CAPÍTULO 53 AL REVÉS
N icas tardó dos días en poder declarar.
Vera pidió que la entrevista fuera limpia.
Sin fotografías al principio.
Sin nombres.
Sin preguntas que contuvieran la respuesta.
Luján observó desde detrás del cristal.
—Cuéntame qué pasó después de salir de casa.
Nicas habló despacio.
Recordaba el mensaje.
Recordaba haber seguido el camino.
Después recordaba una furgoneta.
—¿La misma que viste otras veces?
—Parecida.
—¿Quién conducía?
Nicas cerró los ojos.
—Alguien del pueblo.
—¿Hombre o mujer?
Vera esperó.
—Parecía mujer.
No preguntó más sobre aquello.
—Quiero que pensemos en Marina.
Nicas bajó la mirada.
—La vi.
—¿Dónde?
—En el monte.
—¿Estaba sola?
—No.
—¿Qué hacía la otra persona?
Nicas frunció el ceño.
—Ayudaba.
—¿Cómo?
—La llevaba.
Vera se inclinó ligeramente hacia delante.
—¿Hacia dónde?
—Abajo.
—¿La llevaba hacia el monte?
Nicas negó con la cabeza.
Levantó los ojos.
—La estaba trayendo.
Vera dejó que el silencio llenara la sala.
La frase cambiaba la dirección de la investigación.
Luján pidió que Nicas descansara antes de continuar y que la segunda sesión empezara con un relato libre, sin mostrarle el fragmento de matrícula ni la fotografía de la cámara.
La primera entrevista se había registrado completa, incluidos los silencios y las veces que respondió que no sabía.
La ausencia de una respuesta no se rellenaría con una hipótesis del equipo.
Nicas dijo que había visto a Marina desde cierta distancia y que la persona de ropa clara la sostenía por debajo de los brazos.
No podía describir el rostro ni asegurar si la mujer estaba ayudándola a caminar o intentando moverla.
Su frase «la estaba trayendo» se refería a la dirección del movimiento respecto al lugar donde él se encontraba, no necesariamente al destino final.
Vera pidió que esa precisión quedara en el acta.
Cuando Nicas mencionó a Don Amadeo, no pudo distinguir si lo vio llegar en coche o si reconoció su voz antes de verlo.
Recordaba un grito, pero las palabras cambiaron entre una sesión y otra.
En la primera dijo «ya está hecho»; en la segunda dudó y añadió «vete».
El instructor conservó ambas versiones y no las combinó en una frase más clara de lo que era.
La identificación fotográfica se realizó con personas de características similares y con instrucciones de que el autor podía no estar presente.
Nicas miró a Teresa durante varios segundos, pero no la señaló.
Dijo «puede» y luego pidió retirar la imagen.
El equipo no convirtió esa reacción en una identificación positiva.
Luján insistió en que el acta reflejara el grado de incertidumbre exacto.
La declaración aportaba una hipótesis de traslado y una descripción de ropa, no un rostro.
Si el cuerpo de Marina había sido movido, la tierra y las fibras podían ayudar a reconstruir el trayecto; si Nicas había interpretado mal la escena, el análisis debía permitir descartarlo.
La nueva dirección de la investigación dependía de pruebas independientes, no de una frase impactante.
Durante diecisiete años habían dado por supuesto que Marina había sido llevada hasta el lugar donde apareció.
Nicas decía lo contrario.
La estaban sacando de algún otro lugar.
Vera consultó después el informe antiguo de Marina.
La ubicación del cuerpo y la tierra adherida a la ropa eran compatibles con que hubiera permanecido en la zona alta antes de aparecer en la acequia, pero el examen de entonces no había documentado un traslado.
La omisión podía deberse a que no se consideró esa posibilidad o a que la muestra se tomó tarde.
No era prueba de que alguien hubiera manipulado el expediente.
La nueva reconstrucción exigía revisar la cadena de custodia de las muestras antiguas y determinar cuáles seguían disponibles.
Si no quedaba material suficiente, la hipótesis de traslado tendría que apoyarse en testimonios y otros indicios, con un grado de certeza menor.
Luján pidió que el informe provisional reflejara esa limitación de forma explícita.
Nicas había devuelto a la investigación una pregunta que llevaba años cerrada. No había entregado un nombre. La diferencia impedía que el alivio de encontrar una explicación se confundiera con el final del caso.
Antes de terminar, Nicas levantó un dedo.
—El camino de arriba.
—¿Qué camino?
—Detrás de la casa grande.
Localizaron el desvío esa misma tarde.
El desvío aparecía en un plano forestal antiguo, pero no en el mapa municipal reciente.
El equipo recorrió la cuneta con luz rasante y encontró dos fragmentos metálicos, ambos demasiado pequeños para identificar una pieza completa.
Uno tenía pintura clara bajo una capa de óxido.
Se embaló junto al resto del material, sin asociarlo todavía a la furgoneta de Requena.
La búsqueda también revisó el terreno alto donde Nicas decía haber visto a Marina.
La vegetación había cambiado desde entonces y no existía una forma fiable de reproducir cada movimiento.
Un técnico comparó la composición de las muestras de tierra con las de la acequia y encontró diferencias en semillas y minerales.
El resultado era compatible con un traslado entre dos zonas, pero no demostraba que el cuerpo hubiera sido transportado en vehículo ni identificaba a quien lo hizo.
Vera dibujó dos rutas posibles sobre el mapa: una desde Santa Brígida hasta el barranco y otra desde la cantera hasta la acequia.
Ambas podían recorrerse en un intervalo razonable.
Luján pidió calcular tiempos con distintos vehículos y a pie, pero advirtió que una ruta posible no equivale a una ruta utilizada.
Nicas descansaba en el hospital, bajo vigilancia discreta.
No se le mostró el mapa. Su relato quedaría separado de las hipótesis de traslado hasta que los peritos concluyeran la comparación del terreno.
La investigación había ganado una dirección concreta; aún no tenía un conductor, un vehículo identificado ni una secuencia completa.