Donde tu corazón me encuentre (Destinadas a las Highlands 1) Capítulo 1
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Capítulo 1

Stratford-upon-Avon,

El río Avon bajaba con una fuerza brutal aquella mañana de marzo.

Recuerdo haberme detenido un instante en mitad del puente para mirar el agua golpeando las piedras varios metros más abajo mientras el viento helado se colaba bajo mi abrigo.

Stratford-upon-Avon estaba cubierta por un cielo gris oscuro y húmedo, de esos que convierten cualquier paseo en una pésima idea.

Honestamente, todavía no sé por qué pensé que conducir hasta allí sería una buena forma de despejarme.

Y aun así, allí estaba yo.

Me ajusté mejor la bufanda alrededor del cuello mientras avanzaba despacio por el puente, observando el agua oscura correr varios metros más abajo.

Había conducido casi dos horas desde Londres para despejarme un poco, aunque empezaba a pensar que quizá encerrarme en casa con una manta y una botella de vino habría sido una opción bastante más inteligente.

Mi móvil vibró dentro del bolsillo de mi pantalón y supe inmediatamente quién era antes incluso de mirarlo.

Mamá.

Solté un suspiro cansado y dejé que la llamada se perdiera.

No me apetecía escuchar otro discurso sobre mi vida, sobre las decisiones que había tomado durante los últimos meses ni sobre lo preocupada que estaba por mí.

Según ella, abandonar mi trabajo en la editorial para darme un tiempo había sido una irresponsabilidad monumental.

Y para colmo, mi mejor amiga Chloe la apoyaba.

Pero es que de verdad lo necesitaba, llevaba demasiado tiempo sintiéndome atrapada en una vida que ni siquiera parecía mía.

Guardé el teléfono sin responder y seguí caminando mientras el viento agitaba mi cabello rubio alrededor del rostro.

Stratford era preciosa incluso con aquel clima horrible.

Las fachadas antiguas, las pequeñas cafeterías junto al río y el bosque que rodeaba la ciudad tenían algo acogedor, casi melancólico. Tal vez por eso había terminado allí.

El crujido de unas tablas me hizo levantar la vista.

A unos metros de distancia, una niña pequeña corría por el puente persiguiendo algo invisible entre las barandillas.

Llevaba un impermeable amarillo demasiado grande para ella y unas botas de agua cubiertas de barro.

Fruncí ligeramente el ceño mientras miraba alrededor buscando a algún adulto, pero no vi a nadie cerca.

―Oye ―dije, acelerando un poco el paso―. ¿Dónde están tus padres?

La niña no me escuchó. O fingió no hacerlo.

El río rugía bajo nosotras con una violencia inquietante y una sensación incómoda me recorrió el estómago al ver lo cerca que estaba de la barandilla. Algunas tablas parecían viejas, desgastadas por la humedad y el paso del tiempo.

Entonces todo ocurrió como a cámara lenta.

Su pie resbaló.

Fue apenas un segundo. Un movimiento torpe, un pequeño grito ahogado y el sonido seco de la madera rompiéndose bajo su peso. La niña desapareció al otro lado de la barandilla antes de que mi cerebro pudiera reaccionar.

El corazón se me detuvo.

Corrí hacia el hueco roto y vi el impermeable amarillo siendo arrastrado por la corriente varios metros más abajo. La niña salió a la superficie entre manotazos desesperados, llorando mientras el río la empujaba sin piedad.

No pensé. Ni siquiera recuerdo haber decidido lanzarme.

Trepar la barandilla y saltar al agua sucedió casi al mismo tiempo.

El impacto del río helado me arrancó el aire de los pulmones y un dolor brutal me atravesó el cuerpo entero.

El frío era insoportable. Durante unos segundos no supe dónde estaba arriba o abajo mientras la corriente me arrastraba bajo el agua.

Logré salir a la superficie tosiendo y apartándome el cabello mojado de la cara. Mis músculos protestaban por el frío mientras buscaba a la niña entre la espuma gris del río. La encontré unos metros más adelante.

Nadé hacia ella con todas mis fuerzas, aunque cada movimiento parecía más lento que el anterior. El agua tiraba de mí con violencia, golpeándome contra las rocas ocultas bajo la superficie. Cuando conseguí alcanzarla, la sujeté por debajo de los brazos mientras ella se aferraba a mí llorando.

―Tranquila… ya te tengo ―jadeé, intentando mantenernos a flote.

La orilla estaba demasiado lejos, pero vi unas ramas inclinadas sobre el agua unos metros más adelante. Reuní toda la fuerza que me quedaba y empecé a empujarnos hacia allí mientras el río seguía intentando arrastrarnos corriente abajo.

Mis pulmones ardían. No sentía las manos. Y la niña lloraba pegada a mí.

Entonces apareció una mujer corriendo por la orilla, gritando el nombre de la pequeña con la voz rota por el pánico.

―¡Molly!

La pequeña extendió los brazos hacia ella.

Con el último impulso que me quedaba, conseguí acercarla lo suficiente para que la mujer pudiera atraparla entre sollozos desesperados. Durante un instante sentí alivio. Un alivio inmenso y cálido que apenas duró un segundo. Porque la corriente tiró de mí con una fuerza brutal justo después.

Intenté agarrarme a una rama, pero mis dedos resbalaron.

El agua me golpeó contra algo sólido y el dolor me atravesó la espalda.

Después todo se volvió caos. El río me tragó entera y empezó a arrastrarme cauce abajo mientras el cielo gris desaparecía sobre mi cabeza.

Intenté salir a la superficie, respirar, moverme… pero la corriente era demasiado fuerte.

Lo último que sentí antes de que la oscuridad me envolviera fue el frío. Un frío insoportable que parecía capaz de partirme el alma en dos.