Capítulo 15 #2
―Buenas noches, Rose.
―Buenas noches.
Daziel abrió la puerta y antes de salir volvió a mirarnos a ambos con expresión divertida.
―Intentad no destruir la mesa. Padre la apreciaba mucho.
Y desapareció antes de que Brett pudiera lanzarle algo a la cabeza.
Una vez solos Brett me miró con intensidad y después levantó la copa.
―Por ti Rose, doy gracias a la vida de que me haya dado la oportunidad de conocerte. Aunque sea por poco tiempo.
Eso último se me clavó directamente al corazón. Ambos brindamos por eso, aunque yo no pude decir nada al respecto. Jugueteé nerviosamente con la copa de vino intentando no mirar demasiado a Brett. Grave error.
Porque cuando finalmente levanté la vista, él seguía observándome.
Y aquella mirada era peligrosa.
El fuego iluminaba parcialmente su rostro mientras permanecía reclinado sobre la silla con una mano rodeando la copa. Parecía relajado, pero conocía lo suficiente a Brett como para saber que aquella calma escondía algo mucho más intenso debajo.
―¿Qué? ―pregunté finalmente incapaz de soportarlo más.
La comisura de sus labios se curvó apenas un poco.
―Nada.
Solté una pequeña risa incrédula.
―Deja de mirarme así.
―¿Así cómo?
El calor me subió inmediatamente al rostro.
―Como si estuvieras pensando cosas.
Brett dejó lentamente la copa sobre la mesa sin apartar los ojos de mí.
―¿Y si lo estoy haciendo?
Sentí un escalofrío recorriéndome entera. El vino claramente no estaba ayudando.
Intenté apartar la mirada, pero él se levantó lentamente de la silla antes de caminar hacia mí con aquella calma peligrosa que conseguía ponerme nerviosa incluso antes de tocarme. Y cuando finalmente se detuvo frente a mí, sentí el aire completamente atrapado dentro de los pulmones.
―Brett…
Su mano se deslizó lentamente por mi cuello apartando varios mechones de cabello hacia atrás.
―Llevo toda la noche intentando no besaros delante de mi hermano.
Aquello terminó de destrozar cualquier mínima intención de comportarme con normalidad.
Lo miré intentando contener aquella sonrisa absurda que amenazaba con escapárseme.
―Pues quizá deberías seguir intentándolo.
Brett soltó una pequeña risa grave antes de inclinarse lentamente hacia mí.
―Demasiado tarde.
Y entonces me besó.
El vino, el fuego y la tensión acumulada durante todo el día hicieron que aquel beso resultara todavía más intenso que los anteriores. Mis manos se aferraron inmediatamente a su camisa mientras Brett me acercaba contra él con una necesidad contenida que consiguió hacerme temblar entera.
Cada vez que me tocaba parecía olvidarme de todo.
Sus labios recorrieron lentamente mi cuello y sentí cómo el cuerpo dejaba de responderme con normalidad cuando sus manos encontraron mi cintura.
Me levantó apenas un poco de la silla acercándome todavía más a él y terminé soltando una pequeña risa nerviosa cuando una de las copas cayó al suelo haciéndose añicos.
―La mesa ―murmuré entre besos todavía intentando recuperar el aliento.
―Mi hermano tenía razón ―gruñó él contra mi boca―. Vamos a destruirla.
No pude evitar reírme otra vez antes de volver a besarlo.
Todo se volvió rápido y desesperadamente torpe después de eso.
Brett apartó varios platos y copas casi sin mirar mientras yo intentaba contener las risas inútilmente entre beso y beso.
El sonido de algo cayendo al suelo volvió a resonar por la estancia, pero en aquel momento ninguno parecía especialmente preocupado por ello.
Solo existíamos nosotros. El calor de sus manos. Su respiración. La forma en que pronunciaba mi nombre como si realmente significara algo sagrado.
Cuando terminé sentada sobre la mesa entre sus brazos, Brett apoyó la frente contra la mía intentando recuperar el aire mientras sus dedos recorrían lentamente mi espalda.
―Dios… Rose… eres tan hermosa…
Lo miré completamente perdida dentro de aquellos ojos claros que empezaban a sentirse demasiado a hogar.
Brett subió mis faldas y acarició mis piernas despacio hasta llegar al epicentro de mi ser.
Sus caricias conseguían hacerme estremecer.
Tocó mi sexo húmedo y no pude evitar jadear.
Tiré de su cuello para besarlo, pero se inclinó ligeramente hacia atrás para que no pudiera alcanzarlo mientras que negaba con la cabeza.
―No, mo ghràdh . Debes quedarte muy quieta. Deseo besarte… pero de otra forma.
Descendió despacio sin dejar de mirarme a los ojos, y se introdujo entre mis piernas. Sentir su lengua caliente y húmeda recorrer mi sexo fue una explosión deliciosa.
―Oh, Brett…
Apoyé las manos sobre la mesa y me incliné hacia atrás ofreciéndome por completo.
Brett devoró cada pedacito de piel que encontró a su paso, ahondó en cada uno de mis pliegues, y succionó con maestría mi clítoris inflamado. Creí morir de placer ahí mismo.
Tiré de su pelo y lo ayudé en sus movimientos hasta que no pude más.
―Para… deseo sentirte dentro. Ahora.
Brett se incorporó, y tras mirarme a los ojos con verdadera lujuria, tiró de las cintas de mi corpiño liberando mis pechos hinchados.
Los lamió y mordisqueó consiguiendo que el incendio que se propagaba por mi cuerpo se intensificara todavía más.
Puso su enorme mano sobre mi pecho y me ayudó a tumbarme sobre la mesa.
Yo abrí las piernas en respuesta. Deseosa de sentir su grandeza en mi interior.
Brett se tomó su tiempo. Jugó con su miembro sobre el mío deslizándolo de arriba abajo, dejando que nuestros fluidos se mezclaran de una forma deliciosa. Aquello era demasiado. Estaba tan caliente que me costaba respirar con normalidad.
Cuando lo sentí entrar, no pude evitar jadear. Era tan grande…
Se inclinó hacia mí y me besó, me besó con pasión y ardor. Me aferré a sus hombros y moví la cintura acompasándome a sus movimientos. Eran lentos e intensos… No dejó de mirarme a los ojos en ningún momento.
―Te amo, mo ghràdh ―me susurró entre beso y beso.
Sus palabras terminaron de incendiarme. No pude contenerme más y me dejé llevar por todo el placer que me estaba dando.
Un gruñido salió de mi garganta, y no pude evitar clavar mis uñas en su piel.
Él, sabedor de que me estaba haciendo tocar las nubes, aumentó sus movimientos y se dejó llevar conmigo.
Fue devastador.
Nuestros cuerpos se fundieron el uno con el otro como si jamás hubiesen estado separados.
Nos quedamos quietos, tratando de recuperar el aliento, sintiendo como nuestros corazones chocaban piel con piel. Disfrutando de aquello que había sido solo nuestro, hasta que Brett se incorporó, se recolocó la ropa y acomodó mis faldas.
―Rose… no se como viviré después sin esto ―señaló mi cuerpo―. No podré soportarlo.
― Shhhhh , no digas eso ahora. No estropees este momento. El tiempo que nos quede lo viviremos como si no fuese a marcharme jamás. Disfrutaremos el uno del otro sin restricciones.
Una sonrisa apareció en su rostro, mientras yo anudaba las cintas de mi corpiño.
―Deja eso, no pienso desanudarlo dos veces ―dijo eso y me cargó entre sus brazos―. Sabes, tienes razón. El tiempo que nos quede lo viviremos intensamente. No dejaré de amarte a cada momento.
Y comenzó a caminar conmigo hacia su alcoba dejando claro que no pensaba desaprovechar el tiempo.