Donde tu corazón me encuentre (Destinadas a las Highlands 1) Epílogo 2
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Epílogo 2

Stratford-upon-Avon,

Un año después de la desaparición de Rose…

Chloe Finner

Había regresado a aquel lugar tantas veces que ya había perdido la cuenta.

A veces lo hacía una vez al mes, otras dos, y en las fechas señaladas nunca faltaba: el aniversario de su desaparición, su cumpleaños o la Navidad.

Cualquier motivo era suficiente para volver a aquel rincón junto al río, porque me negaba a aceptar la versión oficial.

La policía había cerrado el caso hacía meses y parecía convencida de que ya no quedaba nada por investigar, pero yo seguía sintiendo que había demasiadas preguntas sin respuesta y que la verdad sobre lo que le había ocurrido a Rose estaba muy lejos de haber salido a la luz.

Según ellos, todo apuntaba a un suicidio.

Rose había abandonado su trabajo poco antes de desaparecer, había dejado varias cosas pendientes y su coche había aparecido estacionado junto al río Avon.

Como jamás encontraron su cuerpo, llegaron a la conclusión de que se había arrojado a las aguas y que la corriente se lo había llevado.

Para la policía el caso estaba cerrado, y no parecían interesados en contemplar ninguna otra posibilidad.

Sin embargo, yo conocía a Rose mejor que nadie y sabía que jamás habría tomado una decisión así.

Su madre pensaba exactamente lo mismo. Ninguna de las dos había conseguido creer aquella versión ni una sola vez, por muchas veces que intentaran imponérnosla como la única explicación posible.

Aquella mañana el cielo permanecía cubierto por una fina capa de nubes grises y una ligera brisa recorría la ribera. Caminé despacio por el viejo puente de madera que atravesaba el río, escuchando el sonido constante del agua bajo mis pies.

El mundo continuaba avanzando mientras para nosotros todo parecía haberse detenido. Cuando llegué al centro del puente me detuve. Contemplé las flores que llevaba entre las manos y las observé durante unos segundos.

Después las lancé al agua.

Los pétalos comenzaron a alejarse lentamente arrastrados por la corriente.

Apoyé los brazos sobre la barandilla y miré cómo desaparecían río abajo.

―Hola, Rose.

Mi voz sonó baja.

Porque, aunque sabía que era absurdo, seguía hablándole como si pudiera escucharme.

―Tu madre sigue enfadada con la policía.

Una pequeña sonrisa apareció en mis labios.

―Bueno, para ser sincera, creo que sigue enfadada con el mundo entero.

El agua continuó avanzando bajo el puente.

―Y yo también.

Tragué saliva.

―Te echo de menos.

Aquellas palabras seguían resultando dolorosas incluso después de un año.

―No sé dónde estás. No sé qué te pasó. Pero sigo pensando que sigues ahí fuera en alguna parte.

Bajé la mirada hacia el río.

―Y si estás escuchando esto, deberías saber que eres una idiota por desaparecer de esta manera.

Una lágrima escapó por mi mejilla. La limpié rápidamente.

―¿Por qué me has dejado sola? Ya sabes que solo te tenía a ti, bueno… y a tu madre.

El viento agitó mi cabello.

Y durante unos segundos permanecí allí, contemplando el agua.

Hasta que escuché una risa.

Me giré.

Una niña pequeña corría por la orilla junto a su madre. Llevaba un chubasquero amarillo demasiado grande para ella y saltaba sobre los charcos con la energía inagotable que solo tienen los niños.

No pude evitar sonreír.

La pequeña siguió avanzando cerca de la orilla mientras su madre hablaba por teléfono a unos metros de distancia.

Y entonces ocurrió. Todo sucedió tan deprisa que apenas tuve tiempo de reaccionar. La niña resbaló, y su pie desapareció bajo el barro.

Y un segundo después cayó al agua.

La corriente la atrapó inmediatamente.

―¡Dios mío!

El grito de la madre atravesó todo el valle.

―¡Mi hija!

El teléfono cayó al suelo.

La mujer comenzó a correr desesperadamente por la orilla.

―¡Socorro! ¡Socorro!

Mi corazón se detuvo.

Corrí.

Abandoné el puente y bajé por uno de los senderos laterales prácticamente resbalando sobre el barro.

Cuando me vio, la mujer apenas podía hablar.

―¡Mi hija! ¡Por favor! ¡Mi hija!

Señaló el río con las manos temblando.

―¡Apenas tiene dos años!

Vi entonces el pequeño chubasquero amarillo alejándose cada vez más arrastrado por la corriente.

Y no pensé.

Simplemente actué.

Corrí hacia la orilla.

Y me lancé.

El agua me golpeó como una pared de hielo. Sentí cómo el frío me robaba el aire de los pulmones y durante un instante pensé que no conseguiría moverme.

Pero la niña seguía allí. Cada vez más lejos.

Moví los brazos con todas mis fuerzas. La corriente intentaba arrastrarme. Intentaba hundirme. Pero seguí avanzando. Metro tras metro.

Hasta que finalmente conseguí alcanzarla.

La pequeña lloraba aterrorizada. La sujeté contra mí y comencé a luchar para acercarla a la orilla.

―Ya está... ya está...

Ni siquiera sabía si podía oírme.

La madre corría paralela al río gritando desesperadamente. Seguí avanzando. Empujando. Resistiendo. Hasta que finalmente conseguí acercarla lo suficiente.

La mujer se lanzó al agua hasta la cintura y consiguió agarrarla. Escuché sus sollozos. Escuché cómo abrazaba a su hija y cómo gritaba mi nombre sin siquiera conocerlo.

Pero yo ya no podía responder.

Porque en el instante en que solté a la niña, la corriente me atrapó de lleno.

Intenté nadar de vuelta hacia la orilla y busqué desesperadamente algo a lo que sujetarme, una rama, una roca, cualquier cosa que pudiera detener aquella fuerza implacable que tiraba de mí río abajo.

No encontré nada. La corriente me arrastraba con una violencia aterradora y el agua golpeaba mi cuerpo una y otra vez, haciéndome perder por completo la orientación.

Llegó un momento en que ya no supe distinguir dónde estaba la superficie y dónde el fondo.

Todo era agua, ruido y oscuridad. Empecé a tragar entre jadeos desesperados mientras el pánico se abría paso dentro de mí.

Y entonces pensé en Rose. Pensé en el miedo que debió sentir aquel día, en la soledad, en la impotencia de verse arrastrada por algo contra lo que no podía luchar.

Comprendí entonces lo terrible que había debido de ser enfrentarse a aquello sin saber si volvería a ver la luz del sol o a las personas que amaba.

La corriente se volvió todavía más violenta. Algo parecía girar a mi alrededor. Como un enorme torbellino oculto bajo el agua. Intenté luchar. Intenté resistir. Pero mis fuerzas comenzaron a abandonarme.

La oscuridad fue cerrándose lentamente sobre mí.

Lo último que pensé antes de perder el conocimiento fue en Rose.

Después todo desapareció...

Continuará...