Donde permanecen los secretos (La trilogía de los secretos 1) CAPÍTULO CUARENTA Y NUEVE
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CAPÍTULO CUARENTA Y NUEVE

Kevan

Principios de verano

Permanezco inmóvil durante lo que parece una eternidad, sin hablar. Dorothy se pone a mi lado.

—Sé que debéis de tener mil preguntas, así que ¿alguno de los dos quiere preguntarme algo más? —Dorothy se vuelve para mirar también a Nathan.

Nathan niega con la cabeza, aunque su expresión parece decir lo contrario.

Mantengo la mirada fija en la abertura del sótano. Me aclaro la garganta.

—Antes, tropecé con dos rocas allí atrás —señalo justo detrás de la casa—. ¿Sabes para qué son?

—Sí. Es un cementerio de mascotas. Tenemos algunas mascotas enterradas allí. Uno de mis gatos, y si la memoria no me falla, un perro tuyo. Frances me habló de él. Su piedra es la que tiene la B .

Mientras Dorothy responde, abro los ojos de par en par al recordar.

—Me había olvidado de eso —las palabras apenas me salen en un susurro—. Mi padre golpeó a nuestro perro hasta dejarlo al borde de la muerte. Gammie y yo lo trajimos aquí con la esperanza de que mejorara, pero no lo hizo, así que ella lo enterró.

Siento la mirada fija de Nathan, con la misma expresión que tendría alguien viendo uno de esos anuncios de la ASPCA para salvar animales. Baja la vista al suelo.

—Sé que hoy ya habéis tenido que asimilar muchas cosas, pero necesito contaros algo más. ¿Os importaría caminar conmigo un poco más? ¿Quizás sentarnos y dejar que estos viejos huesos descansen? —pregunta Dorothy.

Nathan me lanza una mirada interrogante y, al ver que no respondo, contesta él.

—Claro, señorita Dorothy.

—Venid, entonces —me toma de la mano y me guía hacia las rocas en medio del campo. Nathan se pone a su otro lado, y ella le coge también la mano. Así que los tres caminamos cogidos de la mano, y yo permanezco callada, con curiosidad por saber qué más tiene que decir.

—Kevan, estoy segura de que sabes que tu abuela te quería más que a nada en el mundo.

Vosotras dos sois... bueno... erais tan parecidas.

Mucho más de lo que te imaginas. Solía contarme historias sobre ti durante nuestras charlas diarias, y la mayoría de las veces era como si estuviera hablando de sí misma.

Tienes su vena terca, por ejemplo. Era el tipo de persona que, si se proponía algo, lo hacía.

Decía que tú eras exactamente igual. Pero eso no es lo principal.

Verás... —Dorothy se detiene y deja de hablar.

Nathan y yo nos volvemos hacia ella y le prestamos toda nuestra atención—.

Cada uno de vosotros tiene un don especial. Frances... tú, Kevan... y tú, Nate.

Nathan me mira y luego ambos volvemos la vista hacia Dorothy.

—¿Cómo es eso? —pregunta él.

Dorothy echa a andar de nuevo, con pasos cortos y lentos, y nosotros nos ponemos a su lado.

—Es muy raro que tres personas con vuestros dones se crucen en el camino, y más raro aún que dos personas de la misma familia posean el mismo don. Y que Nate tenga las mismas habilidades es nada menos que un milagro. Mejor aún, es asombroso.

—¿Quieres decir que mi abuela podía ver y hablar con...? —me interrumpo, incapaz de terminar la pregunta. Trago saliva y pregunto—: ¿Por qué no me lo dijo, si creía que yo tenía el mismo don?

—Estoy bastante segura de que lo hizo, cuando eras muy pequeña, pero no le dio mucha importancia.

No creo que ella misma creyera que fuera real hasta que llegaste tú.

Creo que así fue como siempre supo cuándo la necesitabas.

Especialmente cuando eras niña. Cuando empezaste a tener sueños vívidos y ella descubrió que podías seguir viendo y hablando con tu amiga...

la hermana de Nate, después de que muriera... entonces supo que el don era real.

Nathan da un paso atrás involuntariamente y luego me pregunta con voz vacilante:

—¿Podías ver a mi hermana incluso después de que muriera?

—Podría decirse así. Para mí, supongo que nunca murió.

Creció y ha estado conmigo toda mi vida.

Ahora me doy cuenta de que esa es la única razón por la que pude sobrellevar lo que le pasó —hago una pausa y examino el rostro de Nathan—.

Ella dijo que estaba aquí para protegerme y ayudarme.

Creo que la veía como quería verla, pero estaba muy presente.

Dorothy interviene:

—Verás, Nate, tú también naciste con este don. Hay muchos que nunca se dan cuenta, y luego están los que no lo descubren hasta más adelante. Creo que tu madre sabía que eras especial. Solía hablar de que soñabas con tu hermana constantemente después de que desapareciera.

Nathan mira al suelo, con los ojos moviéndose hacia un lado como si rebuscara en su memoria recuerdos de fenómenos extraños.

—Recuerdo haberle contado mis sueños y que a veces escuchaba reír a mi hermana.

Ella decía que tal vez yo era simplemente el tipo de persona que podía sentir o ver cosas que otros no podían.

O tal vez que era la forma que tenía mi hermana de decir que estaba bien.

Mi madre dijo muchas cosas en esa época que no tenían sentido.

—Sí —dice Dorothy con tristeza—. Estaba destrozada. Pero creo que también vio que estabas oyendo cosas en esa época por alguna razón. Creo que eres otra de esas personas de las que te hablaba. No lo descubriste realmente hasta más adelante. Pero viene de mucho más atrás de lo que crees.

—No lo entiendo del todo —dice Nathan con escepticismo.

—Como solía decirle la abuela de Kevan, las personas con estos dones van por la vida siendo capaces de ver los espíritus que los acompañan. Puedes interactuar con ellos, conversar con ellos y verlos cuando nadie más puede.

—¿Quieres decir hablar con los muertos? —pregunta Nathan, desconcertado.

—Bueno, no estoy segura de que sea exactamente así. Es solo que algunas personas nacen de una forma tan especial que pueden seguir viendo a las personas cercanas a ellas, incluso después de que esas personas se hayan ido. Como Kevan y tu hermana.

—Yo no pude ver a mi hermana. Puede que pensara que la oía, pero no la vi —Nathan frunce el ceño.

—No, pero eso no significa que no tengas el don. No estabas destinado a verla. Sin embargo, a mí sí puedes verme, ¿verdad?

Nathan abre los ojos de par en par y me lanza una mirada. —Por supuesto. ¿Y eso qué tiene que ver?

—Venid los dos. Vamos a sentarnos. Os lo explicaré con más detalle.