Donde tú estés (Soul Finder 2) Capítulo 17
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Capítulo 17

CAPÍTULO

DIECISIETE

RYDER

Estoy sentado al ordenador, muy concentrado en una de las trampas nuevas de Apocalipsis , con la que llevamos casi tres días parando a ratos para hacer ejercicio o comer, cuando mi amigo se da la vuelta y me mira. Está pálido, cabreado y vete a saber qué más.

—No me lo digas —me burlo—. Tu alma gemela está en esos días y te toca paja solitaria esta noche.

No se ríe. Eso me hace comprender que la cosa es seria. Sus dedos amplían y reducen una foto que no consigo ver desde mi posición junto a la ventana. Intento capturar los rayos de sol, pero la cosa no pinta demasiado bien.

—¿Le ha pasado algo a su polla? ¿Hay que ir a la farmacia? ¿Levi? —lo llamo al ver que no me hace ni caso—. Te puedo prestar la mía si quieres, sigo siendo un chico libre de compromiso.

—Joder, calla. —Suelta el teléfono y se levanta. No me da tiempo a echar una mirada a la pantalla cuando se vuelve a sentar—. Se han besado.

—¿Quién se ha besado? No puedes ser tan críptico. No me he tomado mi tercer café aún.

Coge el móvil, enciende la pantalla y me lo pasa.

—Míralo tú mismo.

Y ahí están ellos. James, con su cuerpazo embutido en su ropa de gimnasio que le queda que te mueres, su pelo castaño de unos tonos más oscuro que de normal pegado a la frente por el sudor, se halla arrinconado contra las taquillas.

Delante de él, con una mano junto a su cara, un Owen que parece que esté a punto de…

Mejor ni lo pienso. Levanto la mirada hacia mi amigo.

—¿De dónde sale esto?

—Del grupo LGTB del gimnasio. No tenía ni idea de que me habías metido, joder. Todos están hablando del temita.

—¿Y te han dicho que se han besado?

Miro la pantalla. No quiero pensar en besos, porque no hay beso.

Solo dos personas, amigos, en una posición bastante comprometida.

Me arde todo por dentro. Jamás pensé que sentiría celos por alquien, pero odio la manera en que Owen se le acerca en la foto casi tanto como odio la mirada desafiante de James; con sus labios gruesos y ese pequeño hoyuelo que se le forma en la barbilla cuando se concentra.

Y, joder, parece concentradísimo en Owen.

Lo tiene a punto de caramelo. ¿Cuánto habrá soñado con tenerlo así, a nada de besarlo? Mierda.

Miro a Levi, su gesto entre cabreado y dolido, y luego vuelvo a mirar a Owen.

No se le ve la cara, pero me la conozco a la perfección.

Tengo un puto máster en Owen Langston y sé que jamás ha mirado a James como algo más que un amigo, hermano, o lo que sea.

Y es gracioso, porque yo sí he mirado a Levi de manera obscena.

Pero si hasta me lo he tirado… De ahí sus celos absurdos.

Que no por absurdos tienen menos de reales.

Él puede estar celoso de mí, y con razón, pero nadie que lo conociera sentiría celos de cómo mira a James, porque nunca lo ha mirado así, como mira a Levi.

Como si el puto mundo empezara y acabara en él.

Y puede que la foto me ponga celoso a rabiar, pero no voy a dejar que Levi se monte películas y lo pase mal por una tontería. Sea lo que sea que los haya llevado a ponerse en esa posición, no hay motivo para dudar.

—No te montes pelis.

—Sabía que esto pasaría, ¿sabes? Tarde o temprano, James haría algo. Demasiado silencio no es bueno.

—¿James? —Miro la foto—. Creo que te equivocas. Según la perspectiva, el que pretende hacer algo es tu Owen. El pobre James está intentando mantener el tipo. ¿Cuánto dices que lleváis sin echar un polvo?

—No tiene gracia.

—Puede que solo lo estuviera oliendo. James huele muy bien cuando suda, aunque me meta con el por eso.

Es… un subidón de feromonas tremendo. Me pone mucho.

Venga, vale. No creo que sea eso. Fijo que a Owen le gusta más tu olor.

A mí no, la verdad. Pero claro, tengo más compatibilidad con James que contigo.

La compatibilidad influye en cierta manera, ya lo sabes.

—Sé lo que intentas. Quieres distraerme.

—Quiero que dejes de pensar tonterías. La foto es una mierda.

Bueno, vale, no es una mierda. Es un fotón.

Me la cascaría si no fuesen tu novio y mi follamigo .

No me mires así, están tremendos, eso no lo puedes negar.

Y vale que te haga pensar en cosas en las que no debes pensar, pero no hay nada entre ellos.

Owen te adora. Me cae mal y me pone de mala hostia su actitud de don perfecto, pero te adora.

Y ese es el motivo por el que me meto con él.

Porque puedo, porque sé que le molesta la idea de que te haya tocado.

Casi tanto como te molesta a ti esta foto.

—Me molesta más —replica.

—La cuestión es: ¿confías en él?

—Sí —admite sin pensárselo.

—¿Crees de verdad que se han besado? ¿Que te engañaría así?

—No. Claro que no. Es… mi alma gemela —murmura con una sonrisa que borra cualquier preocupación de su cara.

—Tu alma gemela —digo yo casi a la vez.

Pero a mí la sonrisa no me sale. Porque yo sí veo la mirada de James en la foto.

Porque James sí siente cosas, porque James sí lo habría besado.

De eso no tengo dudas. Porque James puede tener una alta compatibilidad conmigo, pero nunca seremos almas gemelas.

Eso me duele, y me molesta, más de lo que quiero admitir.

Al final, todo se resuelve sin demasiada ceremonia, pero sí con mucha sinceridad.

Owen entra en casa de Levi con una bandeja de dulces de la cafetería de sus padres gritando a pleno pulmón lo indignado que está por la foto que le han sacado cuando estaba teniendo una conversación transcendental con su mejor amigo.

Suelta un rollo aburridísimo sobre la importancia de la privacidad y lo poco que la valoran algunos.

Termina su perorata explicando que ha salido del grupo de chat del gimnasio y que le ha pedido a James, y al padre de James, que tomen cartas en el asunto y se encarguen de llamarles la atención.

Luego, tras mirarme con una sorpresa que no logro entender, ha desviado la vista hacia Levi, que se ha mantenido muy callado durante toda la explicación que nadie le ha pedido pero que don perfecto ha brindado muy noblemente, y le ha comido la boca a su chico; así, a lo loco y sin preámbulos.

Es ahí cuando me he ido. Puede que me ponga ver a dos tíos dándolo todo, pero no si uno de ellos es mi mejor amigo y el otro su alma gemela que a la vez es el amor de la vida de mi… lo que sea.

Terminamos con Apocalipsis bien entrada la madrugada y estamos tan agotados que la adrenalina no se me va del cuerpo ni con media hora de carrera intensiva ni con una paja que acaba demasiado rápido.

Normalmente tardo más, pero la imaginación y el cansancio no son buena combinación y ni siquiera logro disfrutarla.

Necesito sexo del bueno, del compartido.

¿Cuándo fue la última vez? Me levanto tarde y le prometo a Levi que me encargaré de Soul Finder ese día para que pueda hacer vida de pareja.

Cuando entro en la aplicación, tengo un mensaje de James; que me entre él así de la nada es un hito. No sé si marcarlo en el calendario.

Detective Marciano: No tengo tu teléfono.

El Espectro: ¿Es una indirecta para que te lo dé o es algo solo a título informativo? Porque no me quedan claras tus intenciones.

Detective Marciano: Estuve en tu casa. No sé si te lo ha dicho tu madre.

El Espectro: Pues no. ¿Por qué estuviste en casa de mis padres exactamente?

Detective Marciano: Es bonita. No te imaginaba viviendo en un lugar así.

El Espectro: ¿Sin banderas del arcoíris, dices? Sigo siendo un gay orgulloso de serlo, aunque creciera en una casa aburrida. No todos somos Owen ni tenemos a sus maravillosos padres.

El Espectro: No lo digo con acritud. Me gustan muchísimo los padres de Owen y en mi próxima vida me encantaría tener dos como ellos. O uno, sí. Con uno me conformo.

Detective Marciano: Tu hermano parecía simpático. No hablamos nada, pero me dio esa impresión.

El Espectro: Es un poco tímido, pero es el mejor.

El Espectro: Bueno, Archer también, pero ya no vive en casa. Creo que te lo he dicho.

El Espectro: ¿Por qué fuiste a mi casa?

Detective Marciano: No tenía tu teléfono y sabía que vivías cerca de Owen. Y como hacía días que no venías al gimnasio ni a mi casa…

El Espectro: ¿Estabas preocupado? ¿Por mí?

Detective Marciano: ¿Dónde estás ahora?

El Espectro: En casa de Levi.

Detective Marciano: ¿En fin de semana?

El Espectro: No es fin de semana si te dedicas a lo que nos dedicamos nosotros.

Detective Marciano: ¿Está Owen ahí?

El Espectro: ¿Crees que me importa?

Detective Marciano: Lo digo porque suele quedarse los fines de semana.

El Espectro: Sé por qué lo dices. Y mira, tío, esta casa es supergrande. Tu amorcito puede estar echando el polvazo del siglo y no lo escucharía. Así que puedes estar tranquilo, que a tu precioso Owen ni lo veo cuando me quedo aquí.

Detective Marciano: No lo decía por eso.

El Espectro: Vi tu foto, por cierto. La he descargado para hacerme pajas con ella.

A Levi no le hizo mucha gracia, claro. El pobre no tiene tanto sentido del humor ni es tan abierto como yo.

La próxima vez podríais cortaros un poco.

Digo, hay baños con puertas. Me has visto usarlos.

Hasta me has echado por eso, te recuerdo.

Detective Marciano: Sabes bien que no pasó lo que la gente dice y cree que pasó.

Foto adjunta.

El Espectro: Han pasado un par más por él grupo del gimnasio. Fíjate en la última. Os estáis rozando los labios.

Detective Marciano: Es la puñetera perspectiva y lo sabes. Nunca pasará eso entre nosotros.

El Espectro: Por supuesto, pero soñar es gratis, ¿verdad? Y con fotos así…

Detective Marciano: Para ya, joder.

El Espectro: La puedes pegar a la pared y rezarle por las noches. No sé. Hay tantas posibilidades…

Detective Marciano: ¿Vas a darme tu número o no?

El Espectro: Pues no. No le doy mi número a los tíos random con los que me enrollo. Además, ¿para qué lo quieres? Ya eres un experto en hacerme el vacío por aquí. No necesito que me lo hagas también en mi teléfono personal.

Detective Marciano: ¿Tíos random? ¿En serio? Cenas y duermes conmigo varios días por semana.

El Espectro: Superrandom. Y lo peor es que ni siquiera follamos. Las mamadas y las pajas a medianoche no cuentan.

Detective Marciano: Vete un poco a la mierda, Ryder.

El Espectro: Ya estoy ahí.

Detective Marciano: ¿Por qué eres así?

El Espectro: ¿Así cómo?

Detective Marciano: Impertinente. Críptico.

Detective Marciano: Y sí. Estaba preocupado por ti, por eso fui a tu casa. Por eso le pedí a Owen que hablara con Levi para que le diera tu teléfono. Pero resulta que tu amigo no le da tu teléfono a nadie sin tu permiso, ni siquiera a su alma gemela.

Detective Marciano: Fuiste un gilipollas en la fiesta y lo eres cada vez que hablas conmigo. Es como si llevaras siempre una armadura y una espada con la que te encargas de asestar el primer golpe; no vaya a ser que te la claven a ti.

El Espectro: Voy a evitar chistes sobre espadas en honor al tono serio de la conversación, pero que sepas que me lo has puesto a huevo.

El Espectro: Porque no fui yo quien asestó el primer golpe. Ni el segundo. Ni el tercero. Ni el cuarto.

Detective Marciano: Ryder, coño, deja de llevarlo todo al terreno sexual.

El Espectro: Es el único terreno donde nos caemos bien, encajamos y todo eso.

El Espectro: Y te recuerdo que llevo armadura porque, de lo contrario, ni siquiera estaría a tu nivel. Necesito defenderme. Soy bueno, no masoquista.

Detective Marciano: Eso no es verdad.

El Espectro: Nadie que no sea Owen está a tu nivel. Eso sí es verdad.

Detective Marciano: Vale, yo también soy gilipollas contigo. Pero es que me cabreas. Pasas de cero a cien y a veces no logro seguirte el ritmo. Haces como que todo te da igual, y sé que no es así. Incluso ahora. Sé que lo único que quieres es que te deje de hablar y necesito saber por qué.

Detective Marciano: Me gustaría entrar en mi casa y no estar pensando en si te voy a encontrar o no haciendo la comida, o en si te encontraré en mi cama y tendré que dormir en el suelo.

El Espectro: Ya veo.

Detective Marciano: ¿Qué ves? Porque yo no veo nada. Me haces subirme a una montaña rusa y ni siquiera me dejas ponerme el cinturón de seguridad. Yo no soy así.

El Espectro: No tienes que preocuparte. No iré a tu casa ni intentaré nada contigo. Tampoco volveré al gimnasio. ¿Te parece? No tienes que preocuparte más por mí.

Detective Marciano: Joder, Ryder. Pero ¿qué dices?

El Espectro: Que no tienes que preocuparte más por mí. Eso es lo que digo.

Detective Marciano: ¿Crees que me preocupa que vengas? ¿Que no quiero que lo hagas? Por Dios, Ryder.

Detective Marciano: Toda esta mierda solo consigue que me preocupe. Y que me cabree aún más. No sé qué te pasa, pero eres más que un tío cabreado y volátil. Eres el tipo que me lleva la contraria y no solo se mete en mi cama, sino que me obliga a escuchar cómo se hace pajas.

Detective Marciano: Dime qué te sucede, por favor. Pensaba que sería por la foto, pero ya estabas raro desde antes.

El Espectro: ¿La foto? No te creas tan importante. El único motivo por el que me afectaría la foto es que le harías daño a Levi. Muchísimo. A mí me da igual con quién te líes o de quién te enamores. No tenemos nada. Así que deja de preocuparte. Yo haré lo mismo.

Detective Marciano: ¿Y ya está? ¿Eso es lo que quieres?

El Espectro: Estoy cansado. ¿Tú no?

Detective Marciano: ¿Cuando dices que estás cansado te refieres a mí?

El Espectro: Estoy cansado de todo, James. Tú estás dentro de ese «todo».

Detective Marciano: Bien.

El Espectro: Bien.

El Espectro: Tengo un recuerdo de mi infancia, ¿sabes?

Con cinco años. En la playa. A mi madre no le gustaba mucho, pero convencía a mi padre para que nos llevara porque siempre se lo pedía.

Archer era más pequeño y se quedaba con mi padre.

Y yo corría y corría y corría mientras mi madre se aseguraba de que estaba a salvo.

Me metía en el agua sin miedo, porque sabía que ella estaba ahí y me protegería.

Luego crecí y un día me di cuenta de que ya no tenía a nadie que me salvara.

Si me hundía, tendría que nadar para salir a la superficie.

Aprendí a hacer las cosas por mi cuenta, a no necesitar a los demás. Pero es una puñetera falacia.

Detective Marciano: ¿Qué es una falacia?

El Espectro: Siempre necesitas a alguien. La soledad no es bonita.

Detective Marciano: ¿Estás bien? ¿Por qué me cuentas eso?

El Espectro: No quiero que vuelvas a ir a mi casa.

Detective Marciano: ¿?

El Espectro: Tengo que irme. Nos vemos.

El Espectro: O no.