Capítulo 14
CAPÍTULO
CATORCE
RYDER
—Caramelito —le digo a Levi con ese tono meloso que tanto detesta—. ¿Me explicas otra vez por qué tengo que ir al cumpleaños de tu alma gemela? Que yo sepa, no me soporta.
—¿Y por qué será? Si dejaras de llamarme por nombres ridículos y de intentar provocarlo, a lo mejor te llevarías mejor con él.
—No intento provocarlo, lo consigo —lo corrijo—. Y es que es muy facilón. Me extraña que tardaras tanto en llevártelo a la cama.
—¿Puedes, por favor, leer la lista que tan amablemente me ocupé de redactar a mano?
Resoplo mientras él fulmina a cualquier transeúnte que lo haga detenerse en los pasos de peatones. Qué pereza más grande. Abro la hoja que descansa en mi regazo y veo cómo mi amigo aprieta el volante cuando me río nada más empezar.
—¿Sonreír? ¿En serio? Soy todo sonrisas.
—Sonreír y reírse son cosas distintas —replica—, y tú sueles reírte de él la gran mayoría de las veces.
—Es su cumpleaños, y vamos a la cafetería de sus padres. Me caen bien los Langston, sobre todo Jackson. Jamás me reiría de tu alma gemela delante de ellos.
Y es la verdad. Jackson es un tío enorme con coleta y barba recortada que, a simple vista, impone que te cagas.
Pero en cuanto te acercas a él y te sonríe, quieres adoptarlo.
Me recuerda a uno de esos gatitos que tanto adora mi vecino Mason.
También despierta otras cosas; hasta que recuerdas que es el padre de Owen y la lujuria se te baja hasta los pies.
Puaj. Y luego está su marido, Logan; guapo, más risueño y acogedor.
Como su cafetería. Recomienda libros y baila mientras sirve cafés.
El contraste no puede ser más abrumador.
—Tampoco digas que yo creé Soul Finder —continúa Levi—. Es el punto seis, si sigues leyendo. Me gustaría seguir manteniendo el anonimato.
—Te recuerdo que fue James quien se chivó de que eras el creador, no yo.
De hecho, James le había soltado a su querido Owen que Levi era el creador de la aplicación, cosa que había mantenido en secreto incluso con su alma gemela. Como era de esperar, Owen no se lo tomó muy bien y casi le cuesta la relación.
—El mismo James al que te tiras —me recuerda con amabilidad al tiempo que gira a la derecha para entrar en la calle donde se halla la cafetería—. Comportarte con él también está en la lista.
—¿Con comportarme te refieres a no meterle la lengua hasta la garganta o prefieres que simplemente ignore que lo conozco?
—No dejáis de gruñir y discutir cuando estáis juntos. Es… desesperante. Y a Owen le afecta mucho .
—Pues me alegro. Es culpa suya que James sea así.
Nos detenemos en un semáforo y mi amigo aprovecha para fulminarme con la mirada.
Me pregunto cuánto puedo apretarle las cuerdas antes de que me eche del coche.
Debería haber cogido el mío, pero es que mi madre me ha llamado para decirme que mi padre pasará unos días fuera y que puedo quedarme en casa.
Y resulta que la casa de mi familia está al lado de la cafetería.
No me esperaba la llamada; ya me había dicho que quizá mi papi querido iba a estar un tiempo sin viajar, lo que implicaba que las puertas de casa permanecerían cerradas de forma permanente para el descarriado de la familia, pero al parecer la oferta que le habían hecho era bastante suculenta y había decidido irse de la noche a la mañana.
Pensaba mandarla un poquito a la mierda, pero ha llamado justo cuando Levi y yo salíamos de casa y se ha puesto Billy, mi hermano pequeño; sonaba loco de contento con la noticia y me ha pedido que fuera pronto, preparara la cena e hiciéramos maratón de los Batman de Nolan.
Puede que mi madre ya no me inspire más que pena y decepción, pero a mi hermano lo quiero.
Haría cualquier cosa por él, incluso tragarme el orgullo.
Al fin y al cabo, llevo años haciéndolo.
Un poquito más no cambiará nada, solo abrirá viejas heridas que tendré que volver a sanar.
—No es culpa suya. Y deja de decir eso.
—No me lo digas. ¿También está en la lista? —me burlo y arrugo el papel.
Barajo la posibilidad de tirarlo por la ventana, pero soy un chico limpio y consciente con el medio ambiente, y con los barrenderos de Eeriewood, así que me la guardo en el interior del pantalón, justo por encima de la polla. Que se vea bien .
Mi amigo aparca el coche y apaga el motor. Luego se quita el cinturón y se gira a la izquierda para mirarme.
—¿Por qué eres así? Solo es una fiesta. Y ni siquiera es eso. Es más bien una reunión familiar.
—Familiar —repito con aspereza con la vista clavada en las calles tranquilas, con sus casas de dos plantas de colores suaves y sus jardines cuidados—. Qué bonito suena.
—Ryder.
Da un golpe al volante. Y tal vez no es el golpe en sí, sino todo lo demás lo que consigue terminar de cabrearme.
Claro que hablar con mi madre ha sido el detonante.
¿Por qué cojones tengo que aguantar esta mierda también con él?
Se supone que me entiende y me acepta. O lo hacía, hasta que llegó el perfecto Owen Langston.
—Si tantas normas tengo que seguir, a lo mejor no deberías invitarme. Digo, ya sabes que fingir se me da mal. Sobrevivirás a una fiesta familiar sin mí. Tampoco es que pinte nada ahí.
—Sí pintas —replica con otro golpe que me hace dar un ligero respingo—. Eres mi familia. Así que pintas, pintas todo lo pintable.
Lo miro a los ojos y enseguida me siento fatal.
—No quiero ir —admito.
—No seas crío.
—Tu novio no quiere que vaya.
—También intento que deje de comportarse como un crío. Sois… Joder. Os lleváis mal porque os parecéis. Tenéis un setenta y nueve por ciento de compatibilidad. Lo has visto, ¿no?
—Calla, qué horror. No me fijo en la compatibilidad que tengo con tu alma gemela. Antes me imagino follándome a la Cosa del Pantano que a tu novio.
—No es para que te lo imagines —replica con un tono de indignación que me haría reír si no siguiera tan frustrado—. Es para que te des cuenta de que os lleváis mal porque queréis y que ese pique estúpido tiene que acabar.
—No voy a hacerle caso a la lista. —Me miro el bulto en la entrepierna y me río, muy a mi pesar. Parece que tengo una erección.
Mi amigo sigue la dirección de mi mirada y resopla.
—Pero tampoco intentarás tocarle los huevos. Para eso tienes a James. Seguro que él sí se deja.
—¿No habíamos quedado en que no podía acercarme a él?
—El problema no es acercarte a él y lo sabes. Además, ¿no se supone que no ibas a hacerle caso a la lista? —me pica.
Le saco la lengua. Él se ríe y menea la cabeza.