Capítulo 15. #2
—No es que no la aprueben, es que no saben que mi pareja es una chica.
Aún peor… —dijo levantándose para coger el teléfono que había dejado sobre la barra de la cocina.
Me lo puso delante de los ojos. Borrosa por la cercanía, ante mi cara apareció una foto de mi amiga abrazando a un morenazo de ojos claros que estaba cañón—.
Mi familia cree que Mike es mi prometido.
Llevo un año mandándoles fotos de los dos — confesó agobiada—.
Llevan tanto tiempo insistiendo en conocer a mi
«chico» que no me atreví a decirles que se trataba de Odalis. Mike es un amigo, forma parte de mi tripulación y se prestó encantado a hacerme de coartada. Él también es gay, ¿sabes?
Volví a ojear la foto. «¡Madre mía!¡Que desperdicio de hombre…!»
«¡Céntrate, Álex! Deja de babear como un perrito, que últimamente te pasas el día pensando con la entrepierna y así te va, bonita». Mi cabeza tenía razón.
Torcí el morro al recordar que Oriol había salido corriendo por patas sin decir ni una sola palabra.
—¿Y entonces piensas que ellos no aceptarían que estuvieras con otra mujer? —interrogué, tratando de escoger las palabras adecuadas.
—Ufff… Es difícil de entender. Seguramente con mi madre no habría problema.
Además, no me importa demasiado lo que piense, siempre se ha comportado más como una hermana que como una madre.
La veo poco, ¿sabes? Ella es un alma libre.
Se marchó a vivir a Marbella cuando yo era pequeña, iba y venía, siempre con regalos y divertidas historias que contarme.
No estaba preparada para la responsabilidad que suponía criarme, mi madre es un poco excéntrica —sonrió resignada y yo asentí—
. El problema es mi padre…
—Es muy conservador —me aventuré a afirmar.
Sarah buscó otra foto en el teléfono y me la puso delante.
—¡Este es mi padre! —exclamó llevándose las manos a la cara y escondiéndola entre ellas.
En la foto un señor de pelo blanco ataviado como un marqués posaba
—con báculo dorado incorporado— sobre un sillón tipo Alfonso XII de muselina y madera noble.
Al ver mi cara de póker, Sarah buscó otra foto.
—Y esta es su casa…
¡Tenía que ser una broma, no podía creérmelo!
—¡Estás de coña! —exclamé sin dar crédito a lo que veían mis ojos.
Ella negó con la cabeza. No sabía qué decir. ¿De verdad su padre vivía en aquel castillo?
—Te presento a sir William de Utrechly, lord escocés… y mi padre
—Sarah volvía a hacer pucheros—. ¿Te parece suficientemente conservador?
¡Para él fue un disgusto que yo me hiciera tripulante de cabina!
Decía que tenía los genes libertinos de mi madre metidos en la sangre y que por eso no podía parar quieta en Escocia como hubiera sido conveniente para una dama de mi posición social.
¿Acaso tengo yo pinta de damisela de alta alcurnia, discreta y estirada?
¡Imagínate si se entera de que soy lesbiana!
¡Y para colmo, Odalis no tiene ni idea de que estoy ocultando a mi familia nuestra relación!
Hasta ahora siempre había encontrado la manera de retrasar las presentaciones.
¿Te imaginas cómo se sentiría si descubre que estoy mandando a mi familia fotos de Mike para que crean que él es mi novio?
Boquiabierta miré a mi amiga. En ese momento, me di cuenta de que prácticamente no sabía nada sobre ella.
—Y ¿qué piensas hacer? —pregunté comprendiendo de pronto el problema de Sarah.
La verdad es que toda aquella historia era un buen marrón. Tenía motivos para estar tan agobiada.
—¡Mentir como una cosaca! —resolvió ella—. No me queda más remedio si no quiero que todo se desmorone.
—No es buena idea, Sarah. Las mentiras tienen las patas muy cortas. Además, ¿cómo vas a solucionarlo? ¿Llevando a una familia ficticia a la boda y fingiendo una boda de mentira con Mike? ¡Es una locura!
Sarah me miró ojiplática y una sonrisa fue iluminando su cara.
—¿Una locura? ¡Esa es precisamente la solución! Álex… ¡Eres un genio!
Negué con la cabeza. Ahora era yo la que no salía de mi asombro. ¿De verdad lo estaba diciendo en serio?
—Sarah, ¡esto va a explotarte en la cara! Lo más sensato es que hables con tu padre y te enfrentes al problema.
—Le dijo la sartén al cazo —lo había dicho con retintín mientras se secaba las lágrimas—.
Te recuerdo que estás en la Riviera alojada en un apartamento que ha pagado tu exsuegra como regalo de una boda que no se ha celebrado y haciendo creer a todo el mundo que estás de luna de miel y que tu marido se ha retrasado por trabajo.
«¿En qué momento se me había ocurrido sincerarme con ella y contarle aquello?».
La miré con incredulidad. Su rostro había recuperado el brillo y sonreía mientras asentía con convicción. Estaba claro que no pensaba dar marcha atrás.
—¿Lo dices en serio…? —volví a preguntar tratando de que entendiera que era una locura.
Sarah asintió recogiéndose el pelo.
—No puede salir bien —repuse.
—¡Saldrá bien! ¡Tú me ayudaras a que no se me escape ningún detalle que me delate!
Meneé la cabeza con disgusto y ella empezó a hacer pucheros de nuevo.
—Venga, Álex… ¡Ayúdame, por favor! Solo tú puedes ayudarme.
Aquello olía desde el principio a una gran cagada, pero ¿cómo podía decirle que no?
La miré reír y dar saltitos. El alivio que sentía había devuelto el color rosado a su rostro.
—¡Tengo que buscar un padre! Voy a poner un anuncio. ¿Cuánto crees que me cobrará un actor por hacerse pasar por mi padre? y ¿crees que Mike estará dispuesto a fingir que se casa conmigo en una boda amañada? ¡Me va a decir que estoy chalada, pero seguro que consigo convencerle!
Sarah y su hiperactividad habían vuelto a la carga.
Mi amiga se movía de un lado a otro sin parar de hablar. Dentro de aquel cuerpo dulce y sonriente se estaba gestando un plan maquiavélico.
Suspiré… Había creado un monstruo.