Capítulo 56 #3
—Quizá debería hacerte una a juego. Ya sabes, para que las demás mujeres no se lleven una impresión equivocada.
Los ojos de él se tornaron oscuros al pensarlo y Ruby sonrió. Se inclinó hacia delante y succionó la piel sensible de su cuello, mordisqueando hasta hacerle gemir. Le dio un beso sobre su pulso acelerado y se apartó.
Rafe la miró con las pupilas muy dilatadas.
—No, tienes la piel demasiado bonita para lastimarla. En su lugar, te regalaré alguna joya ostentosa.
Rafe dejó escapar una carcajada de sorpresa.
—¿Una joya? —Tumbó a Ruby bocarriba y ella chilló mientras le lamía el cuello.
Ruby se rio al sentir que le hacía cosquillas con la nariz y besaba y mordisqueaba su piel sensible—.
Nada de joyas. No hay necesidad de marcar.
Aunque puedes morderme siempre que te apetezca.
—Se mantuvo incorporado sobre sus brazos, su rostro ensombrecido por el cabello, pero sus ojos plateados destellaban en la oscuridad—.
Soy tuyo, Ruby. Lo he sido desde el principio.
Ella levantó los brazos y enredó las manos en su pelo, susurrando su nombre mientras él besaba su cuello otra vez.
Y otra. Ruby le bajó los pantalones cortos y él la penetró, olvidadas ya sus heridas, olvidado todo salvo la unión de sus cuerpos.
La folló despacio, como si tuvieran toda la eternidad.
La folló hasta explotar los dos en mil pedazos, y la abrazó después hasta que ambos se recompusieron.
Hasta quedar dormidos en una maraña de extremidades y mantas, mientras la lluvia bañaba los árboles y la magia le corría a Ruby por las venas.
Estaba a punto de amanecer; una débil luz grisácea entraba por la ventana. Rafe había quedado relegado a un cuarto del colchón y tenía un brazo de Ruby cubriéndole el pecho y una de sus piernas enredada en la suya. Le pareció una imagen perfecta.
Se pasó una mano por la cara, preparándose para ir a hacer café, preguntándose qué harían ese día.
¿Cómo sería un día normal? ¿Se quedarían allí?
¿Regresarían a casa de Ruby? Sabía que ella dormiría durante unas horas más, pero él se notaba demasiado alterado, demasiado nervioso por empezar su nueva vida como para seguir durmiendo.
Probablemente Ruby tendría que trabajar esa noche y él debía terminar las mesas de Macy. Iba muy retrasado con ese pedido. Sería normal. Sencillo. Agradable. Y estarían juntos.
¿Acaso no sería capaz de hacer algo así? Sería capaz de llevar una vida normal. Por ella, sería capaz de cualquier cosa.
Ruby, su Ruby, no quería una vida normal.
Contuvo una sonrisa viendo su pecho subir y bajar, su cabello oscuro desparramado sobre la almohada.
Por un instante pensó que la había robado, que había saqueado un pueblo, que la había acechado durante la noche para llevarla hasta allí.
Pero no había sido así. Ruby había ido con él porque quería, porque lo deseaba.
Y, en lo referido al acecho, esa parte le había gustado bastante.
A Rafe se le calentó la sangre al recordar la noche anterior y se le aceleró el corazón con la promesa de todas las noches que tenían por delante.
Ruby deseaba sus dos caras y él jamás imaginó que eso fuera posible. Ya no tenía que fingir ser humano o deshonrar a su gente o convertirse en la bestia asesina que quería su padre. Por primera vez, podía ser él mismo, y pasaría el resto de su vida demostrándole a Ruby lo agradecido que estaba.
Debería haberle hecho caso mucho antes. Probablemente dejaría que utilizara eso en su contra durante el próximo siglo. Con eso y con orgasmos y sándwiches de beicon ilimitados, pensaba que estarían en paz.
Rodó hasta colocarse de costado, desenganchando las extremidades de Ruby de las suyas, y disfrutó contemplando la imagen de su compañera junto a él.
Si su padre hubiera sabido lo poderoso que se sentía al haberla encontrado, su manada habría sido imparable.
Rafe haría pedazos el mundo por ella. Ruby era su motivación definitiva para ser un hombre mejor, un lobo mejor.
Devon se equivocaba en muchas cosas. Su odio jamás habría podido motivarlo tanto como lo motivaba el amor de Ruby. El viejo lo había entendido todo mal.
Rafe tomó aire y dejó que el aroma de Ruby le llenase el alma. Estaba allí con él y eso era lo único que importaba ahora. O confiaba en que fuera lo único.
Trató de desterrar el cosquilleo de inquietud que no tenía nada que ver con su padre.
Los lobos que habían atacado a Ruby habían muerto, pero Rafe sabía que el asunto no estaba zanjado aún.
No si Sinclair estaba involucrado. No si Knox planeaba algo.
Que él hubiera matado a unos lobos de poca monta no solucionaba nada.
Ahora que Knox sabía lo de Lena, no había forma de saber lo que haría el nuevo alfa.
Se alegraba de que la hubieran dejado con Callie.
Ruby se agitó a su lado y él la estrechó contra su cuerpo y aspiró su olor. Lena y Knox abandonaron sus pensamientos mientras volvía a quedarse dormido.