Donde tu corazón me encuentre (Destinadas a las Highlands 1) Capítulo 18
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Capítulo 18

El agua me expulsó violentamente hacia la superficie y terminé jadeando desesperadamente mientras arrastraba aire hacia mis pulmones.

Tosí varias veces seguidas y permanecí boca arriba sobre la orilla húmeda completamente aturdida, intentando recuperar la respiración mientras el corazón me golpeaba brutalmente contra las costillas.

¿Había funcionado?

Cerré los ojos apenas un instante mientras el agua seguía deslizándose por mi ropa y mi cabello. Todo mi cuerpo temblaba violentamente por el frío y la intensidad de lo que acababa de ocurrir, pero ni siquiera pensé en Londres. Ni en mi madre. Ni en el siglo XXI. Solo pensé en Brett.

¿Estaría bien? ¿Habrían conseguido escapar de los Ross? ¿Habría sobrevivido Daziel?

Abrí los ojos rápidamente y me incorporé como pude sintiendo todavía el cuerpo completamente entumecido. Entonces miré alrededor esperando encontrar algo familiar.

Pero algo no iba bien.

Fruncí lentamente el ceño mientras observaba el paisaje. Solo había bosque.

El lugar estaba repleto de árboles enormes agitándose bajo el viento, niebla descendiendo entre las montañas y el sonido lejano del río atravesando las rocas. No había caminos. Ni humo. Ni ninguna señal de civilización.

Nada.

El miedo comenzó a crecer lentamente dentro de mi pecho.

Me puse de pie tambaleándome ligeramente y avancé varios pasos intentando reconocer algo de los alrededores. Vagamente tuve la sensación de haber estado allí antes.

Y entonces lo comprendí.

Era el mismo lugar donde había aparecido la primera vez. O al menos muy cerca.

Mi respiración comenzó a acelerarse. No había funcionado. El agua no me había devuelto a casa.

Pero… ¿por qué?

Yo había dejado que mi corazón me guiara exactamente igual que Brett me había dicho.

Y entonces lo entendí.

Mi corazón no había querido regresar al futuro. Mi corazón había querido volver junto a él.

Aquella certeza me golpeó con tanta fuerza que sentí las piernas fallarme por un instante. Una parte de mí sintió alivio. Pero el miedo regresó inmediatamente cuando escuché caballos aproximándose entre los árboles. Levanté rápidamente la cabeza.

Durante apenas un segundo una esperanza absurda atravesó mi pecho.

Brett.

Pero desapareció inmediatamente en cuanto los vi aparecer entre la niebla. No era él. Eran varios jinetes que no reconocía.

Sus ropas eran completamente medievales y las armas que llevaban colgadas al costado bastaron para hacerme comprender que seguía atrapada en aquella época.

El corazón comenzó a latirme aún más deprisa mientras los hombres reducían la velocidad al verme sola junto al río.

En pocos segundos me rodearon.

Uno de ellos me observó de arriba abajo con evidente curiosidad.

―¿Qué hacéis aquí sola, muchacha? ―preguntó en un tono que no me gustó nada―. ¿Os habéis perdido?

Intenté obligarme a mantener la calma.

―Sí… yo… estaba paseando con una sirvienta y mi caballo se asustó junto al río. Caí al agua y nos separamos.

El hombre frunció ligeramente el ceño mientras los demás seguían observándome.

―¿Y pertenecéis a algún clan?

Tragué saliva lentamente.

Necesitaba que me ayudaran a regresar junto a Brett.

―Sí. Pertenezco al clan MacKay.

El silencio cayó de golpe entre ellos.

Vi cómo varias expresiones cambiaban inmediatamente.

Sorpresa. Incredulidad. Y después algo mucho peor.

Uno de los hombres comenzó a reírse lentamente. Tenía una risa desagradable que consiguió erizarme la piel.

―Pues parece que hoy Dios está de nuestro lado.

El miedo me atravesó entera.

―¿Qué… qué significa eso?

El hombre volvió a mirarme y entonces vi el símbolo bordado sobre parte de su ropa.

Ross.

Dios mío.

Retrocedí un paso instintivamente mientras el corazón comenzaba a desbocárseme.

―No…

―Atrapadla.

Todo ocurrió demasiado rápido.

Uno de los jinetes desmontó inmediatamente y corrió hacia mí. Intenté sacar la espada torpemente, pero el hombre me sujetó del brazo con brutalidad antes siquiera de que pudiera reaccionar.

―¡Soltadme!

Forcejeé desesperadamente mientras él me retorcía el brazo a la espalda.

Los demás seguían observándome con expresiones satisfechas.

―Espero que seáis importante para los MacKay ―dijo uno de ellos sonriendo de forma cruel―, porque vamos a sacar muchísimo provecho de esto.

El pánico explotó dentro de mi pecho.

―¡Dejadme ir!

Intenté golpear al hombre que me sujetaba, pero apenas conseguí moverme antes de que me empujara bruscamente hacia uno de los caballos.

―Quieta, muchacha.

―¡Brett! ―grité sin siquiera pensar.

Uno de los hombres soltó una carcajada.

―Oh, esto se pone todavía más interesante.

Sentí cómo me levantaban prácticamente a la fuerza y me subían sobre el caballo mientras el miedo comenzaba a asfixiarme lentamente.

Las lágrimas comenzaron a resbalarme por el rostro mientras el caballo arrancaba entre los árboles.

Sentí miedo. ¿Cómo había podido ser tan estúpida?