Capítulo 5 Treinta y seis horas
La partida de cartas no se reanudó.
Elvis se quedó de pie junto a la radio, mientras alrededor de la mesa las últimas risas se apagaban y las cartas seguían donde Fuego las había dejado, algunas boca arriba, otras todavía recogidas en un mazo torcido delante de Aldo.
Lara esperaba una explicación sobre la comunicación que acababa de llegar.
Elvis, en cambio, empezó directamente por las consecuencias.
—A partir de ahora, nada de nombres operativos. Chris, Erik, volved a usar vuestros nombres de pila durante unos días.
Lara miró de Fuego a Thor. Ninguno de los dos reaccionó lo suficiente como para ayudarla a entender quién era Chris y quién era Erik.
—Las comunicaciones con los observadores, solo por los canales establecidos. Nika sigue encargándose de las transmisiones, pero con su cargo civil.
Nika ya había acercado el bloc que tenía junto a la radio y estaba tomando notas. Park escuchaba con los antebrazos apoyados en la mesa, la espalda recta. Fernanda se había quedado en la puerta de la cocina con un trapo en la mano.
—A partir de ahora, yo no soy el comandante. Soy el station manager.
Aquello, al menos, Lara lo entendió perfectamente.
Esperaba que alguien preguntara por qué. Nadie lo hizo. Vincent se terminó el agua del vaso. Derek cerró el cuaderno que había vuelto a abrir después de cenar. Incluso Fuego, hasta pocos minutos antes empeñado en discutir las reglas de un juego de cartas, había perdido el aire despreocupado.
—Fuego. —Elvis se corrigió enseguida—. Mejor dicho... Christian. —Se dirigió a él en primer lugar—. Durante la inspección eres responsable de los vehículos.
—Por fin un ascenso.
—Es exactamente el trabajo que ya haces.
—Entonces retiro el entusiasmo. —Fuego se recostó contra el respaldo, pero los dedos dejaron de juguetear con el borde de una carta.
Elvis pasó a Thor.
—Erik. —El gigante rubio levantó la cabeza del plato ya vacío—. Perímetro exterior, seguridad en el terreno, generadores secundarios. Todo lo que un técnico de campo debería saber, y nada más.
—Recibido.
—Joder, casi me había olvidado de que tenía nombre. —Fuego se volvió hacia él con una sonrisa.
—Yo también —dijo Erik, con la cara perfectamente seria.
Aldo ahogó una risa. Lara casi no la oyó.
Todo lo que un técnico de campo debería saber, y nada más.
Erik no debía simplemente ocuparse de algo. Debía saber la cantidad justa de cosas.
—Ingeniera.
Elvis se dirigió a ella en último lugar. Lara pensó que la excluiría del todo, que la dejaría fuera de lo que fuera a pasar. En cambio, continuó.
—Tú sigues haciendo lo que ya haces. Eres la única, aquí dentro, que no tiene que cambiar absolutamente nada.
A Lara le costó un momento entender qué quería decir. Su trabajo era real. Su nombre era real. No tenía una segunda versión de sí misma que presentar a los observadores.
La constatación no la tranquilizó.
—¿Y el resto del equipo, qué es exactamente lo que tiene que cambiar?
Elvis no le respondió.
—Briefing detallado mañana a las seis. A partir de ahora, ropa del consorcio en todas las zonas comunes.
Recogió la radio y salió.
Durante unos segundos nadie dijo nada. Luego Fernanda recogió los platos, Aldo empujó la silla hacia atrás y Vincent se levantó con su taza.
La sala recuperó enseguida el movimiento, pero no la normalidad de antes.
Thor y Fuego fueron los primeros en irse.
Nika se dirigió directamente a la sala de comunicaciones. Park siguió a Elvis.
Lara se quedó sentada mientras Fernanda le retiraba el plato vacío de delante.
Existía una explicación sencilla: en una estación antártica podían trabajar personas procedentes de estructuras militares, y delante de observadores externos usar solo roles civiles evitaba preguntas innecesarias.
Podía funcionar.
Eso sí, la rapidez con la que todos habían sabido exactamente qué hacer era sorprendente.
◆
Media hora después, Lara cruzó el pasillo B y por un momento tuvo la sensación de haber entrado en la versión oficial de Taenara.
Los pantalones de camuflaje habían desaparecido de las zonas comunes.
En su lugar aparecían por todas partes el gris antracita y el logotipo del consorcio que ella llevaba puesto desde el primer día.
En el pecho, enganchadas a las sudaderas, había acreditaciones plastificadas que aquella misma mañana no había visto en nadie, y no eran etiquetas improvisadas con una impresora de oficina: el mismo diseño, la misma tipografía, el mismo formato que la suya.
Lara aminoró el paso delante de la sala de comunicaciones. Nika estaba saliendo justo en ese momento, quitándose el auricular de una oreja. En el pecho llevaba una de esas acreditaciones.
VERONIKA BOGDANOVA — Communications Systems Specialist.
Lara la leyó y después la releyó.
—Ah —dijo por fin.
Nika bajó los ojos a su propio pecho.
—Entonces Nika es de verdad tu nombre.
—¿Y qué pensabas que era?
—Después de Thor y Fuego —Lara señaló vagamente el pasillo—, empezaba a tener dudas de todo en este sitio.
—No, no. Nika es un diminutivo, pero sí, es mi nombre. —Nika se rio—. No todo el mundo tiene un nombre operativo, ¿sabes? Yo nunca lo necesité. Park, Vincent y Derek tampoco. —Se encogió de hombros—. Pasa sobre todo en ciertas unidades especiales. Como las de Thor y Fuego, por ejemplo.
¿Unidades especiales?
Lara ya había dejado de sorprenderse cuando el vocabulario de Taenara parecía pertenecer a un lugar distinto del que describía la web del consorcio. Por el momento, sin embargo, no tenía suficientes elementos para entender qué implicaba eso.
—¿Y Elvis? —preguntó, casi sin pensarlo.
Nika perdió parte de la sonrisa.
—Con Elvis nunca he entendido nada.
—Pero ¿cómo se llama?
—Elvis.
—Claro —dijo Lara—. Me refiero al nombre de verdad.
—No tengo ni idea.
Lara esperó, convencida de que tarde o temprano Nika se echaría a reír.
No lo hizo.
—¿Cuánto tiempo llevas trabajando con él?
—Un par de años.
—¿Y no sabes cómo se llama?
—Aquí nadie lo sabe. Puedes preguntárselo, si quieres.
—¿Tú se lo has preguntado alguna vez?
—Una vez.
—¿Y?
—Me preguntó para qué me hacía falta saberlo. —Nika sonrió, pero esta vez parecía más por el recuerdo que por diversión.
—¿Y a todo el mundo le parece bien así? —preguntó Lara.
Nika se encogió de hombros.
—Es Elvis.
—¿Eso sería una explicación?
—Aquí dentro, sí.
Nika volvió a entrar en la sala de comunicaciones. Lara se quedó en el pasillo con la sensación de haber hecho una pregunta perfectamente razonable y de ser, de algún modo, la única que la consideraba tal. Luego siguió hacia la B7.
Un poco más adelante se cruzó con Thor y lo reconoció sobre todo por el tamaño. Sin los pantalones de camuflaje ni la camiseta oscura, el uniforme gris lo hacía parecer menos amenazante y bastante más joven. En el pecho:
ERIK BJØRNDALEN — Field Operations Technician.
Lara aminoró el paso lo suficiente para leerlo entero. Thor siguió el movimiento de sus ojos.
—¿Algún problema? —preguntó, sin hostilidad, con curiosidad genuina.
—No. —Lara negó con la cabeza—. Solo estoy conociendo a Erik.
—El gusto es mío —dijo Thor, lanzándole una mirada de reojo, y siguió su camino.
Lara caminó cinco metros más y se encontró con Fuego, que venía del garaje, también convertido en un empleado perfectamente presentable del consorcio. La barba de dos días, por desgracia para la tapadera civil, seguía donde estaba.
CHRISTIAN BISHOP — Chief Vehicle al lado, dos letras que entonces no le habían dicho nada.
E.B.
Lara recuperó la imagen exacta de la acreditación que había leído pocas horas antes.
Erik Bjørndalen.
Los pasos se alejaron en dirección contraria. Lara esperó hasta que no oyó nada más y luego salió de su escondite en el pasillo.
La explicación que se había construido después de cenar ya no bastaba.
Preparar roles civiles para una inspección podía tener sentido; evitar nombres operativos militares podía tener sentido; incluso que Elvis se convirtiera en station manager durante dos días podía tener una justificación que ella todavía no conocía.
Pero decirle a un hombre que recordara que nunca había estado en un lugar en el que sí había estado significaba otra cosa.
Lara siguió caminando hacia la B7. El briefing empezaría a las seis. Hasta ese momento, Lara había escuchado sobre todo lo que el equipo decidía contarle.
A partir de mañana prestaría mucha más atención también a lo que evitaban decir.
◆