Donde mueren los cuervos CAPÍTULO 61 LO QUE PUEDE PROBARSE
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CAPÍTULO 61 LO QUE PUEDE PROBARSE

C uando Luján llegó al puesto veinte minutos después, Vera no volvió a enumerar los hallazgos.

Colocó sobre la mesa el informe preliminar, la ficha de la cámara y las fotografías del registro.

El equipo debía pasar de la descripción de los objetos a una pregunta verificable: qué relación tenía el almacén con los documentos de Santa Brígida y quién había podido acceder a ambos lugares.

—¿Crees que Teresa llevó a Lucía allí? —preguntó Luján.

—Creo que tenemos motivos para investigar su relación con el almacén. No sabemos quién conducía ni quién entró.

—Eso es lo que pondremos por escrito.

La solicitud judicial no podía convertir una hipótesis en un hecho.

Vera corrigió el borrador para indicar que un vehículo registrado a nombre de Teresa había sido captado en la zona a las 17:18; la presencia de Teresa seguía pendiente de corroboración.

La muestra preliminar apuntaba a una posible vinculación de Lucía con el lugar.

La confirmación genética llegaría después y, aun entonces, no permitiría fijar cuándo ni en qué circunstancias había estado allí.

El equipo dividió las tareas. Un grupo reconstruiría el uso del almacén y sus accesos; otro cotejaría la cámara con rutas alternativas, comunicaciones y registros disponibles; un tercero revisaría la documentación de Santa Brígida.

Vera pidió que una persona ajena a la hipótesis inicial examinara los documentos firmados por Teresa.

No era desconfianza hacia sus compañeros, sino una forma de reducir el riesgo de seleccionar sin querer solo los datos que confirmaran la teoría dominante.

Antes de dispersarse, Vera pidió que cada grupo entregara dos columnas al final de la jornada: qué datos apoyaban la línea investigada y cuáles podían debilitarla.

Uno de los agentes preguntó si eso no duplicaría el trabajo.

Vera respondió que una hipótesis que solo sobrevivía porque nadie buscaba sus puntos débiles no servía para pedir nuevas diligencias.

Luján añadió que no bastaba con escribir «no hay contradicción».

Había que dejar constancia de qué registro se había consultado, qué periodo cubría y qué quedaba fuera.

Un silencio en una base de datos podía significar que no hubo actividad, que el sistema no conservaba esos datos o que nadie había buscado en el lugar correcto.

El equipo anotó esa diferencia antes de cerrar la reunión.

Vera observó cómo los agentes repartían las carpetas.

Por primera vez desde el hallazgo de la sangre, la investigación no parecía avanzar hacia una única puerta.

Se abrían varias: la propiedad del almacén, los accesos, los archivos del centro y la identidad de quien había utilizado el vehículo.

Si alguna no conducía a Teresa, también tendrían que seguirla.

La petición para volver a Santa Brígida delimitó los espacios que debían inspeccionarse: las zonas alteradas relacionadas con la habitación doce y los archivos que pudieran aclarar los traslados anotados en los expedientes.

Cada lugar se vinculó a una pregunta concreta y a un indicio ya documentado.

Vera eliminó del borrador las palabras «celda» y «sala de castigo».

Aún no conocían la función de los espacios ocultos.

El fiscal pidió aclarar si la inspección requeriría retirar tabiques o estanterías.

Luján precisó que primero se fotografiaría y mediría el estado inicial, y que cualquier modificación necesitaría autorización expresa.

La solicitud contempló la conservación de los materiales retirados y la separación de documentos relacionados con la investigación de datos personales de terceros sin vínculo conocido con los hechos.

El abogado de Teresa preguntó si la doctora estaba siendo investigada y si se había encontrado material biológico.

Luján no confirmó por teléfono resultados provisionales.

Le indicó que las solicitudes de acceso se tramitarían por escrito y quedarían registradas.

El abogado anunció que impugnaría cualquier actuación que excediera la autorización.

La defensa tenía derecho a plantear esos límites; el equipo debía poder demostrar que los había respetado.

La respuesta judicial llegó a las tres y cuarenta y dos de la madrugada.

Autorizaba el registro de los espacios descritos, la recogida de documentación y la inspección de las zonas alteradas relacionadas con los hechos.

No permitía una búsqueda ilimitada ni la demolición de paredes sin documentación previa.

Vera leyó la resolución de principio a fin.

No había confesión, identificación directa ni reconstrucción completa de lo ocurrido a Lucía.

Había una razón concreta para volver a Santa Brígida y una autorización que delimitaba qué podían buscar.

El edificio quizá no ofreciera nada concluyente; también era posible que los archivos revelaran omisiones o accesos que nadie había documentado.

Antes de salir, Luján guardó la orden en una funda rígida.

—¿Y si lo que encontramos implica a más gente?

—Entonces investigaremos a más gente.

Se reunieron con el equipo técnico antes del amanecer, en la carretera de Santa Brígida.