Donde tu corazón me encuentre (Destinadas a las Highlands 1) Capítulo 13
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Capítulo 13

Territorio del clan MacKay,

Desperté mucho antes del amanecer, envuelta todavía en el calor del cuerpo de Brett y en aquella extraña sensación de plenitud que me había acompañado durante toda la noche.

Durante unos segundos permanecí completamente inmóvil, observando las sombras anaranjadas que las últimas brasas proyectaban sobre los muros de piedra de la alcoba mientras intentaba recordar dónde estaba realmente.

Pero entonces giré ligeramente la cabeza.

Y lo vi.

Brett dormía profundamente a mi lado, boca arriba, con uno de sus brazos rodeando todavía mi cintura desnuda como si incluso dormido temiera que desapareciera.

Parte de su cabello oscuro caía desordenado sobre la frente y la luz tenue del fuego recorría lentamente las cicatrices que atravesaban su pecho y sus hombros.

Nunca me había fijado en ellas con tanta atención.

Algunas eran antiguas, otras parecían mucho más recientes, pero todas hablaban de una vida marcada por la guerra, la violencia y la responsabilidad.

Y aun así… jamás me había sentido tan segura entre los brazos de alguien.

El corazón comenzó a dolerme lentamente dentro del pecho. Porque aquello era precisamente el problema.

La noche anterior no había sido únicamente deseo. No había sido una simple atracción imposible nacida de la tensión o del miedo. Lo que había ocurrido entre nosotros había ido mucho más allá, hasta un lugar demasiado profundo y peligroso del que ya no sabía cómo escapar.

Cerré los ojos apenas un instante mientras el recuerdo de la visión volvía a golpearme.

Malcolm cayendo de rodillas atravesado por la flecha. La sangre extendiéndose sobre la hierba. Mi promesa antes de morir junto a él. No podía sacarlo de mi mente.

Un escalofrío me recorrió entera.

¿Y si Brett tenía razón? ¿Y si aquello no era casualidad? ¿Y si realmente estábamos condenados a repetir la misma historia una y otra vez?

Abrí los ojos rápidamente sintiendo cómo el miedo comenzaba a crecer otra vez dentro de mí.

No podía permitirlo.

No soportaría verlo morir.

La sola idea me destrozaba de una forma tan brutal que tuve que llevarme una mano a la boca para contener la respiración temblorosa que escapó de mis labios.

Y fue entonces cuando comprendí algo todavía peor.

Ya no solo tenía miedo de no regresar a casa.

Ahora también tenía miedo de querer quedarme.

Aquella certeza me golpeó con tanta fuerza que sentí vértigo.

Porque desde que había despertado junto al río todo mi mundo se había reducido a sobrevivir y encontrar la manera de volver a Londres, a mi madre, a mi vida. Pero Brett había conseguido romper algo dentro de mí. Había conseguido que dejara de sentirme completamente fuera de lugar.

Y eso era aterrador.

Porque si seguía amándolo de aquella manera terminaría perteneciendo más a Castle Varrich que al mundo del que venía.

Bajé lentamente la mirada hacia él otra vez.

Dormía ajeno al caos que estaba destruyéndome por dentro. Y precisamente por eso decidí marcharme antes de que despertara.

Necesitaba aire. Necesitaba pensar. Necesitaba recordar quién demonios era antes de perderme completamente en él.

Intenté apartarme despacio de su abrazo, pero en cuanto me moví ligeramente, la mano de Brett se tensó inmediatamente sobre mi cintura.

―No huyas de mí todavía.

Su voz sonó grave y ronca por el sueño.

Me quedé completamente inmóvil.

Brett abrió lentamente los ojos y durante unos segundos simplemente me observó en silencio, todavía medio dormido. Había algo tan vulnerable en aquella mirada que sentí el pecho encogerse dolorosamente.

Después deslizó lentamente los dedos por mi espalda desnuda hasta atraerme otra vez contra él.

―¿Qué ocurre? ―preguntó con suavidad.

Tragué saliva intentando ordenar todo lo que sentía.

―Nada.

La mentira sonó tan débil que casi me avergoncé.

Brett apoyó lentamente la frente contra la mía y cerró los ojos unos segundos, como si simplemente sentirme cerca bastara para tranquilizarlo.

―No sabes mentir.

No pude evitar una pequeña sonrisa triste.

―Es solo que estoy asustada. Esto es demasiado irreal.

―No debes tener miedo, Rose. Cuidaré de ti. Te pondré a salvo, lo juro.

Brett volvió a mirarme, y la tensión regresó inmediatamente entre nosotros.

Y no era solo deseo.

Era la sensación insoportable de que nos pertenecíamos de una forma que ninguno entendía realmente.

Mis dedos recorrieron lentamente una de las cicatrices de su pecho mientras intentaba ignorar el nudo que seguía oprimiéndome la garganta.

―No dejo de pensar en la visión ―admití finalmente en voz baja―. Y en lo que ocurrió con Malcolm.

Sentí cómo el cuerpo de Brett se tensaba apenas un poco bajo mis manos.

―Rose…

―¿Y si realmente estamos condenados a repetirlo?

El silencio cayó inmediatamente entre nosotros.

Brett apartó lentamente varios mechones de cabello de mi rostro antes de responder.

―No lo permitiré. Te llevaré a Beinn Eighe cuando pase el invierno, regresarás a tu hogar y estarás a salvo de nuevo. Con los tuyos.

Sus palabras deberían haberme tranquilizado.

Pero no lo hicieron. Mi corazón comenzaba a latir por él. No deseaba abandonarlo.

Noté cómo las lágrimas comenzaban a acumularse lentamente en mis ojos otra vez y aparté la mirada antes de derrumbarme.

―Esto está mal, Brett.

Él frunció ligeramente el ceño.

―¿Amarnos?

La forma en que lo dijo consiguió romperme un poco más.

Porque no había duda en su voz. Ni vergüenza. Ni miedo al admitirlo.

Solo verdad.

Negué lentamente mientras sentía el pecho ardiendo.

―No. Sentir que podría renunciar a todo por ti.

Brett permaneció varios segundos completamente inmóviles observándome.

Y entonces hizo algo todavía peor.

Me abrazó más fuerte.

Como si aquella confesión no hubiese conseguido asustarlo en absoluto.

―No dejaré que lo hagas. Te llevaré a rastras hasta esa montaña si fuera necesario. Lo haré a sabiendas de que mi corazón quedará roto por completo. No deseo perderte, Rose, pero saber que vivirás alimentará mis días y mis noches ―murmuró contra mi cabello.

Cerré los ojos inmediatamente.

Dios mío.

Aquello iba a destruirnos.