Capítulo 13
L iam no puede parar de reír cuando se lo cuento al salir del club de teatro y nos encontramos en nuestra aula. El mismísimo Adam Sullivan iba a ser mi profesor particular de Ciencias. Prefería que me pusieran un tigre delante y que me comiese viva.
―Mientras más huyes de él, parece que al destino más os gusta uniros.
―Pues el destino es un viejo rancio y sin gracia.
Muevo el lápiz con nerviosismo mientras esperamos a que el profesor Patrick aparezca y comience con otra clase torturadora de ciencias y números.
―¿Y por qué no te negaste? ―pregunta él con curiosidad sentado en el respaldo de la silla como un signo de rebeldía.
―¿Acaso podía hacerlo? Mi madre me va a matar como saque otro suspenso.
Tengo que aprobar en la recuperación. Y no podemos permitirnos pagar una academia particular.
Dijo que los Sullivan eran muy amables al ofrecerse de manera gratuita y que, si me negaba a ir, íbamos a hablar seriamente de mi participación en el club de teatro.
― Wow , menuda amenaza...
―No te burles ―le regaño mientras le tiro el lápiz―. Sabes lo que es el club para mí.
Me agarra de la cabeza y me la abraza mientras yo lucho por zafarme.
―Ains, mi pequeña estrella, las cosas que tiene que hacer para tenerlos contentos a todos y seguir brillando.
―Me zarandea suavemente mientras se levanta revuelo en clase.
Si ya todos nos emparejaban, después de las muestras de afecto continuas y espontáneas de Liam, se tenían que estar montando unas películas preciosas―.
¿Crees que le importará si me uno a las clases particulares?
Las necesito muchísimo. Y así no te quedarás sola con él.
―¡Sería genial, Liam! ―El alivio me inunda instantáneamente mientras me recoloco el pelo en su lugar.
―Buenos días, chicos... ―saluda el profesor y llama al orden a la clase.
―Se lo preguntaré en el descanso ―comenta él liberándome al fin de su abrazo de oso y se sienta a mi lado.
Asiento con optimismo y me giro para prestarle atención a la pizarra.
Adam justamente pasa por mi lado en ese momento y, siguiendo con la costumbre, me fulmina con la mirada.
Si hubiese sido un perrito me hubiese ido corriendo con el rabo entre las piernas, pero no le iba a dar ese gusto.
Debía de haberse enterado de su nuevo empleo forzado.
―En mi casa a las seis. Acabemos con esto rápido. ―Su seriedad es escalofriante. Le ha hecho la misma gracia que a mí el plan de nuestros padres.
Miro a Liam, sentado a mi izquierda, y le sonrío pícara. Si está molesto por darme clases a mí, verás cuando Liam le diga que se quiere unir.
―Suerte para ponerle el cascabel al g ato.
Así que, cuando la campana suena después de tres horas de clase y podemos irnos un ratito a descansar y comer nuestros aperitivos, Liam se marcha en busca de Adam y yo me quedo charlando un rato con Evelyn, la compañera que se sienta al lado de mi mesa, mientras nos encaminamos al baño de chicas.
Antes de entrar, podemos percibir unas voces desde fuera. Y no suenan nada amigables.
―Parece Kira ―informa Evelyn. Asiento.
¿Qué está haciendo Kira en el baño para tener que elevar la voz y que otras se harten de reír?
Abro la puerta y veo salir a un par de chicas que no reconozco y que, prácticamente, huyen del lugar.
Cuando entro, la escena me parece esperpéntica.
Kira sujeta la cabeza de otra chica, que no logro distinguir, dentro de un sanitario, amenazándola con tirar de la cadena si no le da no sé qué cosa que le está exigiendo.
Dos chicas más, más pequeñas que nosotras, que me suenan de vista de cuarto curso, actúan a modo de seguratas para que nadie pueda entrometerse.
―¿Qué estáis haciendo? ―pregunto indignada mientras me acerco. Enseguida las dos chicas me detienen y me empujan hacia atrás. Me agarro a los lavabos para no caerme. Para ser dos medios metros, tenían fuerza.
―No es asunto tuyo, Brooks, lárgate. ―La voz de Kira es la que contesta amenazante.
―Siempre que estéis molestando a alguien es asunto mío y de todo aquel que lo vea.
Ignorándome, tira de la cadena y mete la cabeza de la pobre chica dentro.
Ella hace el esfuerzo de intentar gritar, pero su sonido queda ahogado por el agua.
Sufro por ella, me imagino su cara pegada a un lateral del sanitario de dudosa higiene y me dan los siete males.
Evelyn se asusta y, lanzándome una mirada de perdón, echa a correr como las otras.
No la juzgo, entiendo que no todo el mundo tiene el valor de enfrentarse a algo así.
Pero yo me había criado toda mi vida con las burlas de los demás y aguantando a Adam Sullivan, y eso me daba muchas tablas para hacer frente a la gente molesta e insoportable.
Si se trataba de enfrentarme a estúpidos, yo tenía un máster.
Me acerco por segunda vez y las chicas me retienen de nuevo mientras forcejeamos.
Kira suelta a su víctima, que cae con brusquedad sobre el suelo respirando agitadamente.
Me mira con los ojos llorosos y la cara y el pelo chorreando.
Es Audrey, la mexicana. Ya entiendo de qué va todo esto.
La rabia me inunda. Kira se da la vuelta y me encara mientras sus amiguitas me sujetan.
―Mia, ¿por qué te metes? Esto no va contigo. ¿O no tienes suficiente por tu parte?
―Déjala ―le ordeno enfadada.
―¿Vas a venir a darme órdenes? ―ríe malévola―. La muerta de hambre que la abandonó su padre y que no tiene donde caerse muerta.
―Vaya, qué original, Kira, creo que nunca me han dicho eso; diles a tus esbirros que me suelten para poder irme a llorar a mi casa, porfa. Y deja de ver telenovelas.
Mi sarcasmo no le sienta demasiado bien. Se acerca apretándome las mejillas con su mano, en un gesto agresivo.
―Te aviso por última vez: métete en tus asuntos y todo irá bien. Solo quiero hacer algo por mi país, ellos son una plaga ―señala a Audrey―. Y, si no tomamos medidas, nos consumirán.
―La única plaga que existe aquí es la gente como tú.
Se aleja intentando controlarse. En parte, asombrada por mi saber estar.
Aun así, no se rinde y, por su mirada, puedo ver que me ha convertido en el objeto de su ira.
Ordena a las otras chicas que me lleven a un cubículo y me arrodillan a la fuerza delante de un váter asqueroso.
Quieren hacerme lo mismo que a ella. La susodicha, cuando se ve libre de la atención y la amenaza, sale a correr a toda velocidad, dejándome sola con estas malas hierbas.
Fuerzan mi cabeza para meterla en el inodoro, pero intento resistirme lo posible para no ceder. Lo malo es que son tres contra una, y es muy complicado. Me van a partir el cuello.
―A ver si con este bañito se te quitan las ganas de hacerte la heroína.
―¡Ayuda, por favor! ―grito todo lo alto que puedo―. ¡Ayuda!
La puerta se abre con un golpe ensordecedor; de repente, me siento liberada del agarre forzoso y caigo justo como lo hizo Audrey cuando entré yo, intentando acompasar mi respiración a un ritmo normal por el alivio que siento.
Cuando giro la cabeza, hacia la puerta de entrada, allí está otra vez él. Oh, Dios, no.
Liam llega justo después y ambos se quedan a cuadros contemplando la escena.
―¿Qué mierda os creéis que hacéis? ―pregunta Adam furioso, casi fuera de sí, mirando a su amiga Kira.
Liam echa a correr hacia mi posición para comprobar mi estado, pero Adam se le adelanta y se agacha a mi lado poniendo su mano en mi mejilla.
―¿Te encuentras bien?