Capítulo 3
CAPÍTULO
TRES
RYDER
El Espectro: Ya he llegado a casa, por si estabas preocupado por mí.
El Espectro: Tienes una familia guay, ¿sabes?
El Espectro: Me ha gustado pasar tiempo con ellos. Son… normales.
El Espectro: Ya sé que por aquí no eres el más dicharachero.
El Espectro: Bueno, ni por aquí ni en la vida real, pero intento darte las gracias. Un momento de tregua y todo eso.
El Espectro: No somos dos desconocidos. Hemos follado, te recuerdo.
El Espectro: Nuestros mejores amigos son novios. Eso casi nos convierte en amigos.
El Espectro: O no.
El Espectro: Solo quería disculparme. No debí gritarte como lo hice. De haber sabido que te dolería hasta el punto de empezar a sangrar de esa manera…
El Espectro: Uf, no puedo con la sangre.
El Espectro: Eres encantador cuando no hablas, ¿lo sabías? Más conversaciones así, por favor.
Detective Marciano: No te equivoques, imbécil. Ya te dije que sufro hemorragias nasales desde que era un crío. No fue por ti.
El Espectro: Vaya, ¿seguimos de mal humor? ¿Problemas de pareja?
El Espectro: Tus padres mencionaron que hace tiempo que no ves a tu novia.
El Espectro: Novia que mantienes un poco en secreto, ¿no? ¿Es del MI5 o qué?
El Espectro: Quizá por eso tienes esa mala leche. ¿Qué pasa, que hace mucho que no mojas el churro?
El Espectro: Me gustó tu foto de bebé, por cierto. Me alegra saber que te ha crecido la polla, aunque de cerebro no andes muy allá.
Detective Marciano: No creo que seas el más indicado para hablar del cerebro de los demás. Eres muy tonto, Ryder; muy tonto.
El Espectro: Sí, sí, muy tonto, quizá por eso sueles meterme el rabo en la boca para callarme. Como técnica es infalible, desde luego. Por cierto, ¿de verdad no recuerdas nada de la última vez? Jo, para una vez que te follo…
El Espectro: Volvemos a las charlas silenciosas con el James simpaticón y agradable. Me matas de amor.
El Espectro: En fin. Tendré que hacerle un repaso a la aplicación.
No me trago que tengamos un noventa y seis por ciento de compatibilidad.
Un diez nos daría yo. Y eso es solo porque a los dos nos gustan los personajes raros de DC que no le importan a nadie.
Y Watchmen. Y los villanos más oscuros. Y jugar a Apocalipsis.
Y los combates de boxeo antiguos y… Bah, paso.
Detective Marciano: Mira. No es nada personal. Me cae mal el noventa y nueve por ciento de la población.
El Espectro: Imagino que eso no incluye a Owen. Qué obvio eres.
Detective Marciano: Owen tampoco me cae demasiado bien. No tiene que caerte bien alguien para quererlo o dejar de hacerlo, si es lo que me vas a preguntar.
Detective Marciano: Y deberías aprender a meterte en tus puñeteros asuntos. Que hayamos follado no te da derecho a meterte en mi vida.
Detective Marciano: Deberíais añadir algún modo de bloquear a gente pesada en esta app.
Lo añadiré al buzón de sugerencias, y de paso reclamaré lo descabellado que me resulta el hecho de que los administradores se dediquen a usar la información personal de los usuarios.
Eso viola la protección de datos, por si no lo teníais claro.
El Espectro: Levi no violó nada, enterado. Sé que te refieres a él. Y a cómo consiguió localizar a Owen. Hizo preguntas y tu amiguito respondió. Así fue como dio con él. No hay muchos cafés librerías con dueños gais en Eeriewood. Era muy obvio.
El Espectro: Y, por cierto, se puede bloquear a usuarios. A los que quieras. Pero ten en cuenta que yo no soy un usuario cualquiera. Soy el Espectro. A mí no me puedes bloquear.
El Espectro: Yo a ti sí te puedo echar de la app, ¿sabes? Y lo haré como no me dejes entrar al gimnasio mañana.
El Espectro: Sé que me estás leyendo. Te veo conectado.
El Espectro: De veras que me gusta mucho este James silencioso. Ojalá lo dejaras salir más en la vida real.
El Espectro: Ahora que lo pienso, en el sexo también lo eres. Te contienes un montón. ¿Es por vergüenza o es una de tus manías raras, como la de desinfectar dos veces todos los aparatos del gimnasio antes de usarlos o comprobar que los condones no están rotos? Me he fijado.
El Espectro: Y que sepas que no eres igual de silencioso cuando te meto la polla hasta el fondo. Una pena que no te acuerdes.