Donde tú estés (Soul Finder 2) Capítulo 21
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Capítulo 21

CAPÍTULO

VEINTIUNO

JAMES

—Estoy agotado, voy a darme una ducha —me informa Ryder una vez nos quitamos los guantes y las vendas.

—Vale.

—Puedes venir, si te animas. —Me guiña un ojo—. Prometo no pedirte cosas demasiado… íntimas.

—Idiota. —¿Por qué cojones me ruborizo cada vez que lo menciona?

Él sonríe y se marcha.

No me lo pienso demasiado. Un par de minutos después, me meto desnudo en la ducha con él.

No se sorprende al verme. En su lugar, me atrae hacia sí para besarme.

El agua está un poco más caliente de lo que me gusta y en nada estoy ardiendo.

Es más alto que yo, pero sigo siendo más grande.

Nuestras erecciones se rozan y gemimos en la boca del otro.

Nos besamos durante una eternidad hasta que él se aparta y coge la esponja para lavarme.

Lo hace despacio. Frota cada centímetro, primero con la esponja y luego con los dedos desnudos sobre mi piel resbaladiza.

Jadeo y me apoyo en los azulejos cuando me hace colocarme de espaldas a él y mete los dedos entre mis nalgas, masajeando y empujando mientras yo me retuerzo de placer.

—¿Te gusta esto? —me pregunta cuando presiona hasta colar un dedo dentro de mí.

Suelto un gemido vergonzoso.

—Sí. —Apoyo la frente en la superficie fría y respiro, respiro, respiro.

Él me besa el hombro, el cuello, y me da un mordisco en el lóbulo de la oreja a la vez que dobla el dedo buscando ese punto que me hace temblar de necesidad.

Con la mano libre, arrastra la esponja por mi piel con deliberada suavidad.

Empieza por mi pecho, sigue por mi abdomen y me rodea la erección hasta bajar entre mis muslos.

Tengo la polla durísima y una necesidad cruda por que me toque, por tenerlo más adentro. Más.

—Ryder —jadeo. Echo el culo hacia atrás y enseguida cuela un segundo dedo. Los tiene largos y grandes, y la lubricación del agua no es suficiente. Es… demasiado intenso; y también un poco doloroso. La sensación de quemazón se mezcla con algo más cuando curva los dedos y los mueve en mi interior.

Se me escapa un gruñido y noto cómo me cierro.

—Shhh, tranquilo.

Me pasa la esponja por los huevos y eso me hace suspirar de placer. Los tengo como una piedra. La polla también. Hago ademán de bajar la mano para acariciarme, pero él me la vuelve a subir.

—No. Dime si te hago daño. —Saca un poco los dedos y los vuelve a meter. Tengo los nudillos blancos de apretar la superficie resbaladiza y estoy seguro de que mi cara está roja, así como el resto de mi cuerpo—. ¿Te duele? —insiste .

—Es soportable —declaro apenas sin voz cuando hunde los dedos hasta el fondo y me tenso todavía más—. Joder, Dios.

—Lo siento, tendría que haber traído el lubricante. —Me da un beso en la mandíbula, suelta la esponja en el suelo y me rodea la polla con la mano.

Me muevo de manera instintiva.

—Ryder.

—¿Quieres que te toque? ¿Así? —Masajea mi erección arriba y abajo, presionando, apretando la punta, mientras sigue buscando mi próstata y haciéndome gruñir y jadear.

No respondo. No puedo. Entonces saca los dedos y la sensación de vacío es aún más extraña. El agua cae sobre nosotros, caliente, pero yo estoy más caliente. Necesito más, más, más.

—¿Por qué paras? —Me giro para mirarlo.

Él me vuelve a colocar de espaldas. Me clava la erección en la cadera cuando se pega a mí por detrás para susurrarme al oído:

—No preguntes y déjame hacer.

No me da tiempo a contestar. En nada tengo sus manos en mi pecho; masajea y aprieta mis pezones mientras desciende con los labios por mi piel desde atrás. Me besa la nuca, la curva de la espalda y continúa hasta la zona lumbar.

Desliza las manos por el interior de mis muslos y me acaricia la zona de la ingle con una lentitud que me pone la piel de gallina y hace que apoye la frente en la superficie fría y me concentre en coger aire. Joder.

—Abre las piernas y no separes las manos de los azulejos —me pide con voz ronca.

No conozco a este Ryder dominante y sexi.

Siempre había sido yo quien llevaba la iniciativa en nuestros encuentros sexuales y el cambio es…

electrizante. Estoy tan cachondo que me duele la polla.

Él guía las manos a mis nalgas y las separa.

En cuanto me doy cuenta de hacia dónde se dirige su boca, me quedo sin respiración.

No puede ser. Va a… Me tenso y ahogo un gemido cuando siento su lengua presionando mi entrada, trazando círculos, empujando.

El fuego me invade el cuerpo. El agua sigue cayendo, caliente, y se convierte en lava sobre mi piel.

Todo es vaho y fuego a mi alrededor cuando siento la succión de la boca de Ryder en esa zona; un fuego que me consume y me lleva por caminos nunca antes transitados.

Su lengua hace magia. Lame, acaricia, empuja, y yo solo siento, siento, siento.

—Ryder, ¿qué estás…? Dios, joder.

No puede estar haciendo eso. Es incluso más íntimo que una mamada.

Jamás en la vida me habían hecho algo así.

Jamás me había planteado hacer algo así.

Me arde la cara, todo yo ardo del mismo modo que lo hace la boca y la lengua de Ryder cuando la siento adentrarse un poquito más.

Me mantiene las nalgas abiertas con una mano y, con la otra, me acaricia los testículos con los nudillos.

Despacio, como si quisiera llevarme al infierno y dejarme allí.

—Mmm. —La vibración de su boca en mi culo me hace temblar. Los muslos se me tensan con cada movimiento. Estoy a nada de explotar. Voy a correrme y lo haré con el tacto de su lengua lanzándome descargas por todo el cuerpo.

—Ryder, por favor —jadeo.

Vuelve a empujar la boca contra mí. Me saborea lento y profundo, como si fuera el mejor festín de su vida, succionando sin detener su avance ni un ápice.

Y yo veo el cielo y las estrellas y todo es vaho, calor, fuego.

Dios. La tensión de mis muslos es insoportable y me controlo para mantener las manos en el sitio como me ha pedido.

Los sonidos que hace con la boca son obscenos y excitantes, y siento que me derrito.

Me muevo hacia él; eso consigue que su lengua me llene un poco más.

—Joder, Ryder.

Entonces se ríe. El muy capullo se ríe y todo se descontrola.

Continúa su intrusión con la lengua al tiempo que me acaricia la erección y yo hago lo posible por quedarme quieto; las manos en las baldosas, las piernas abiertas, el culo expuesto; todo expuesto a él.

Encojo los dedos de los pies cuando siento la presión de su mano en la punta de mi polla como si quisiera detener el orgasmo que está a punto de atravesarme por dentro.

Llevo una mano hacia atrás, le sujeto el pelo y me muevo hacia él.

Entonces vuelve a reírse, a succionar, y su mano comienza a moverse, esta vez sí, buscando mi liberación.

El calor se abre paso desde mis entrañas, abrasándome el cuerpo, hasta que una descarga me atraviesa y me corro.

Ryder lo da todo allá atrás, también me masturba con firmeza mientras yo gimo como si me estuviera matando.

Y en realidad lo hace. Jamás me habían hecho algo así.

Tengo el corazón a mil por hora, el cuerpo tembloroso, el culo sensible y una sensación de no estar del todo saciado.

Me ha dado mucho, pero no me ha dado nada.

Mis piernas parecen hechas de gelatina y, cuando se separa de mí, tiene que sujetarme para que no me caiga.

—Tranquilo. —Me rodea las caderas. Su erección se me clava entre las nalgas y siento que podría correrme otra vez solo por sentir su deseo.

—Ryder —susurro .

Giro el rostro y él me sujeta de la cara para besarme. Un beso intenso y húmedo que me pone la piel de gallina.

—¿Todavía quieres que te folle?

—Sí.

Recoge la esponja y me da un repaso rápido para limpiarme. Me pasa la mano por la polla todavía hinchada y yo suspiro. Desde luego, estoy lejos de sentirme saciado. Vuelve a besarme antes de cerrar la ducha y coger una toalla para secarnos a ambos.

—¿No quieres correrte? —le pregunto cuando se seca la entrepierna mojada.

—Lo haré dentro de ti. Tranquilo, tengo aguante.

—Ya lo sé.

Sonríe. Luego me da una palmada en el culo y lo sigo descalzo al dormitorio.

Me pregunta por los condones y el lubricante.

Los saco de la mesita y los dejo caer sobre la cama.

Luego me lo quedo mirando. Su cuerpo esbelto, de músculos suaves y piernas largas, sus ojos verdes nublados por el deseo.

Joder, qué guapo es. Desvío la mirada a su erección.

La tiene casi tan gruesa como la mía, pero un poco menos larga.

El culo se me contrae al imaginármela dentro de mí.

Me ruborizo con una intensidad vergonzosa.

Él sonríe y el mechón de pelo se le desliza por el lado izquierdo de la cara de esa manera sexi que hace que se me empiece a poner dura otra vez.

Se muerde el labio a la vez que baja la mano a su entrepierna para acariciarse.

—¿No ibas a follarme? —me quejo.

—Antes tengo que contarte una cosa. —Enarco las cejas y él se apresura a responder—: Es sobre esa vez que no recuerdas.

Suspiro y me paso una mano por la cara.

—¿Puedes simplemente olvidarlo? Es… Dios, ya sé que fue una mierda. No necesito que me lo repitas.

—No puedo olvidarlo. —Se me acerca. Me sujeta del culo y une nuestras pollas.

Sentir su dureza golpeándome me provoca una sensación de pura necesidad visceral.

Ryder toma mi rostro entre sus manos para hacer que lo mire—.

Sí fue decepcionante, pero no por lo que crees. Y, desde luego, no fue una mierda.

—¿Decepcionante en qué sentido? Joder, no sé si quiero saberlo.

—Te corriste en cuanto me la metiste y tuve que acabar yo solo mientras roncabas. —Se encoge de hombros—. Fue decepcionante, pero, teniendo en cuenta lo borracho que estabas, creo que es comprensible.

Lo miro sin comprender.

—No lo entiendo.