Donde todo es posible (Serie Legacy 2) 7. RIVER #3
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7. RIVER #3

Caminamos por el parqué de madera noble del espacio concebido como salón para disfrutar de las vistas desde los ventanales y abrimos la puerta corredera que daba a la terraza.

—¿Te apetece explorar?

Ella asintió emocionada y se puso en marcha. Como era habitual en mi vida, no pude hacer otra cosa que seguirla.

Había una cocina semiprofesional con todo el equipamiento, un comedor, un sótano enorme y bien acabado con salida al exterior, y todo eso antes de subir a la planta de arriba.

La casa entera estaba pensada para venderse rápido, y, aunque el mobiliario no era de mi estilo, el espacio sí.

—Guau —repitió Avery cuando entramos en el dormitorio principal, separado de los otros tres por la pasarela que habíamos visto desde abajo, que iba de un extremo a otro del corredor por encima del salón.

En él había una cama pegada a la pared del fondo, dos vestidores, un baño en suite gigantesco y un ventanal con vistas al monte, igual que en la planta baja. Una puerta conducía a un balcón privado.

Salimos y nos asomamos por la barandilla, que nos sostenía a bastante altura.

—En mi vida he visto nada más bonito —dijo Avery pasándose los mechones sueltos del moño por detrás de las orejas.

—Ni yo —contesté sin dejar de mirarla a ella.

Seguía siendo mi Avery, pero me pareció que en Legacy se sentía más libre, menos agobiada.

No pude evitar preguntarme cómo florecería si conseguía decidir quién era sin que otros la definieran.

—Me lo imagino —dijo con ternura, y volvió el rostro hacia mí.

—¿El qué?

Estaba desesperado por saber cómo se planteaba la vida en Colorado, cómo eran aquel lugar y aquella casa a través de sus ojos, porque yo no la veía más que a ella.

—Me imagino viviendo aquí. Yo podría trabajar en el periódico y Addy iría al instituto. Veo un comienzo de cero tan claro como este olor a recién pintado y...

—¿Te asusta? —me adelanté.

—Me encanta. Es una imagen preciosa. Te imagino aquí, guisando en la cocina, despertándome por la mañana con besos.

—Eso es justo lo que yo quiero —respondí.

—Esta casa es perfecta para ti, deberías quedártela —me propuso, con el rostro enmarcado por la luz vespertina y la melena rubia por el sol, mientras contemplaba el patio inmenso, los árboles y las montañas que yo adoraba casi tanto como a ella.

—Esta casa podría ser nuestra —le dije cogiéndole la mano—.

Quiero que estés aquí, que duermas en este dormitorio, que me beses en esa cocina, que nos tiremos en ese sofá a ver del tirón alguna serie malísima de Netflix.

Quiero explorar esos montes contigo, hablar contigo, reír contigo, hacerte el amor.

—Me llevé sus dedos a los labios y fui besándolos uno a uno mientras ella abría la boca—.

Quiero construir una vida contigo aquí. No solo por no perder a mi mejor amiga, sino por lo que hay entre nosotros, por lo que podemos llegar a ser si nos damos una oportunidad.

Con el pecho encogido, aguardé su reacción viendo como su mirada pasaba de mis ojos al paisaje.

Había sido muy cauto con ella los últimos siete años, comedido con mis sentimientos y con lo que dejaba entrever, pero poner todas las cartas sobre la mesa era tan liberador como aterrador.

Habría preferido estar en un incendio. Al menos aquellas llamas sabía combatirlas; a Avery, en cambio, la habría dejado abrasarme si ella hubiera querido.

—Es un sueño precioso —dijo en voz baja.

—Puede ser una realidad.

«No te rindas, Avery».

Suspiró.

—¿Y Addy?

—No tenéis por qué vivir conmigo —respondí—, ya lo sabes, pero aquí hay sitio de sobra. Nada me gustaría más que despertar a tu lado todas las mañanas. Además, el dormitorio del fondo a la izquierda tiene unas vistas estupendas que creo que le encantarían.

Se le llenaron los ojos de lágrimas.

—¿Harías eso?, ¿vivirías con Adeline?

—Addy es casi como mi hermana pequeña. No tengo inconveniente en ayudarte a criarla. Tú ya lo has hecho genial hasta ahora, y me gustaría aliviarte un poco esa carga. Además, ese dormitorio tiene la ventana a buena altura y es el cuarto donde sería más difícil que se colara un chico.

Avery rio y le rodaron dos lágrimas por las mejillas.

—No sé qué decir.

Le limpié las lágrimas con los pulgares.

—Dime que sí. Dime que vas a tomar la decisión disparatada de venirte conmigo. Dime que vas a dar el salto conmigo. Por una vez, hagamos algo temerario.

—¿Cómo estás tan seguro de que saldrá bien?

El miedo reflejado en sus ojos habría hecho que me lo pensara de no ser por aquel destello de esperanza que detecté en ellos, y a eso es a lo que me aferré.

—Porque tú ya eres la relación más larga que he tenido. Siempre has sido la mujer a la que he puesto por delante de los demás. Nunca te haría daño, ni te traicionaría, ni me apartaría de ti si supiera que tú sientes lo mismo.

—¿Qué sientes tú? —susurró abriendo la puerta que yo me había esforzado por tener bien cerrada todos esos años.

—Avery, ¿no te das cuenta de que estoy total, completa y locamente enamorado de ti?

No esperé la respuesta, me limité a sellar sus labios con los míos y a demostrarle que todas y cada una de las palabras que había dicho iban en serio.