Capítulo 36
—Hacia la toma.
Marta respondió sin mirar el parte.
Elena mantuvo el plano abierto sobre la mesa portátil que Mireia había hecho colocar junto a la caseta.
—¿Desde dónde?
—Desde Estacada.
—¿Durante qué ventana?
Marta respiró por la nariz.
—Durante el ciclo que habéis señalado.
—De la una y cinco a las dos y veinte.
—Sí.
Elena no añadió nada.
No hacía falta.
A su derecha, el responsable de la infraestructura miraba el plano. Los dos técnicos permanecían unos pasos atrás y Mireia seguía sin intervenir. Habían pasado más de una hora hablando de niveles, sensores, tiempos de respuesta y posiciones posibles de la compuerta.
Ahora quedaban dos afirmaciones difíciles de conciliar.
El parte decía que Estacada estaba aislada.
El agua había ido desde Estacada hacia la toma.
Elena señaló E-3.
—Si esta compuerta está cerrada como figura aquí, ¿puede producirse ese flujo?
Marta miró por fin el documento.
—Ya he dicho que el parte no es una reproducción minuto a minuto.
—No te he preguntado eso.
—Y yo te estoy diciendo que puede haber estados intermedios.
—También lo has dicho.
Elena mantuvo el dedo sobre E-3.
—Cerrada. Estacada aislada. ¿Puede el teléfono avanzar hacia la rejilla durante ese ciclo?
Marta tardó un poco más en responder.
—No en los términos en que lo planteas.
Elena retiró la mano.
—¿En qué términos sí?
—Si hubo una apertura parcial.
—Entonces E-3 no estaba cerrada.
—Podía estar en proceso de corrección.
—Entonces no estaba cerrada.
Marta apretó los labios.
El responsable de la infraestructura bajó la vista al parte.
—Eso es correcto —dijo—. Si hay sección útil de paso suficiente para producir esa respuesta, hidráulicamente no está aislada.
Marta se volvió hacia él.
—No estoy discutiendo hidráulica básica.
—Yo tampoco.
Elena observó a Marta.
Seguía hablando como lo había hecho desde el primer día: precisa, contenida, capaz de encontrar el matiz que evitaba una afirmación demasiado amplia.
Solo que los matices empezaban a agotarse.
—Probemos la otra posibilidad —dijo Elena.
Marta volvió la mirada hacia ella.
—¿Cuál?
—Que el parte sea correcto.
Elena colocó tres gráficas sobre la mesa.
—E-3 cerrada. Estacada aislada. Bomba 4 entra en ciclo.
Señaló la primera.
—El nivel en Estacada responde.
La segunda.
—La conductividad cambia primero aquí.
La tercera.
—Después junto a Bomba 4 y más tarde hacia Gola Blanca.
Marta no dijo nada.
—Y el teléfono —continuó Elena—, que estaba antes de la rejilla, alcanza su posición final durante la única ventana de esa noche con arrastre suficiente.
—Eso es una reconstrucción.
—Sí.
—No una observación directa.
—Claro.
Marta miró a Mireia, como si la precisión tuviera que importar también allí.
Elena siguió.
—Podemos quitar el teléfono si quieres.
Marta volvió a mirarla.
—¿Qué?
—Lo quitamos.
Apartó la hoja del terminal.
—Nos quedamos con niveles y conductividad.
Elena señaló Estacada.
—La señal aparece aquí primero.
Después Bomba 4.
—Aquí después.
Y Gola Blanca.
—Aquí más tarde.
—Los sensores tienen márgenes.
—Los hemos incluido.
—Y mezcla.
—También.
—Y variaciones de nivel aguas abajo.
—Revisadas.
Marta negó ligeramente con la cabeza.
—Estás convirtiendo una red dinámica en una tubería.
—No.
Elena giró el plano hacia ella.
—Estoy haciendo justo lo contrario. Por eso hemos revisado retornos, marea, conexiones secundarias, filtración, tiempos de respuesta y gradientes.
El responsable de la infraestructura asintió una vez.
Marta lo vio.
—Una red real puede responder de manera no lineal —dijo.
—Sí.
—Puedes tener una señal adelantada en un punto sin que represente un transporte directo.
—Sí.
—Entonces no puedes presentar el orden como una flecha perfecta.
—No lo hago.
Elena dejó las gráficas donde estaban.
—La flecha no sale solo de la conductividad.
Señaló los niveles.
—Sale de la respuesta de Estacada durante el bombeo.
Después el teléfono.
—De un objeto que termina en el lado de entrada de la rejilla.
Luego el trazado físico.
—Y de una instalación que, para producir ambas cosas al mismo tiempo, necesita conectar Estacada con Bomba 4.
Marta guardó silencio.
Elena bajó la voz, no por dramatismo, sino porque ya no necesitaba proyectarla.
—Si quieres mantener E-3 cerrada, tienes que hacer que el agua vaya en una dirección que esta red no permite bajo esa configuración.
El técnico más próximo al plano se inclinó.
—Sí.
Marta lo miró.
—¿Sí qué?
—Que con E-3 aislada no consigo reproducir la respuesta de Estacada hacia la toma. No con esos niveles.
—No estabas allí esa noche.
—Los registros sí.
La respuesta no tuvo tono de desafío.
Eso la hizo más difícil de apartar.
Marta cruzó los brazos.
—Puede haber una maniobra no registrada.
Elena esperó un segundo.
—Sí.
—O un estado transitorio.
—Sí.
—Entonces el parte puede estar incompleto, no necesariamente ser falso.
Elena asintió.
—Puede.
Marta pareció sorprenderse.
—Entonces estamos de acuerdo.
—En que pudo haber una maniobra no registrada.
Elena tocó la línea del parte.
—Lo que no puede seguir siendo cierto es esto: E-3 cerrada. Estacada aislada. Ese estado es incompatible con lo que hizo el agua.
Marta miró la hoja.
—El parte se completó con la información disponible.
—Lo completaste tú.
—Sí.
—Y cuando lo revisamos en el CADS dijiste que E-3 había estado cerrada durante el ciclo.
—Según el parte.
—No dijiste «según el parte».
Marta levantó la cabeza.
Elena recordaba la conversación sin esfuerzo. Marta había señalado el circuito, había explicado que con E-3 cerrada no existía una llamada sostenida desde Estacada y había presentado esa configuración como real.
No como un objetivo operativo.
No como un resumen imperfecto.
—Dijiste que estaba aislada —añadió Elena—. Y que por eso el teléfono no podía haber llegado por esa vía durante el bombeo.
—No recuerdo haberlo formulado así.
—Yo sí lo anoté.
Mireia habló por primera vez.
—Y consta en la documentación de la revisión.
Marta la miró.
—¿Esto es ya un interrogatorio?
—No —respondió Mireia—. Sigue siendo una reconstrucción técnica. Si cambia el marco, te lo diré.
Marta apartó la vista.
Elena no necesitaba entrar en ese terreno.
Volvió al agua.
—Hay una segunda cosa.
Cogió la copia de la imagen de la estación.
—El coche de Laura entra en el aparcamiento a las 23:34.
Marta no reaccionó.
—Eso no es hidráulica —dijo.
—No.
Elena dejó la fotografía sobre la mesa y miró a Mireia.
Era su dato.
Mireia se acercó.
—La imagen no identifica al conductor —dijo—. Tampoco sitúa a Laura dentro.
Marta mantuvo el gesto neutro.
—Entonces no demuestra nada sobre mí.
—No por sí sola —respondió Mireia.
Elena agradeció la precisión.
Mireia continuó:
—Pero el coche llevaba restos compatibles con Estacada y D-17 antes de aparecer en la estación.
Laura estaba en Bomba 4 a las 21:05. El vehículo entra en el aparcamiento a las 23:34.
Después, entre la 01:05 y las 02:20, se produce una maniobra que los datos no permiten conciliar con el parte que tú elaboraste.
—Eso sigue sin identificar a quien conducía.
—Correcto.
—Ni a quien tocó E-3.
—Correcto.
Marta señaló la mesa.
—Entonces estáis haciendo una suma de cosas que no prueban quién hizo qué.
Elena la miró.
Era una objeción legítima.
Había sido también la suya durante días.
—Por eso no hemos empezado por ti —dijo.
Marta sostuvo su mirada.
—Pero habéis acabado aquí.
—La hidráulica ha acabado aquí.
—No dramatices.
Elena sintió una irritación breve y la dejó pasar.
—No lo hago.
Señaló E-3 una vez más.
—Con el parte correcto, el teléfono no llega a la rejilla. Con el parte correcto, el cambio no avanza de Estacada hacia Bomba 4 y después hacia Gola Blanca. Y con el parte correcto, Estacada no responde como responde durante el ciclo.
Marta no interrumpió.
—Para conservar tu versión hay que negar al menos una de esas tres cosas.
—O aceptar una maniobra no registrada.
—Eso destruye tu versión de E-3 cerrada.
Marta miró al responsable de la infraestructura.
Él no apartó la vista.
—Hidráulicamente, sí —dijo.
El silencio duró varios segundos.
Elena oyó el zumbido bajo de la instalación y, más lejos, un vehículo en la carretera.
Había esperado aquel momento durante días.
No sintió alivio.
Solo la necesidad de no estropearlo añadiendo más de lo que tenía.
Marta habló primero.
—Supongamos que hubo una apertura.
—De acuerdo —dijo Elena.
—Eso no demuestra que la hiciera yo.
—No.
—Ni que tuviera relación con Laura.
—No por sí solo.
Marta miró a Mireia.
—Entonces, ¿qué estáis haciendo?
Mireia abrió la carpeta gris.
—Añadiendo lo que no es hidráulico.
Elena permaneció quieta.
Mireia sacó la documentación de Riberes del Sud. No la extendió entera, solo las hojas necesarias.
—Tienes un interés económico no visible en la operación de compra que incluye D-17.
Marta miró los documentos.
La reacción fue mínima: un cambio apenas perceptible en la boca.
Nada más.
—Eso es privado.
—Es relevante —dijo Mireia.
—No es ilegal invertir.
—No he dicho que lo sea.
Mireia señaló una fecha.
—Tu aportación es anterior al patrón de degradación de D-17.
Marta no respondió.
—Durante semanas —continuó Mireia—, esa parcela sufre alteraciones repetidas de su régimen de agua. El deterioro entra después en la negociación económica de la finca.
—Yo no decidía el precio.
—Pero participabas en el beneficio.
—Si la operación salía adelante.
—Sí.
Marta miró a Elena.
—¿También esto es parte de tu peritación?
—No.
—Entonces no sé por qué estás aquí mientras se habla de mis finanzas.
Elena no contestó.
Mireia sí.
—Porque la reconstrucción técnica no ha terminado. Y porque la pregunta no es solo si tenías un motivo, sino si ese motivo coincide con una manipulación que Elena ha demostrado por otra vía.
Marta soltó aire.
—No ha demostrado que la hiciera yo.
—No —dijo Elena.
Mireia la miró un instante, quizá esperando que continuara.
Elena lo hizo.
—He demostrado que D-17 no se deterioró de forma uniforme ni natural.
—Eso no me identifica.
—No.
—Que E-3 tuvo que estar conectada esa madrugada.
—Sí.
—Tampoco me identifica.
—No por sí sola.
Marta abrió las manos.
—Entonces seguimos igual.
Elena negó.
—No.
—¿Por qué?
—Porque tu parte dice que esa conexión no existió.
—Ya hemos hablado de que puede haber estados no reflejados.
—Y tú eras quien debía reflejarlos.
Marta se quedó callada.
Elena no elevó el tono.
—No necesito demostrar ahora quién puso la mano en la compuerta.
Marta frunció el ceño.
—Conveniente.
—Necesito saber quién construyó la versión que dice que esa compuerta no permitió el paso.
Marta miró el documento.
Ahí sí no había intermediarios.
El parte llevaba su nombre.
Sus explicaciones posteriores también.
—Un parte se confecciona con información de distintas personas —dijo.
—Claro.
—Yo no estaba necesariamente delante de cada maniobra.
—Claro.
—Entonces puedes tener un dato equivocado sin que exista ninguna falsificación.
Elena asintió.
—Sí.
Marta pareció esperar otra cosa.
—Pero llevas días corrigiendo la explicación cada vez que aparece una limitación física.
Elena enumeró sin prisa.
—Primero E-3 estaba cerrada y aislaba Estacada. Después el parte era un resumen. Después podía haber una posición intermedia. Ahora puede haber una maniobra no registrada que te llegó mal.
—Porque estáis añadiendo datos.
—Los datos son los mismos desde hace varios días.
Marta miró las gráficas.
—No todos.
—La dirección sí.
Elena señaló el ramal.
—El agua fue de Estacada hacia la toma.
No había nada más que explicar.
Marta podía discutir quién, la intención o el momento exacto de una apertura parcial.
No podía hacer que el flujo cambiara de sentido.
—Eso es lo que rompe el parte —dijo Elena—. No el carbofurano. No Riberes. No el coche.
Marta la miró fijamente.
—¿Y qué quieres que diga?
—Nada.
La respuesta pareció descolocarla más que cualquier pregunta anterior.
—No necesito que digas nada.
Elena recogió una de las gráficas.
—Necesitaba comprobar que no existía una configuración compatible con tu versión.
—Y has decidido que no existe.
—No lo he decidido. La hemos revisado entre varios.
El responsable de la infraestructura habló.
—No veo una forma de mantener Estacada aislada y obtener esos tres efectos a la vez.
Uno de los técnicos añadió:
—Yo tampoco.
Marta no respondió.
Mireia cerró la carpeta.
—A partir de aquí, las actuaciones que correspondan son nuestras.
Su tono no cambió.
Hizo una indicación al agente que estaba más atrás.
Elena no preguntó qué iba a ocurrir con Marta ni qué medida concreta iba a adoptar la policía. No necesitaba saberlo para terminar su trabajo allí.
Marta miró a Mireia.
—¿Me tengo que quedar?
—Sí. Te explicaremos ahora el siguiente paso.
Mireia se volvió hacia Elena.
—¿Has terminado?
Elena miró el plano.
No.
Quedaba Laura.
Pero la reconstrucción técnica, sí.
—Con Marta, sí.
Guardó las gráficas.
Marta se alejó unos metros con Mireia y el agente. El responsable de la infraestructura empezó a recoger sus copias y los técnicos hablaron entre ellos en voz baja.
Elena se quedó frente a la toma.
La rejilla seguía en el mismo lugar donde la había visto el primer día. Antes de encontrar el teléfono no significaba nada especial. Después había sido un punto de hallazgo, luego una dirección y más tarde una hora.
Ahora era el extremo de una cadena que había obligado a desmentir un documento.
Miró aguas arriba.
La derivación de servicio quedaba fuera de la línea principal, parcialmente tapada por la caseta y el carrizo.
Mireia volvió unos minutos después.
—Vamos a actuar sobre la zona que marcaste ayer.
Elena asintió.
—¿La derivación?
—Y los puntos asociados. Búsqueda dirigida.
—Bien.
—Quiero que estés para indicarnos la lógica del circuito, no para entrar ni manipular nada.
—Eso pensaba hacer.
Mireia miró hacia donde estaba Marta.
—No ha confesado nada.
Elena cerró la carpeta.
—No hacía falta.
—No para la hidráulica.
—Ni para saber dónde tiene sentido mirar.
Mireia siguió la dirección de su vista.
—Ayer dijiste que, si algo entró en la corriente, podía moverse.
—Sí.
—Y si no entró...
—Hay que buscar donde el agua no lo habría llevado.
Mireia hizo una seña a los agentes.
Elena permaneció junto a la mesa mientras empezaban a organizarse.
No sabía qué encontrarían y no iba a adelantarse.
La dirección del agua había cerrado una parte del caso.
La siguiente empezaba justo fuera de ella.