Donde tu corazón me encuentre (Destinadas a las Highlands 1) Epílogo 1
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Epílogo 1

Fortaleza de Kinlocheve, propiedad de la corona y custodiada por el clan MacKay.

Daziel MacKay

Terminé de leer la última carta de Rose con una sonrisa que no pude evitar.

Aquella mujer escribía exactamente igual que hablaba: demasiado, saltando de un tema a otro sin orden alguno y consiguiendo, de algún modo, que todo tuviera sentido al final.

Me apoyé contra el respaldo de la silla mientras observaba la hoja entre mis manos.

La pequeña Sìne ya tenía cuatro meses. Cuatro. Me costaba creerlo.

Rose había llenado varias páginas describiendo cada uno de sus avances. Que si sonreía más. Que si empezaba a reconocer voces. Que si Brett estaba convencido de que la niña tenía su carácter y Rose aseguraba que aquello era una desgracia para toda Escocia.

Solté una carcajada.

Los echaba de menos. Mucho más de lo que estaba dispuesto a reconocer.

Doblé la carta con cuidado y la dejé junto a las demás. Mi despacho permanecía en silencio salvo por el crepitar del fuego. Fuera, el viento golpeaba las ventanas de la fortaleza.

Odiaba aquel lugar. Odiaba aquellas tierras.

Durante años habían representado todo cuanto había perdido. Todo cuanto había sufrido. Y ahora gobernaba sobre ellas por voluntad del rey. Era una broma cruel del destino. Pero el rey así lo había ordenado. Y mi deber era obedecer.

Suspiré mientras alargaba la mano hacia la siguiente carta de la pila. Sin embargo, en cuanto mis ojos se posaron sobre la escritura, me detuve. Reconocí aquella letra al instante. Era irregular, algo temblorosa e inconfundible. La de mi madre.

Desde la desaparición definitiva de la amenaza Ross había recuperado la libertad de visitarme y escribirme cuando quisiera. Brett incluso le había ofrecido regresar a vivir a la fortaleza.

Ella se había negado.

Por supuesto.

Según sus propias palabras, las paredes de piedra nunca habían sido su hogar. Su hogar era el bosque, los árboles, los ríos, y el condenado viento.

Y nadie en Escocia era tan testarudo como mi madre.

Rompí el sello y desplegué la carta. Apenas ocupaba media página, algo poco habitual tratándose de mi madre.

Comencé a leerla y, conforme avanzaba por las primeras líneas, una profunda sensación de desconcierto empezó a instalarse en mi interior.

Cuando llegué al final, regresé inmediatamente al principio y la leí de nuevo.

Después una tercera vez, más despacio todavía.

Porque, por mucho que repasara aquellas palabras, seguía sin estar completamente seguro de haber entendido lo que acababa de leer.

Hijo.

Tu destino ya se aproxima.

La próxima luna llena debes acudir al lugar donde apareció la muchacha de otro tiempo.

Ve solo. No faltes.

Si ignoras estas palabras podrías arrepentirte durante el resto de tu vida. No puedo explicarte más. Todavía no. Pero el río volverá a entregarte aquello que te pertenece.

Confía en mí.

Madre."

Permanecí inmóvil varios segundos.

Aquello era absurdo. Completamente absurdo. Sonaba exactamente al tipo de mensaje extraño que ella llevaba enviándome toda mi vida.

Sin embargo... Había algo diferente. Algo en aquellas palabras que hizo que un escalofrío me recorriera la espalda. Mi madre nunca utilizaba aquel tono. Y sentí que podía hablar en serio.

Doblé la carta lentamente. La guardé dentro de mi jubón. Y me puse en pie.

Quizá no creyera en presagios ni en destinos inciertos, pero sí creía en mi madre. Y eso bastaba.

Abandoné el despacho y descendí las escaleras de piedra hasta el patio principal. Los soldados entrenaban entre el barro. Las espadas chocaban y los caballos relinchaban.

Localicé a mi segundo al otro lado del patio.

―Munro.

El hombre levantó la cabeza, y después caminó hacia mí mientras se limpiaba el sudor de la frente.

―Mi señor.

Se detuvo y me observó durante unos segundos.

Demasiados segundos.

―Tiene mala cara.

―Gracias.

―Era una observación, no un cumplido.

Bufé.

Él sonrió.

―¿Ocurre algo?

Negué con la cabeza. No tenía intención de explicarle aquella carta. Ni a él. Ni a nadie. Porque ni siquiera yo entendía lo que significaba.

―No.

Lo observé unos instantes.

Luego señalé el círculo de entrenamiento.

―¿Tienes tiempo?

Una sonrisa apareció inmediatamente en su rostro.

―Siempre.

Desenvainé la espada.

―Bien.

―¿Necesita descargar frustración?

―Probablemente.

―Perfecto. Llevo semanas esperando esta oportunidad.

Sacudí la cabeza.

―Hablas demasiado.

―Entonces dejaré que hable mi claymore .

Nuestras espadas chocaron un segundo después. El acero resonó por todo el patio.

Los hombres cercanos comenzaron a apartarse. Algunos incluso apostaron. Como siempre.

Ataqué primero.

Munro bloqueó.

Volví a atacar.

Y durante unos minutos todo desapareció. Pero incluso mientras luchábamos, una parte de mi mente seguía regresando a aquellas palabras.

«La próxima luna llena» «El lugar donde apareció la muchacha de otro tiempo» «El río volverá a entregarte aquello que te pertenece».

No sabía qué significaba. No sabía qué iba a encontrar allí. Pero tuve la extraña sensación de que algo estaba a punto de cambiar.

Y cuando mi espada chocó contra la de Munro una vez más, comprendí que estaría esperando la llegada de aquella luna llena con más impaciencia de la que jamás admitiría.