido.

―Mia, esto no es lo que parece, de verdad ―explica Kira intentando hacerse la modosita y dejarme a mí de loca. Sabía que tenía información poderosa y que podría decírselo a Josh.

Miro a ambos con desprecio y la zona abultada del pantalón de Paul.

―Creo que es exactamente lo que parece. Y todo el mundo lo va a saber. Que os den a los dos.

Intentan agarrarme para que no salga y, en el intento de zafarme, se me rompe un tirante.

Kira incluso me tira del pelo, pero logro volver a escaparme y salgo del baño hecha una furia y a la vez intentando controlar las lágrimas que amenazan con escaparse.

¿Qué pensaba? ¿Que el popular Paul se iba a fijar de manera genuina en mí, en la chica a la que su padre abandonó y que nunca ha tenido novio?

¿En la chica que ha dedicado toda su vida a pelear con su vecino y a llenarse la cabeza de sueños grandiosos y cuyo primer y atropellado beso ha sido a los diecisiete años en una obra de teatro sin el consentimiento del otro?

Todos tenían razón, he sido una estúpida.

Son escoria, todos ellos; y aun así quise creer que él era distinto.

¿Pero en qué momento estuve tan loca y desesperada para decirle que sí?

Esto no se iba a quedar así. Tenía una bomba en mis manos y pensaba hacerla explotar.

Mejor que cualquier insulto, mejor que cualquier drama.

Cuando entro en el salón voy derechita a donde están ellos.

Adam me observa consternado cuando me ve aparecer algo despeinada y con el vestido roto. Los demás aguantan incluso una risita.

―Si os ha gustado reíros de mí ―escupo con firmeza y asco―, no veáis lo mucho que vais a disfrutar ahora.

Me giro hacia Josh, que me mira con una sonrisa de suficiencia y bebiendo ponche como un cosaco.

―Tu novia se está follando a tu amigo en el baño. Cubículo dos. Se lo estaban pasando en grande hasta que los he interrumpido. Qué bien que todos podamos reír de un modo u otro esta noche, ¿verdad? ¿A qué vienen esas caras? Pensaba que este tipo de humor es el que os gustaba.

Adam agarra a Josh, que, con actitud amenazadora, se acerca a mí con intención de empujarme.

―Deja de decir mentiras, zorra de mierda.

Hago un gesto negativo con la mano para que no me vean achantarme y le quito el vaso de la mano. Me lo bebo de un tirón.

―Qué pena Josh, ese puesto ya está ocupado por tu novia. Si no te lo crees, ve y lo compruebas. ―Les lanzo una sonrisa radiante y falsa, y suelto el vaso en la mesa―. Que sigáis disfrutando de la velada.