CAPÍTULO CUARENTA Y CUATRO
Kevan
El cuerpo de Kevan sube y baja en el agua, aunque flota muy por debajo de la superficie.
Algo se enrolla alrededor de su hombro y brazo, y luego alrededor del otro.
Imagina enredaderas que se extienden y expanden, que se enroscan alrededor de su cuerpo.
Tiran de ella. Se pregunta si debería resistirse o simplemente dejarse llevar.
Quizás ese abrazo sería permanente. Seguro.
No te ahogarás , susurra Tommy de nuevo.
Abre los ojos y lo busca. Al menos eso cree. La confusión se apodera de ella e intenta comprender por qué está aquí. Ha estado conteniendo la respiración durante tanto tiempo. Las enredaderas tiran de ella con más fuerza mientras siente que algo arrastra su cuerpo hacia arriba.
No falta mucho , oye susurrar a alguien, pero esta vez no es la voz de Tommy.
Mientras sigue ascendiendo, mira a su izquierda a través de los párpados entreabiertos y ve a Beth nadando junto a ella.
Beth le hace señas para que la siga y luego señala hacia arriba.
El agarre en uno de sus brazos se aprieta más, tira de ella con más fuerza.
Siente que su cara rompe la superficie del agua e inmediatamente el aire entra a borbotones en sus pulmones, y una sensación de hormigueo recorre todo su cuerpo mientras sus extremidades se benefician del oxígeno.
Ahora, acunada en el abrazo de alguien, la sacan del agua.
El chapoteo resuena en sus oídos mientras su cuerpo se sacude arriba y abajo, y luego siente como si la tierra cálida se elevara a su encuentro.
Deja que su cabeza descanse sobre ella y nota pequeños cosquilleos que le rozan la cara, que se deslizan de un lado a otro con la suave brisa.
Tras otra bocanada de aire en los pulmones, Kevan tose y siente que alguien le levanta el torso y la abraza contra su pecho.
—Renee, vas a estar bien. Vas a estar bien.
Le llega el olor a madreselva y se da cuenta de inmediato de que es Gammie quien la sostiene.
Oye la voz de otra mujer y, por un momento, se siente aún más desorientada que antes.
Mientras la mecen de un lado a otro, nota el agua chapoteando dentro de sus oídos, lo que le dificulta la audición.
La otra voz suena familiar, pero fuera de lugar.
Intenta orientarse, pero el mareo se apodera de ella.
Tiene el oído presionado contra el pecho de Gammie y puede oír y sentir cómo le susurra algo a la otra persona.
Las palabras no son más que un murmullo, e intenta con todas sus fuerzas entender, pero no puede.
Entonces la extraña familiar responde, y Kevan logra distinguir algunas palabras:
—Debemos sacar a Kevan de aquí.
¿Aquí? ¿Dónde es aquí? Kevan intenta recordar. No tiene idea de dónde está. Por alguna razón, no puede abrir los ojos por mucho que intente obligar a sus párpados a hacerlo. Gammie sigue susurrando, y entonces Kevan oye otra voz extraña decir:
—Lleva a Kevan a casa y nosotros nos encargaremos del resto.
¿Encargarse de qué? Espera. ¿Qué está pasando?
¿Por qué estoy aquí? ¿Está Beth aquí? Quizás no pudo venir hoy.
¿Por qué fui a nadar sola? Su mente bulle frenéticamente mientras intenta mantenerse alerta.
Está somnolienta y más mareada que antes, y por un momento siente como si todavía estuviera flotando en el agua.
Nota el movimiento del agua que ondula arriba y abajo.
De nuevo se pregunta por qué fue a nadar.
Si su madre se entera, se meterá en problemas, especialmente por alejarse tanto que no pueden oírla desde casa.
Tiene que decirle algo a Gammie. Gammie no puede llevarla a casa todavía, no hasta que tenga tiempo de secarse.
Pero Kevan está demasiado agotada para decirlo.
Se abandona a la certeza de que Gammie cuidará de ella y se deja vencer por el sueño.
Lo que parecen solo unos instantes después, Kevan abre los ojos y ve una tela amarillo pálido cubierta de flores.
Siente algo peludo y suave bajo la barbilla y se da cuenta de que le cubre todo el cuerpo.
Se da la vuelta, empuja la manta hacia abajo y mira al techo, fijando los ojos en las aspas giratorias del ventilador. Ahora sabe dónde está.
—Bueno, hola, dormilona.
Kevan gira la cabeza bruscamente y ve a Gammie sentada en la silla de la esquina.
Se incorpora y aparta la manta de una patada.
Al bajar la mirada, ve que lleva puesto su camisón favorito, el que le regaló Gammie para las pijamadas.
Lo mira fijamente durante unos segundos, tratando de recordar cuándo vino a casa de Gammie.
—¿Qué pasa, querida?
—No recuerdo haber venido aquí, Gammie.
Gammie se ríe.
—¿Cómo que no lo recuerdas?
—Que debo haber venido sonámbula, porque no recuerdo haber venido a tu casa.
—Dime qué es lo que sí recuerdas.
Kevan alza la mirada y reflexiona un momento.
—Lo último que recuerdo es irme a la cama, pero me quedé despierta a escondidas con una linterna, leyendo mi libro.
—¿Segura de que eso es lo último que recuerdas?
—Sí.
—Bueno, entonces supongo que habrás venido sonámbula —dice Gammie con una risa nerviosa—. Has dormido bastante rato. ¿Qué te parece un tentempié, mi niña?
—Tengo un hambre de lobo —dice Kevan, y salta del sofá. Gammie la toma de la mano y la lleva a la cocina.
—Te prepararé lo que tu barriguita desee.
—Te quiero, Gammie.
—Yo también te quiero, querida.