Capítulo 13
CAPÍTULO
TRECE
JAMES
—Estamos solos —matiza al cabo de un rato.
Ya hemos estirado, nos hemos colocado las vendas y nos encontramos dentro del ring . Ryder lleva un rato mirando a su alrededor como si un fantasma fuera a atravesar las paredes en cualquier momento.
—Qué perspicaz.
—No me lo digas. —Me señala con un dedo—. Traes aquí a tus ligues. ¿Por eso te molesta que me líe con alguien por las mañanas? ¿Tienes algún código, algún horario concreto donde está permitido? ¿Me has traído para eso?
—Calla, anda. —Le lanzo los guantes y procedo a ponerme los míos—. Si quisiera enrollarme contigo, me hubiera quedado donde estaba: en una cama.
—Nunca lo he hecho con los guantes puestos. —Se pasa la lengua por el labio inferior—. En serio, ¿te traes aquí a tus rollos? ¿Chicas? ¿Chicos?
—No follo donde como, si es lo que me estás preguntando.
Ryder resopla y me mira con una intensidad que me incomoda.
—Venga, suéltalo ya —lo animo.
—Estaba pensando en ese rollo de las almas gemelas.
Me río. Si al final tendrá razón Owen y estamos hechos el uno para el otro. No puede ser que los dos hayamos estado pensando en lo mismo.
—¿Y qué te ha hecho pensar en eso?
—Tú —contesta con sinceridad—. Lo guapo que eres.
Lo bien que encajamos en el aspecto sexual.
Es raro. Nos conocimos en persona sin saber que ya hablábamos por la aplicación.
¿Cuánto hace de eso? Más de un año. Eres la relación más larga que he tenido.
Eso me provoca ternura. —Observo cómo mide el peso de los guantes y flexiona su cuerpo.
Joder, ¿que yo soy guapo? Vale, no estoy mal, y trabajar en el gimnasio me ha dado la oportunidad de tener un cuerpo que me gusta, pero la belleza de Ryder va más allá del cuerpo.
Es… esa forma de moverse, como un gato salvaje, perfecto, sexi a rabiar, seguro de sí mismo y hasta el culo de una cafeína que en realidad no consume.
A su lado el resto del mundo parece torpe y fuera de lugar.
Podría tener a quien quisiera y, en cambio, está aquí, con alguien con tan poca gracia como yo.
—¿Ternura?
—Eres tierno. En tu casa lo eres. Es cuando te relajas. Como si atravesar la puerta de la entrada fuese una especie de Narnia. Bajas la guardia, ¿sabes?
—¿Por eso te aprovechas?
—¿Me aprovecho? —Su gesto se tuerce en una mueca que no me gusta nada—. ¿Quedándome en tu casa, dices?
—Me refiero a metiéndote en mi cama. Las pajas y todo eso. —Nada más decirlo, me arde un poco la cara. Mierda. Como si fuese un puto novato o no me conociera cada centímetro de su cuerpo.
—Te gusta que lo haga. No puedes negarlo.
—No lo he hecho.
—Dime una cosa.
—Paso, es hora de empezar. —Doy un golpe con los puños, cansado de tanta palabrería.
—Me has traído para evitar que follemos. Niégalo.
No lo hago. Negarlo es una estupidez.
—Ja, lo sabía. —Me señala con un puño enguantado—. Soy una puñetera tentación para el perfecto James Wilson, eternamente enamorado de su mejor amigo. Me gusta.
—No te gustará tanto cuando te estampe el puño en la boca.
—Prefiero que me estampes otra cosa. —Me guiña un ojo y yo pongo los ojos en blanco.
Me abalanzo sobre él en cuanto se termina de poner los guantes.
Se acabaron las conversaciones. Los siguientes minutos consisten en dar y esquivar.
Es la primera vez que hago esto con él fuera de una cama.
Somos dos cuerpos en movimiento que se entienden a la perfección.
Me gusta cómo mantiene el tipo cuando ambos sabemos que no está a mi altura.
Sonrío. No pienso darle tregua. Un par de ganchos y un uppercut directo al mentón y lo tengo en el suelo.
Suelta un gruñido y golpea la lona con rabia.
—Se acabó, no hace falta que te molestes en contar. No pienso levantarme. —Apenas consigue respirar y tiene que coger aire antes de añadir—: Espero que te hayas quedado a gusto.
—No tanto —admito cuando mis ojos se desvían a sus piernas estiradas, semidesnudas. Joder. ¿En qué momento llegué a pensar que esto sería buena idea?
Vale, necesito una ducha. Y una paja. Me acerco para comprobar que está bien cuando me barre los pies con los suyos y me caigo al suelo de espaldas. Enseguida tengo su metro ochenta y cinco encima de mí. Sus caderas contra las mías, sus brazos presionando los míos, su boca pegada a mi cuello.
—Vaya, vaya. Estás duro —me susurra arrastrando los labios a la vez que restriega nuestras pollas.
Los dos gemimos y nos movemos buscando la deliciosa fricción—.
Dime que no me has traído para esto —me susurra a la vez que arrastra los labios por la curva de mi cuello—.
Dime que me aparte. Dime que no llevas intentando evitarme desde que follamos la última vez.
—No intento evitarte —aseguro con la voz ronca mientras disfruto del calor de su cuerpo y esa manera que tiene de lamerme como si mi piel estuviera recubierta de una película exquisita y quisiera arrancármela a lametones. Joder.
—Ah, ¿no? —Se aparta un poco para mirarme. Sus ojos están empañados por el deseo, su pecho sube y baja, sus manos tiemblan enguantadas sobre las mías.
—¿Me ves resistirme? —pregunto, moviendo un poco los brazos por debajo de los suyos.
Ryder sonríe. Enseguida cubre mis labios con los suyos.
No tengo remedio. Eso pienso cada vez que me besa, que no hay puto remedio.
Su cuerpo es duro y está caliente, nada que ver con las curvas suaves a las que estoy acostumbrado.
No es la primera vez que estoy con un chico, pero con Ryder siempre me siento como si lo fuera.
Owen no hace acto de aparición en mi cabeza; pero sí lo ha hecho en el resto de ocasiones en las que me he liado con chicos.
Ryder ocupa tanto espacio, con su fuerza y esa sonrisa pecaminosa, que es imposible que haya sitio para nadie más.
Se mete dentro de mí, en mi cuerpo, en mi mente y más adentro.
La sensación de su lengua penetrándome la boca, enredándose en un baile donde ninguno de los dos sabe bien donde poner los pies me hace gemir y buscar su contacto. Ahora sí que intento soltarme. Necesito tocarlo, sentir su piel. Necesito…
—Me muero por follarte —me susurra y yo me quedo inmóvil pensando en la última vez. Mi primera vez con un chico… de esa manera.
—Dijiste que no te había gustado —le recuerdo.
—Mmm. —Me mordisquea la mandíbula mientras empuja las caderas una y otra vez. Y yo me derrito, o lo haría si dejara de pensar en esa noche, en todo lo que no recuerdo.
—Era mi primera vez.
—No me digas —ronronea. Mueve las caderas con una cadencia enloquecedora. Nuestras pollas se frotan, se empujan y buscan el contacto con la otra casi con desesperación.
—Lo era. Como pasivo, me refiero.
Mierda. Como vuelva a hacer eso de subir y bajar con tanta rudeza me correré en los pantalones. La última vez que me pasó algo así tenía quince años y estaba viendo porno heterosexual con Owen cuando acababa de descubrir que me gustaba.
—Pasivo —repite con un tono socarrón que no me gusta nada—. Qué feo suena. Así que eres ese tipo de tíos que le da importancia al quién se folla a quién.
—Los roles siempre han existido .
—Pues son una mierda, y no me gustan. —Me muerde y succiona el cuello más fuerte de lo habitual, como si quisiera marcarme, y yo me estremezco y giro un poco la cabeza para darle mejor acceso.
Me gusta que sea rudo, casi tanto como me gusta el Ryder tierno y complaciente.
Lo que no me gusta es hacia dónde va dirigida la conversación—.
Me gusta que me follen y me gusta follar.
Me gusta el sexo. Lo de pasivo o activo me lo paso por la punta de la polla, y tú deberías hacer lo mismo.
—Separa los labios de mi piel para mirarme—.
¿Te crees menos hombre por que te haya follado?
Evito su mirada. La erección se me baja un poco y creo que la suya también.
Tal vez sea mejor así. Tenemos que dejar de hacer esto.
Sea cual sea el juego en el que nos hemos metido, es hora de parar.
No solo por nosotros, sino por Owen y Levi.
Cualquier cosa que hagamos terminará afectándoles de alguna manera. Es inevitable.
—Quítate de encima, Ryder.
—¿Por qué? Estaba a punto de explicarte cómo me suplicabas que te la metiera aquella noche. Apostaría cualquier cosa a que no pensaste en roles entonces. ¿Es porque soy yo o porque te reservabas para Owen?
La burla en su voz consigue que me tense y el rubor me suba por el cuello hasta la punta de las orejas.
Pero ¿qué cojones se cree? Lo peor es que acaba de dar en el clavo.
Sí, esperaba por Owen. Siempre he esperado por él.
Todas las primeras veces, quería que fuesen con él.
Hasta que llegó Ryder y todo se fue a la mierda.
Debería odiarlo y en su lugar aquí estoy, debajo de su cuerpo, ansioso por que deje de hablar y me haga correrme bien fuerte.
—Joder, sí que es eso —dice en un murmullo que tiene tanto eco que cualquiera diría que lo ha gritado.
Entonces se aparta. Casi se arranca los guantes para quitárselos mientras yo me tomo mi tiempo.
Parece nervioso, como aquella vez que recibió una llamada antes de ir a mi casa por primera vez, o cuando lo rechacé en el coche.
Mierda. Lo he fastidiado todo y me siento fatal.
No debí traerlo aquí. Tendríamos que habernos quedado en casa, hacernos una paja y dormir.
Complicar lo nuestro es un error. Aun así…
Dios, no soy capaz de dejar de mirarlo. Sé que quiere decirme algo.
Yo también quiero. Pero la voz no me sale y decido que es mejor que nos demos una ducha y volvamos a casa.
A ello vamos cuando me tropiezo al bajar del ring y me cago en la puta.
—Joder.
—¿Estás bien?
No contesto mientras cojeo en dirección al baño. Entonces lo siento. Mierda. Me quedo quieto. Intento cambiar la posición, pero es inútil. Tengo un puto tirón en la pierna derecha, de los fuertes.
—Ay, mierda —mascullo cuando el dolor consigue que me doble en dos.