¿Donde estoy? Capítulo 2. Las hojas secas
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Capítulo 2. Las hojas secas

La figura se queda ahí... quieta... mirándome.

Es un hombre.

Ahora lo veo mejor.

Los hombros anchos.

La forma de pararse.

La pisada firme contra la tierra.

Yo intento hablar, pero no puedo. Quiero preguntarle quién es... quiero preguntarle cómo sabe que estoy despierto... qué carajo me pasó. Pero no consigo sacar ninguna palabra. Sé que lo conozco... Conozco esa silueta... Conozco la forma en que se cruza de brazos... Pero el nombre no aparece.

Entonces escucho voces a lo lejos... Gente... El ruido de unos pasos sobre el sendero de tierra. El tipo también los escucha. Gira la cabeza un segundo y después vuelve a mirarme... No dice nada... Empieza a alejarse.

—No...

La palabra apenas sale de mi boca... Quiero que se quede... necesito que se quede. Es la única persona que parece saber qué está pasando. Pero sigue caminando... cada vez más lejos... hasta que desaparece entre los árboles.

Las voces se acercan... Un hombre pasa por el sendero... Después una mujer... Ninguno de los dos se detiene. Me miran solo un segundo y siguen caminando.

Borrachera.

Un tipo tirado.

Una noche de mierda.

Claro... ¿qué van a pensar? Quizá ni siquiera están seguros de si estoy consciente. Me gustaría gritarles... decirles que estoy despierto... que no puedo moverme... que necesito ayuda. Pero no me sale nada.

Y entonces la mente empieza a disparar destellos... Cierro los ojos... ¿Qué me pasó?...

Aprieto los párpados y me vienen flashes de mi vida... Fragmentos sueltos que no tienen nada que ver con anoche... Escenas de años atrás.

Y entre todo eso... aparece ella.

Clara.

¿Quién es Clara?

Mi cabeza va y viene en el tiempo... Mi novia de la adolescencia... La chica del colegio... La misma con la que me seguí viendo a escondidas años después... La que estuvo ahí antes, durante y después de mi matrimonio... Un amor secreto, eterno, prohibido... Una historia de toda la vida.

Una sonrisa.

Un auto estacionado.

Un hotel.

Un helado compartiendo la misma cuchara.

Cierro los ojos con más fuerza para retenerla, pero la imagen se desvanece... Vuelvo a abrir los ojos. Ese hombre ya se fue del todo... Y otra vez estoy solo.

La puta madre... Esto es una mierda. No sé qué me está pasando... no sé dónde estoy... no sé cuánto tiempo llevo acá. Y lo peor es que no puedo hacer nada... Absolutamente nada.

Intento mover un dedo.

Nada.

Intento mover una pierna.

Nada.

El cuello.

Nada.

Los brazos.

Nada.

Estoy completamente quieto, como si mi cuerpo no fuera mío.

Pero no siento dolor, y eso es lo más extraño...

No me duele la espalda... ni las piernas...

ni los brazos... nada. Eso debería tranquilizarme, pero no...

me desespera más... porque esto no es normal.

Una persona tirada en el suelo debería sentir algo.

Dolor.

Frío.

Calor.

Alguna cosa.

Yo apenas siento el suelo debajo de mí... las hojas... la humedad... la respiración. Eso es todo. Estoy acá, pero es como si estuviera separado de mi propio cuerpo... como si yo estuviera en algún lugar detrás de mis ojos y el resto de mí se hubiera quedado apagado.

¿Qué mierda me pasa? Cierro los ojos... Necesito pensar.

Eso sí puedo hacerlo: pensar... por ahora.

Cierro los ojos y trato de concentrarme...

¿Quién soy? La pregunta aparece enseguida y no sé contestarla...

Sé que soy alguien... sé que tengo una vida...

o tenía una vida. Sé que conozco personas...

sé que tengo recuerdos... Pero cuando intento encontrarlos... nada.

Una botella.

Música.

Luces.

Una voz.

Aparecen pedazos, imágenes sueltas... Pero no puedo armar el rompecabezas.

Vamos... pensá... tenés que acordarte...

¿Qué hiciste ayer? Nada... o demasiado...

No, eso no puede ser... Algo pasó... Algo pasó antes de despertarme acá...

Tiene que haber pasado... y yo debería recordarlo.

Pero no... no puedo... Estoy perdiendo la memoria...

La puta madre... La idea me atraviesa de golpe: estoy perdiendo la memoria...

¿Es eso?... ¿Me pasó algo en la cabeza?...

¿Estoy enfermo?... ¿Me drogaron?... ¿Me hicieron algo?

No sé nada... Y eso es lo que más miedo me da: no saber quién soy... no saber qué hago acá... no saber por qué no puedo moverme.

Pero hay algo que sí sé... Abro los ojos.

El cielo.

Las ramas.

El parque.

Estoy acá... Yo soy yo... Tengo que ser yo...

No puedo haber desaparecido... No puedo simplemente estar tirado debajo de un árbol mientras mi vida sigue en otro lado...

No... eso no. Cierro otra vez los ojos y trato de ir más atrás...

más atrás... Antes de anoche... antes de la botella...

antes de la música... Quiero encontrar mi casa...

mi habitación... mi trabajo... mi gente...

un amigo... cualquier cosa. Pero cuanto más busco, más vacío encuentro...

Es como caminar por una casa después de que se llevaron todos los muebles...

Sé que alguna vez hubo algo, pero ya no está.

—La puta madre...—

Respiro... Una vez... Dos... Tres... No llores... No, no voy a llorar... Tengo que pensar... tengo que mantenerme tranquilo... Pero ¿cómo mierda voy a mantenerme tranquilo si estoy atrapado dentro de mi propio cuerpo?

Cierro los ojos... y entonces escucho algo diferente...

Una pelota... Pum... contra el suelo... Después otra vez...

Pum... Giro los ojos todo lo que puedo...

No puedo mover la cabeza, pero consigo verlos: un grupo de chicos...

Están jugando a la pelota... Corren... se gritan...

se ríen. Uno de ellos me ve... Se queda quieto...

me mira... Después mira a los otros y les dice algo...

Los demás se dan vuelta... Ahora todos me miran.

Uno señala.

Otro murmura.

Todos se acercan.

Me están señalando. Los miro... Por favor...

vengan... vengan... Yo sé que los chicos tienen otra sensibilidad...

que se dan cuenta de cosas que los adultos no ven.

Uno de los chicos se acerca... después otro...

Son cuatro... ahora cinco... Dejan la pelota tirada y se acercan lentamente... Mi corazón empieza a latir más

rápido... Sí... vengan... por favor... ayúdenme. Quiero decirlo... quiero gritarles... pero no puedo. Solo puedo abrir y cerrar los ojos.

Los abro.

Los cierro.

Los abro otra vez.

Vamos... mírenme... estoy vivo... estoy vivo.

Uno de los chicos se agacha y me mira la cara...

Yo vuelvo a abrir los ojos... El chico se levanta, mira a los otros y sonríe...

¿Qué hace?... Se da vuelta, va hacia un árbol y agarra un montón de hojas secas...

Vuelve... y las deja caer sobre mí. Me quedo helado... ¿Qué?... Otro chico hace lo mismo.

Hojas.

Más hojas.

Polvo.

—No...— Intento moverme... Nada. —No, no, no...—

Las hojas me caen encima de la cara... Una me

queda sobre la nariz... otra sobre la boca...

Los chicos se ríen... Uno agarra todavía más y me las tira encima...

Hijos de puta... En vez de ayudarme me están tapando...

Se creen que soy un borracho... un tipo tirado debajo de un árbol...

un borracho cualquiera... un loco... un muerto...

Me están tapando con hojas... No... Esto no puede estar pasando... No puede.

No, no puede ser. Esto no es normal. De repente veo que uno de ellos se anima más. Se levanta de un salto y sale corriendo. No alcanzo a ver bien hacia dónde va porque me queda muy al costado, fuera de mi campo de visión, pero sé que va decidido hacia algún lugar.

Veo que se mueve allá a lo lejos, mientras los demás chicos se ríen descontrolados, lo festejan y lo alientan a los gritos para que siga haciendo lo que sea que está haciendo.

—¡Dale, dale! ¡Hacelo! ¡Tirásela toda! —se escuchan las carcajadas cómplices.

Y entonces lo veo volver.

Uy, no... Viene con una bolsa de basura. Ha sacado la bolsa de basura directamente del cesto del parque.

¡Hijos de puta! ¡No puede ser! ¡No puede ser!

Cierro los ojos con desesperación porque me la está volcando encima. Siento cómo me caen encima cosas frías, mojadas... porquerías pegajosas que la gente tira dentro de la basura. Restos de comida, cartones húmedos, desechos podridos... todo me está cayendo directamente sobre la cara y el pecho.

Eso sí lo siento con un realismo asqueroso. Siento cómo me tiran toda esa porquería encima, siento la textura helada mezclada con el barro y, sobre todo, siento los olores agrios y nauseabundos que se me meten por las fosas nasales.

Me quedo así, tapado y paralizado por unos segundos.

Esto no es normal. ¿Esto me puede estar pasando a mí? Malditos pendejos de mierda... Malditos críos... Malditos sean estos chicos.

¿En qué clase de monstruos se convierte la gente cuando cree que nadie la mira?

¿Cómo es posible que unos pibes tengan tanta crueldad gratuita en las manos, capaz de enterrar a un hombre vivo en basura solo por diversión?

La sociedad está enferma, o tal vez el enfermo soy yo, que no puedo ni defender mi propia dignidad frente a un puñado de mocosos.

Sin poder mover un solo músculo, golpeado por la vergüenza y el asco, no me queda más opción que entregarme a la situación. Me rindo ante el peso de las hojas y la basura sobre mi rostro.

De fondo, escucho las risas de los chicos que van festejando su hazaña. Agarran su pelota de un puntapié y sus voces se van alejando poco a poco, disolviéndose en la distancia hasta que las risas se pierden por completo entre la

espesura del monte. Y otra vez, el silencio sepulcral me vuelve a tragar.