Donde tu corazón me encuentre (Destinadas a las Highlands 1) Capítulo 25
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Capítulo 25

Territorio del clan Ross,

Los capitanes comenzaron a dispersarse poco después.

Las órdenes se transmitieron con rapidez por todo el campamento mientras los hombres abandonaban la mesa de guerra para preparar a sus tropas.

Algunos se dirigieron hacia las tiendas de los arqueros.

Otros comenzaron a organizar a los guerreros que formarían parte de la fuerza oculta en el bosque.

En cuestión de minutos, el campamento entero volvió a llenarse de actividad.

La batalla se acercaba.

Y esta vez todos sabían exactamente lo que estaba en juego.

Yo permanecí inmóvil observando cómo los hombres iban y venían bajo la luz de las hogueras. Hasta aquel momento apenas había tenido tiempo de pensar. Todo había sucedido demasiado deprisa desde mi huida de la fortaleza Ross.

Había corrido por los túneles, atravesado el bosque en mitad de la noche y llegado hasta el campamento MacKay impulsada únicamente por la necesidad de encontrar a Brett y advertirle del peligro que se cernía sobre él y sobre sus hombres.

El miedo apenas había encontrado espacio dentro de mí mientras luchaba por alcanzar aquel objetivo.

Sin embargo, ahora que estaba a salvo, ahora que Brett se encontraba a escasos pasos de distancia y ya no quedaba nada por hacer salvo esperar, el terror comenzó a abrirse camino lentamente por mi pecho.

Porque una cosa era escapar para alertarlos de la emboscada y otra muy distinta contemplar cómo aquellos hombres se preparaban para marchar a una batalla de la que no todos regresarían.

Una mano cálida se posó entonces sobre mi espalda, arrancándome de mis pensamientos.

Me volví y encontré a Brett observándome en silencio.

Había terminado de hablar con los capitanes y se había acercado sin que me diera cuenta.

El cansancio se reflejaba claramente en su rostro después de tantas semanas de tensión, pero había algo distinto en su mirada. Algo más suave.

―Ven conmigo ―dijo finalmente.

Lo seguí entre las tiendas mientras el campamento continuaba preparándose para el amanecer.

A nuestro alrededor los hombres afilaban espadas, revisaban escudos y ajustaban correas de armaduras. Algunos rezaban. Otros intentaban dormir unas pocas horas antes de la batalla. El olor a humo, cuero y acero impregnaba el aire.

Brett me condujo hasta una tienda situada algo apartada del resto, y apartó la lona para que pudiera entrar.

El interior era sencillo. Había varias mantas, una pequeña mesa de campaña y una lámpara de aceite que proyectaba sombras temblorosas sobre las paredes de tela.

Cuando entré, él permaneció junto a la entrada observándome.

―Puedes quedarte aquí, Rose. Deberías descansar.

Solté una pequeña risa nerviosa.

―¿Descansar? Eso es lo último en lo que pienso ahora.

Brett se acercó hasta a mí.

―Tengo miedo ―confesé.

Sus ojos no abandonaron los míos.

―Lo sé.

―Y si algo sale mal...

La voz se me quebró ligeramente.

―Rose, no debes preocuparte de nada.

―No. Ahora solo puedo pensar en que podrías morir ahí fuera.

Vi cómo algo cambiaba en su expresión.

―No moriré.

―No puedes prometerme eso.

Una sombra de tristeza cruzó fugazmente por su rostro. Porque ambos sabíamos que tenía razón. Nadie podía prometer algo así antes de una batalla.

Durante unos segundos permanecimos mirándonos. Después Brett levantó una mano y acarició mi rostro con ternura. Su roce fue tan delicado que consiguió romperme un poco más.

―Escúchame ―su voz sonó segura―. He sobrevivido a guerras, ataques y emboscadas desde mucho antes de conocerte.

Su pulgar acarició mi mejilla.

―Y pienso sobrevivir a esta también.

Tragué saliva.

―¿Cómo puedes estar tan seguro?

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

―Porque tengo demasiadas razones para volver, mi preciosa viajera.

Aquello consiguió arrancarme una sonrisa.

Brett cerró los ojos un instante, y después me besó con pasión. Sentí que su fuego me recorrió por dentro de una forma tan brutal, que apenas creí poder abarcar en mi pecho tanto amor.

Después lo observé en silencio. Memorizando cada rasgo de su rostro. Cada detalle. Como si una parte de mí necesitara guardarlo para siempre.

―Ten cuidado, por favor. Juro que no podría soportar perderte de nuevo.

―Siempre lo tengo.

―Eso no me tranquiliza.

Una risa grave escapó de su pecho.

Después me atrajo hacia él y me abrazó con fuerza.

Yo me aferré a su camisa igual que había hecho unas horas antes cuando corrí hasta encontrarlo.

―Vuelve conmigo, Brett ―apenas susurré contra su pecho.

Sentí cómo sus brazos me rodeaban con más fuerza.

―Siempre regresaré a ti, mi amor. Siempre. En esta vida y en todas las venideras.

Y por alguna razón, aquella vez le creí.