Capítulo 21
L a mayoría de nuestros profesores nos dan permiso para hacer el ensayo final de la obra de teatro un par de horas el lunes por la mañana, permitiendo, incluso, que nos saltemos algunas clases.
La representación será este sábado y el tiempo se nos echa encima.
Aquí, rodeados de los demás compañeros de actuación, las frases de mi Romeo particular no me ponen tan nerviosa como cuando estábamos solos en su casa. Doy gracias al cielo por ello.
Adam se ha aprendido sus frases en tiempo récord y escucharlo recitarlas es como ver a un actor talentoso que lleva haciendo teatro toda su vida. Nos tenía a todos boquiabiertos, yo incluida.
―Chicos, muy bien todo, pero acercaos un poquito más; sois la pareja más famosa de la historia, recordad que os amáis, que daríais la vida el uno por el otro y todo eso... ―pide la señorita Jones haciendo un gesto para que nos acerquemos.
―Eso se comenta, sí, pero... ―refunfuño por lo bajini mientras separo la distancia de seguridad con Adam y su olor comienza a inundar mis fosas nasales.
―¿Dices algo, Mia? ―pregunta la profesora.
―Que estoy muy contenta, señorita Jones. ―Me voy por la tangente para que no se dé cuenta de mi queja.
Ella sonríe satisfecha mientras no es consciente de lo que sucede dentro de mí cuando este chico se acerca, como hace ahora. Aun así, intento concentrarme en mi personaje y acabar con este ensayo lo antes posible. No puedo dejar de pensar en el roce en ese armario.
Cuando el timbre suena, echo a correr en dirección al pasillo para prepararme para la siguiente clase y librarme de esos ojos.
La señorita Jones nos desea una feliz semana, que templemos los nervios y nos cita el sábado cuatro horas antes de la función para ultimar cualquier detalle del gran espectáculo.
Cuando salgo al pasillo abarrotado de estudiantes y alcanzo la posición de Liam junto a su taquilla, él me mira divertido, con su eterna sonrisa en su bonito rostro.
―Tienes cara de haber visto al mismísimo fantasma de la ópera.
―Peor que eso, créeme. ―Tomo los libros de matemáticas y los introduzco en la mochila.
―Pero no peor que la clasecita que nos espera.
Y no le faltaba razón, les estaba cogiendo una inquina de campeonato a las matemáticas; entre que las relacionaba con las clases de Adam y lo atravesadas que las tenía, no veía la hora de terminar.
―¿Y qué me dices de estos pósteres? ―Señala a la pared y una pareja sonriente de adolescentes rodeados de globos de colores nos devuelven una sonrisa increíble―.
Son espantosos. ¿Quién se lo pasa así de bien en un baile de fin de curso?
Si en cuanto se atraviesan las puertas todo es drama, celos, rencillas, peleas entre novios y algún cadáver escondido...
Río con su ocurrencia, pero no le faltaba razón. Los adolescentes americanos éramos bien conocidos por nuestros dramas en los bailes, que quedaban patentes en infinidad de películas y series.
―¿Hay alguna chica a la que vas a invitar a ir? ―le pregunto con curiosidad―. Me ha dicho un pajarito que tienes una larga lista de candidatas esperando tu invitación.
Su mirada me atraviesa.
―Tengo a alguien en mente, sí...
―Qué misterioso.
―Lo sabrás a su debido tiempo, querida Julieta.
―¿Cuánto te va a durar la tontería? ―le reprocho mientras entramos al aula con el profesor a nuestras espaldas.
―Siempre serás mi Julieta.
―Dejad a Shakespeare a un lado y vamos a sacar el libro de matemáticas, anda ―el profesor nos interrumpe y nos insta a ir a ocupar nuestros asientos.
En nuestro turno del restaurante, sigo intentando sonsacarle a quién tiene pensado llevar al baile. Él se limita a ignorarme y cambiar de tema continuamente.
―¿No deberías estar empleando toda esa energía en estudiar para el examen de recuperación de mañana en vez de estar acosándome? ―Ríe mientras seca una ingente cantidad de vasos que acaban de salir del lavavajillas.
―Es que me come la curiosidad ―confieso sincera―. ¿Quién es la chica que le roba el sueño a mi Liam?
―El sueño no lo sé, pero la paciencia me la roba esta que tengo delante ahora mismo.
Río mientras veo que se aproxima un grupo de personas para entrar a nuestro restaurante y tomo algunas cartas para ir a atenderlos. Pero, antes de encaminarme hacia ellos, hago un último intento:
―¿Es guapa?
Él me mira alzando una ceja. No, no me iba a dar por vencida; si había alguien cabezota y perseverante en este planeta, esa era yo. Deja el trapo y el vaso que está secando y se me acerca de repente como solía hacer muchas veces.
―La que más.
Hasta a mí me hace temblar un poco esa voz profunda y ese brillo en los ojos que se le pone al hablar de esa chica misteriosa. Hago un ruidito de emoción. Ya quiero conocerla.
―Ahora, a trabajar ―me susurra mientras vuelve a su tarea y yo camino hacia la puerta.
Me acerco y comienzo a recitar el ya repetitivo discurso de bienvenida a la clientela, cuando de repente me sorprendo al ver a Paul, que entra solo en el restaurante. Me detengo extrañada de verlo.
Me mira fijamente, frunciendo el ceño.
―Hola, Paul ―saludo, sin saber muy bien qué decir.
Él se mete las manos en los bolsillos de los vaqueros, un gesto que me hace ver que está algo incómodo.
―Hola, Mia. ¿Puedo hablar contigo fuera un segundo? ―Me deja aún más descolocada.
Echo un vistazo a Liam y le indico que voy a salir unos segundos y que me cubra.
Su rostro es indescifrable cuando me observa salir junto a Paul.
Una vez fuera, en la cálida brisa primaveral, Paul parece que se suelta algo más.
Mira varias veces a nuestro alrededor antes de fijar sus ojos azules en mí.
Si no le conociese un poquito, estaría bastante trastocada por su comportamiento.
―Te preguntarás qué hago aquí ―comienza mientras muestra esa sonrisa que tiene a medio instituto loco―. Verás, el baile de graduación se está acercando y, bueno..., me gustaría saber si vas a ir con alguien la próxima semana.
Intento no quedarme boqueando como un pez y sin saber qué decir.
―Bueno, la cosa es que no, no tengo a nadie con quién ir. De hecho, estaba pensando si ir o no..., pero... ¿por qué me lo preguntas? Nunca hemos sido amigos, no entiendo por qué te plantas en mi lugar de trabajo y me preguntas este tipo de cosas tan personales...
Él sonríe y luego lo escupe sin más:
―Mia Brooks, ¿quieres venir conmigo al baile de graduación?