Donde mueren los flamencos (Las huellas de la tierra 1) Capítulo 31
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Capítulo 31

Mireia no dijo nada durante el primer minuto.

Elena había colocado sobre la mesa cuatro hojas y un plano. Nada más. No quería que la cantidad de papeles sustituyera a la lógica.

—Empieza —dijo Mireia.

Era media tarde. Habían cerrado la puerta del despacho y, sobre una silla lateral, había una carpeta policial que Elena no había abierto.

No era su documentación.

Señaló la cronología.

—Laura llevaba semanas revisando D-17.

Mireia asintió.

—Eso ya lo tenemos.

—No estaba investigando flamencos.

—No.

—Ni carbofurano.

—Hasta donde sabemos, no.

Elena deslizó el dedo hasta la segunda línea.

—A las 21:05 está en Bomba 4.

—Sí.

—A las 23:34 su coche entra en el aparcamiento de la estación.

—Sin conductor identificado.

—Sí.

Después señaló la franja inferior.

—Entre la 01:05 y las 02:20, Bomba 4 funciona con una configuración que produce circulación desde Estacada hacia la toma.

Mireia miró el plano.

—Y eso contradice el parte.

—Contradice que E-3 estuviera hidráulicamente aislada como figura en él.

—Vale.

—Durante esa misma ventana se mueve el teléfono.

—Hasta la rejilla.

—Sí.

Elena pasó a la gráfica de conductividad.

—Y el cambio aparece primero en Estacada, después junto a Bomba 4 y luego aguas abajo, hacia Gola Blanca.

Mireia no preguntó nada.

Elena sabía que la parte importante venía ahora.

—El problema de los flamencos ocurre después.

Mireia levantó la vista.

—Después de la desaparición.

—Sí.

—Eso ya lo sabíamos por las fechas.

—Sabíamos que las aves enfermaron después. Lo que no habíamos unido todavía era ese momento con la maniobra de la madrugada.

Mireia se inclinó hacia la mesa.

Elena continuó.

—Laura llevaba semanas trabajando sobre un deterioro intermitente de D-17: salinidad, renovación, horas de agua que no cuadraban. Todo eso empieza mucho antes.

—Y Gola Blanca es otro episodio.

—Otro episodio ambiental.

—Con carbofurano.

—Agudo y posterior.

Mireia miró el plano como si intentara apartar todo lo que ya sabía y quedarse solo con la secuencia.

—Entonces el vertido no explica lo que Laura investigaba.

—No.

—Ni siquiera ocurre antes de que desaparezca.

—No.

Elena dejó pasar unos segundos.

No necesitaba dramatizarlo. La estructura temporal era suficiente.

—Ocurre después de que Laura deje de dar señales —dijo—. Y después de que su coche aparezca camino de una explicación distinta.

Mireia la miró.

—La estación.

—Sí.

—Estás diciendo que alguien pudo montar una salida voluntaria y después generar un problema ambiental.

—Estoy diciendo que esas dos cosas ocurren en ese orden.

—No es exactamente lo mismo.

—No.

Mireia apoyó los dedos sobre la fotografía de Bomba 4.

—¿Y qué función tendría contaminar Gola Blanca?

Elena tardó en responder.

Aquella era la pregunta que llevaba desde la mañana evitando contestar antes de tiempo.

—Varias posibles. Alterar el escenario hidráulico, hacer circular agua por el ramal, mover objetos que hubieran quedado retenidos, superponer un episodio nuevo sobre uno anterior o crear una explicación agrícola para movimientos de agua que, de otro modo, llamarían la atención.

Mireia se quedó quieta.

—El teléfono.

—Se mueve con esa circulación.

—Y acaba donde lo encontramos.

—Sí.

—¿Crees que querían moverlo?

Elena negó.

—No puedo decir eso.

—Pero lo has incluido entre las posibles funciones.

—Porque ocurrió.

—Eso no demuestra intención.

—Exacto.

Mireia se recostó.

—Entonces el vertido podría haber tenido otro objetivo y mover el teléfono de forma accidental.

—Sí.

—O podría haberse hecho precisamente para alterar el ramal.

—Sí.

—Y no sabemos cuál.

—Todavía no.

Mireia volvió a mirar la cronología.

—Pero sí sabemos que es posterior, que usa la misma configuración hidráulica que contradice el parte y que esa configuración conecta físicamente Estacada, Bomba 4 y Gola Blanca.

—Sí.

Mireia respiró despacio.

—Eso cambia bastante las cosas.

Elena no respondió. Había esperado que lo dijera ella.

Mireia cogió la hoja de D-17.

—Hasta ahora teníamos dos líneas. Una desaparición y un delito ambiental.

—Y varias irregularidades alrededor.

—Ramón, Jordi, Clara.

—Sí.

—Ahora tenemos que considerar que el delito ambiental no es paralelo.

—Puede no serlo.

—Puede formar parte de lo ocurrido después de la desaparición.

—Sí.

Mireia dejó la hoja.

—Encubrimiento.

Elena la miró.

—Como hipótesis.

—Fuerte.

Elena volvió al mapa.

—Más fuerte que ayer.

—No te gusta la palabra.

—La palabra me da igual. Me importa qué parte puedo sostener.

—¿Y qué puedes sostener?

Elena pensó antes de responder.

—Que el episodio que afecta a Gola Blanca no es el origen de la investigación que Laura llevaba semanas realizando.

Es posterior a su desaparición. También puedo sostener que, durante la madrugada siguiente, se produjo una configuración hidráulica incompatible con el parte; que esa configuración desplazó el teléfono y trasladó hacia Gola Blanca el pulso que terminó afectando a las aves.

—¿Y que alguien provocó ese segundo episodio?

—El carbofurano no aparece allí por un proceso natural.

—Eso ya lo sabíamos.

—Ahora sabemos además cuándo circuló.

Mireia se levantó y fue hasta una pizarra pequeña junto a la pared.

Cogió un rotulador.

—Voy a hacerlo a mi manera.

Escribió:

D-17.

Debajo:

Laura desaparece.

Más abajo:

Coche → estación.

Y al final:

Madrugada: E-3 / Bomba 4 / teléfono / Gola Blanca.

Se apartó.

—¿Así?

Elena se levantó.

—Falta una cosa.

Tomó el rotulador y dibujó una línea que separaba D-17 del último bloque.

—No son el mismo daño.

—Ya.

—D-17 es acumulativo. Semanas.

Marcó debajo:

«degradación previa».

Luego señaló el último bloque.

—Gola Blanca es agudo.

Escribió:

«episodio posterior».

Mireia miró la pizarra.

—Entonces alguien puede haber provocado un segundo delito ambiental para tapar el primero.

Elena negó.

—No sabemos que quisiera tapar D-17.

—¿Qué quieres decir?

—Puede estar tapando otra cosa.

Mireia dejó de escribir.

Elena señaló la línea de «Laura desaparece».

—Si la maniobra nocturna ocurre después de que Laura desaparezca, no tenemos que asumir que su función principal sea ocultar semanas de manipulación de D-17.

—Puede estar relacionada con lo que le pasó a ella.

—Sí.

La frase quedó suspendida entre las dos.

No era una acusación.

Pero tampoco una posibilidad remota.

Mireia apoyó el rotulador en la bandeja.

—Eso nos cambia la prioridad.

—A vosotros.

—A nosotros.

Elena la miró.

Mireia corrigió:

—A la investigación penal. Tú sigue con el agua.

—Eso pensaba hacer.

Mireia volvió a sentarse y abrió la carpeta policial que había dejado sobre la silla.

—Voy a pedir preservación formal de toda la documentación operativa del periodo.

—¿No la teníais ya?

—Tenemos copias y documentación incorporada. Quiero asegurar la conservación completa de registros, accesos, modificaciones y versiones.

—Bien.

—Y voy a revisar otra vez quién podía intervenir en E-3 y Bomba 4 esa noche.

Elena no preguntó nombres.

—También quiero comparar los tiempos del coche con cualquier movimiento que podamos obtener después de la estación.

—Eso ya no es mío.

—Lo sé.

Mireia cerró la carpeta.

—Pero necesito que me digas una cosa. Si alguien quisiera lavar físicamente el entorno de Bomba 4, ¿este ciclo podría hacerlo?

Elena se quedó pensando.

—«Lavar» es demasiado amplio.

—Vale. Mover agua.

—Sí.

—Arrastrar residuos pequeños.

—Sí.

—Desplazar algo ligero.

—Sí.

—Diluir una contaminación local.

—Depende de cuál y de dónde.

—¿Y borrar una escena?

Elena negó.

—No uses esa frase conmigo.

—¿Por qué?

—Porque no sé qué escena había.

—Pero podría alterar indicios.

—Podría modificar la distribución de restos en el agua y en márgenes próximos. Eso no significa borrar todo ni volver invisible un lugar.

Mireia asintió.

—Eso me sirve.

—No debería servirte demasiado.

—Me sirve exactamente como lo has dicho.

Elena volvió a sentarse.

Esa era una de las razones por las que no le molestaba trabajar con Mireia: no convertía cada matiz en una certeza mayor.

—Hay otra cosa —dijo Elena.

—Dime.

—El carbofurano puede funcionar también como una explicación falsa.

—¿Falsa para quién?

—Para cualquiera que vea primero las aves.

Mireia frunció el ceño.

—Explícate.

—Aparecen flamencos intoxicados. Se confirma un producto agrícola. Después aparece ese mismo producto almacenado irregularmente en la esfera de Ramón.

—Y todo apunta hacia allí.

—Sí.

—Como nos pasó.

—Como nos pasó.

Mireia se quedó en silencio.

—¿Estás diciendo que alguien podía contar con eso?

—No sé qué esperaba quien lo hizo.

—Pero el efecto fue ese.

—Sí.

Elena señaló la hoja de Ramón.

—Teníamos un producto real, una irregularidad real y un hombre que mentía por razones reales. Era una explicación excelente.

—Solo que respondía a la pregunta equivocada.

—Exacto.

Mireia la miró.

—¿Crees que el carbofurano se eligió por Ramón?

Elena negó de nuevo.

—No tengo datos para decirlo.

—Pero quien lo usó sabía que existía.

—Eso sí es más razonable.

—Y Marta sabía que allí había material antiguo.

Elena mantuvo la mirada.

—También otras personas.

—Ya.

—No estreches antes de tiempo.

Mireia sonrió apenas.

—Esa frase la podría decir yo.

—Entonces úsala.

La sonrisa desapareció.

Mireia volvió a la pizarra y, debajo de «episodio posterior», escribió:

«¿encubrimiento?»

El signo de interrogación le gustó a Elena.

—Así sí.

—Gracias por la aprobación.

—De nada.

Mireia miró las cuatro líneas.

—Laura estaba investigando D-17.

—Sí.

—Desaparece después de decir que va a Bomba 4.

—Sí.

—Su coche acaba en una estación.

—Sí.

—Después, de madrugada, alguien opera la red de una manera que no coincide con el parte.

—Sí.

—Esa maniobra mueve su teléfono.

—La circulación de esa ventana es la única compatible con el desplazamiento hasta la rejilla.

—Y también lleva el pulso contaminante hacia Gola Blanca.

—Sí.

Mireia dejó el rotulador.

—No me hace falta que me digas quién. Esto ya cambia cómo tengo que mirar la noche.

Elena volvió a sus papeles.

Eso era suficiente.

No una solución, sino una reordenación.

Durante días, la mortandad de los flamencos había parecido el comienzo del caso porque había sido el comienzo para Elena: la llamada, la llegada al Delta, la Gola Blanca, los primeros cuerpos de aves en el agua.

Pero el orden en que ella había conocido los hechos no era el orden en que habían ocurrido.

La contaminación no estaba al principio.

Estaba después de Laura.

Mireia hizo una llamada desde el despacho. Pidió preservación de registros, versiones de partes y trazas de modificación relacionadas con Bomba 4, E-3 y los sectores conectados. No dio delante de Elena más detalles de los necesarios.

Después colgó.

—Ya está.

—¿Qué?

—Que esto deja de ser solo documentación ambiental útil. Quiero que nadie pueda decir dentro de dos semanas que un registro se sobrescribió porque era rutinario.

Elena asintió.

—Bien.

—También voy a pedir que revisen de nuevo el aparcamiento de la estación y los movimientos posteriores.

—Vale.

—Y el acceso a la instalación.

—Vale.

Mireia la miró.

—No vas a preguntar.

—No.

—Milagro.

—Si necesito un dato, te lo pediré.

Mireia cerró el portátil.

—Entonces dime qué necesitas tú.

Elena miró la pizarra.

—Nada nuevo.

—¿Nada?

—Necesito ordenar lo que ya tenemos sin añadir una intención que todavía no puedo demostrar.

—¿Para el informe?

—Y para no equivocarme.

Mireia asintió.

Elena empezó a recoger.

Guardó primero D-17, después la cronología, luego la secuencia de conductividad y, por último, la nota del teléfono.

Mireia dejó la pizarra sin borrar.

—¿Quieres una foto?

Elena negó.

—No.

—¿Por qué?

—Ya lo tengo en el cuaderno.

Abrió una página limpia y escribió:

«D-17 = problema previo. Laura desaparece. Después: maniobra nocturna + teléfono + carbofurano + Gola Blanca».

Y debajo:

«Encubrimiento: hipótesis fuerte. Función exacta no demostrada».

Cerró el cuaderno.

Al levantarse, volvió a mirar la primera línea.

D-17.

Eso era lo que Laura había seguido.

No los flamencos.

No el carbofurano.

No la mortandad que había llevado a Elena hasta el Delta.

Durante casi una semana, el caso había parecido empezar en Gola Blanca.

Ahora sabía que no.

Gola Blanca era lo que había pasado después.