Donde no se mira Capítulo 9 #2
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Capítulo 9 #2

—Una fuente en policía dice que están valorando posibles conexiones. Traducción: están mirando si todo pertenece al mismo incendio, pero no quieren decir incendio hasta ver las llamas.

—¿Alex?

—Contaba con él para fotos y archivo.

—Bien.

Martin me señaló con el móvil.

—Quiero mapa de los puntos, antecedentes recientes en la zona, redadas, detenciones, nombres de bandas si podemos sostenerlo y testimonios con cabeza.

—No soy nueva.

—Lo sé. Por eso estás aquí y no fuera fingiendo que no te interesa lo de Kovács.

Me quedé un segundo sin responder, lo justo para odiarlo un poco.

—¿Perdón?

Martin entrecerró los ojos.

—He dicho que no eres nueva.

—Después has dicho otra cosa.

—He dicho muchas cosas. Escoge la útil.

No sabía si lo había soltado por intuición o por mala leche, y tampoco me convenía averiguarlo.

Así que lo dejé pasar.

—¿Para cuándo quieres algo?

—Primera pieza hoy, si confirmamos lo básico. Sin forzar. Si no hay nombres, no hay nombres. Si no hay vínculo confirmado, decimos eso. Pero quiero que empecemos a tirar del hilo ya.

Me levanté con el café ya casi frío en la mano.

—Vale.

—Morales.

Me detuve en la puerta.

—¿Qué?

—La entrevista de Kovács está bien. De verdad.

Lo miré.

—Dos elogios en menos de cinco minutos. Me estás preocupando.

—No abuses. Y otra cosa.

Claro.

Siempre había otra cosa.

—No te distraigas.

No dijo con qué, tampoco hacía falta. O quizá sí y precisamente por eso me molestó.

—No me distraigo —dije.

Martin sostuvo mi mirada un segundo.

—Eso espero.

Salí del despacho con una sensación incómoda en el estómago. No era culpa de Martin. O no solo. Era esa mezcla rara de haber hecho bien mi trabajo y, dos minutos después, tener otro incendio delante.

Alex me esperaba en mi mesa con esa paciencia falsa de quien ya está disfrutando antes de saber nada.

—¿Y bien?

Me senté.

—La pieza funciona.

—Eso ya lo sabíamos.

—Martin ha dicho buen trabajo.

Alex abrió mucho los ojos.

—Madre mía. ¿Estás bien? ¿Está bien él? ¿Avisamos a alguien?

A pesar de todo, se me escapó una risa. No me vino mal.

—También tenemos caso nuevo —dije.

La expresión de Alex cambió enseguida.

La broma se le quedó a medias, que en él era casi una señal de alarma.

—¿Qué caso?

Abrí el correo que Martin me había reenviado y giré un poco la pantalla hacia él.

—Bayview. Tres muertos en menos de cuarenta y ocho horas. Dos tiroteos y un cuerpo encontrado esta mañana cerca de un almacén abandonado.

Alex leyó la alerta en silencio.

—Joder.

—Sí.

—¿Relacionados?

—Oficialmente, no.

—O sea, probablemente sí.

—O no tienen ni idea.

—También.

Se giró hacia su ordenador y se puso serio, de esa forma suya que a veces se le olvidaba enseñar. Alex podía pasarse medio día haciendo chistes, pero cuando tocaba trabajar, trabajaba.

—Pásame lo que tengas.

Le reenvié el correo y abrí un documento nuevo.

Escribí arriba:

Bayview / muertes / posible vínculo

Me quedé mirando la línea un segundo.

La cena con Evan seguía ahí, en alguna parte de mi cabeza, como una conversación abierta en segundo plano. Pero aquello era otra cosa. Tres muertos. Un barrio en tensión. Una policía que no quería decir más de la cuenta.

Lo demás podía esperar.

O eso intenté decirme.

—¿Estás bien? —preguntó Alex.

—Sí.

—Ese sí era de trabajo o de los tuyos.

—De trabajo.

—Bien. Porque el otro no te lo habría comprado.

Lo miré.

—Haz algo útil cinco minutos, anda.

—Puedo intentarlo. No prometo continuidad.

—Mira en archivo lo que tengamos de Bayview de los últimos meses. Tiroteos, redadas, detenciones… cualquier cosa que pueda encajar.

—Qué bonito cuando mandas.

—Alex.

—Voy.

Mientras él repasaba el archivo, yo entré en la nota policial. Era breve, fría y llena de huecos. Una persona fallecida encontrada a primera hora. Investigación en curso. No había riesgo para la comunidad.

Esa frase siempre me ponía de mal humor.

Cuando alguien tenía que escribir que no había riesgo para la comunidad, normalmente era porque alguien de la comunidad ya estaba bastante asustado.

—Tengo algo —dijo Alex al cabo de unos minutos.

Me acerqué a su mesa.

—¿Qué?

—Hace tres semanas hubo una redada cerca de Third Street. Drogas, armas, dos detenidos. Nada muy grande, pero mira.

Giró la pantalla hacia mí. Había una nota breve de archivo, cuatro párrafos y una foto mala de una calle acordonada.

—¿Qué tengo que mirar?

—Uno de los detenidos salió sin cargos a las veinticuatro horas.

—Eso puede significar muchas cosas.

—Ya. Por eso he dicho «algo», no «la respuesta a todos nuestros problemas».

—Nombre.

—Todavía buscando.

Volví a mi mesa y abrí una nota rápida.

Redada Third Street.

Dos detenidos.

Uno sale sin cargos.

Comprobar nombres.

Cruzar con zona del primer tiroteo.

El móvil vibró sobre la mesa. Yo no lo miré, pero Alex sí.

—Te acaba de llegar un mensaje y estás fingiendo que no te importa con una concentración admirable.

—Estoy trabajando.

—Claro.

El móvil vibró otra vez.

Lo cogí, porque fingir que no lo había visto no iba a hacerme más adulta.

Evan: Buenos días, Lucía. Espero que no hayas cambiado de opinión.

Me quedé mirando el mensaje un segundo. Luego miré el documento abierto en la pantalla: tres muertos en Bayview, posible vínculo, policía sin confirmar.

Y, en medio de todo eso, una cena a las ocho y media.

Bloqueé el móvil sin responder.

Alex levantó las cejas.

—¿No contestas?

—Ahora no.

—Eso ha sonado responsable.

—No te emociones.

—Demasiado tarde.

Respiré hondo y volví al documento.

La cena seguía ahí, en algún rincón de mi cabeza, pero Bayview estaba delante. Y eso era lo que tocaba mirar ahora.