¿Dónde estás, lobo feroz? (Maple Hollow 1) Capítulo 56 #2
95%

Capítulo 56 #2

Rafe la deslumbró con su sonrisa y ella acercó la cara a la suya. Encontró sus labios cálidos y suaves contra los suyos mientras se besaban, proyectando ante ellos todos los años por venir. Pero había una cosa más que debía decirle aunque detestara la idea. Lo había pospuesto todo lo posible.

—Wyatt habló conmigo… antes de…

Rafe se quedó muy quieto.

—¿Aquella noche adoptó su forma humana?

—Sí, al principio. Intentó convencerme para que me fuera con él. Dijo que su alfa necesitaba mi ayuda.

Rafe maldijo para sus adentros.

—Sinclair.

—¿Quién es ese?

—El alfa de la manada de los Highlanders. Un cabrón hijo de perra.

—Wyatt dijo que necesitan mis talentos. Pero sigo pensando que se refería a Lena.

—No son muy listos que digamos.

Ruby soltó una risita sutil hasta recordar qué más había dicho Wyatt.

—Creo que Knox está implicado de algún modo. —Su voz sonaba débil contra el viento que rugía en el exterior.

Las ramas de los árboles arañaban los costados de la pequeña cabaña de caza.

Rafe se dio la vuelta y se quedó mirándola apoyado sobre un codo. Parecía estar a punto de salir corriendo a estrangular a su hermano al oírselo mencionar.

—¿Por qué dices eso?

—Wyatt dijo que la manada del Condado estaba intentando llegar a un acuerdo. Knox quiere fusionar las dos manadas y comprar el terreno en el que vivís todos. Pero los Highlanders no confían en él. Por eso quieren una vidente.

—Me parece un plan descabellado —contestó él con el ceño fruncido.

—¿Descabellado por qué? ¿No sería bueno ser los propietarios del terreno? Así no os podrán echar. Nadie podría urbanizarlo.

La expresión ceñuda de Rafe se intensificó.

—Nos despreciamos unos a otros desde hace años, desde hace siglos. ¿Y Knox cree que podemos darnos la mano y vivir en armonía? Es una locura. Pero…

—¿Pero?

—Si lo consigue —prosiguió él sacudiendo la cabeza—, quizá podría salvarnos.

Se quedó callado unos instantes, meditándolo.

—Quiero ver a Knox. No me dijo nada al respecto.

—No te lo ha contado todo.

—Claramente. Y no sé de dónde demonios va a sacar el dinero para comprar el terreno.

—Yo tampoco —confesó ella, acercándolo más a su cuerpo—. Pero ya encontraremos la solución, ¿de acuerdo?

Ninguno de los dos mencionó la posibilidad de que el plan de Knox se hubiera ido a pique después de que Rafe matara a varios Highlanders. Si esos últimos no confiaban antes en los del Condado, aquello sin duda no habría contribuido a mejorar la relación.

Pero esa era una conversación para otro día.

Rafe había hecho lo que tenía que hacer para protegerla.

No le echaría la culpa de eso.

Le vio rezongar y, a continuación, inclinarse sobre ella para besarle los labios, el cuello, bajando por el cuello de la camisa que había tomado prestada.

—Me gusta verte con mi ropa puesta —le dijo, haciéndole cosquillas en la piel—. Pero te has abrochado demasiados botones —agregó soltándole algunos.

—¡Oye! —se rio ella, dándole un manotazo.

Él sonrió.

—¿Tienes hambre? —preguntó.

—Podría comer.

Rafe le pasó los brazos por debajo como si intentara volver a levantarla, pero Ruby se retorció para zafarse.

—¡Puedo caminar!

Rafe dibujó una línea de besos por su cuello, murmurando contra su piel.

—Si insistes…

—Sí. Insisto. —Ruby sacó las piernas por un lado de la cama y siguió a Rafe a la cocina vestida con su camisa de franela y nada más. Se sentó a la pequeña mesa y recorrió su suave superficie con los dedos.

—¿La has hecho tú? —le preguntó mientras él sacaba de la nevera pan, beicon y verduras.

—Mmm.

—Es preciosa.

Ruby observó encantada el lento rubor que tiñó las mejillas de él.

—Gracias.

—Tú también eres precioso —dijo ella con una sonrisa.

—Ruby…

—¿Me he pasado?

—Un poco —contestó Rafe, recuperando aquella sonrisa satisfecha—. ¿Te parece bien un sándwich de beicon, lechuga y tomate?

—Me parece perfecto. Me encanta cualquier comida siempre y cuando me la prepare alguien.

—Lo tendré en mente.

—¿Para todos los días que cocinarás para mí en el futuro? —bromeó ella, pero Rafe le sostuvo la mirada con un destello en sus ojos plateados.

—Sí, exacto.

Ruby notó un escalofrío de placer por todo el cuerpo. Podría acostumbrarse a aquello.

—Vale —dijo con la voz ahogada por la emoción al imaginar décadas en las que Rafe le hacía de comer en mitad de la noche.

—Pienso compensártelo —dijo él colocando el beicon sobre el pan caliente.

El olor inundó rápidamente la cocina y a Ruby le rugió el estómago.

—¿Compensarme el qué?

Él la miró con una ceja levantada.

—Ruby, ambos sabemos que tengo que compensarte muchas cosas. Te he hecho vivir un infierno. Nos he hecho vivir un infierno a los dos.

Ruby abrió la boca para rebatirlo, pero cambió de idea.

—Bueno, no te equivocas.

—Lo sé —contestó Rafe riéndose.

Montó los sándwiches, los puso en sendos platos y se sentó a la mesa junto a ella.

—Ay…, cortado en diagonal. Buen comienzo.

—Me alegra que te guste —dijo él mientras degustaba su cena a grandes bocados.

Comieron sumidos en un agradable silencio y Ruby se entretuvo observando el encanto de la casa, mientras él no le quitaba a ella los ojos de encima.

Al posar la mirada de nuevo en él, lo pilló mirándola.

—¿Qué pasa? ¿Te parezco asustada? Porque lo único que me horroriza es la cantidad de mantas que tienes en ese sofá. ¿Eres en realidad una ancianita disfrazada?

—¡Me entra frío! —exclamó él con fingida indignación, y Ruby soltó una risita al ver su radiante sonrisa—. No he llegado a darte las gracias —agregó cuando ella dejó de reírse.

—¿Por qué?

—Por no rendirte. Aun cuando yo me comportaba como un imbécil testarudo.

—De nada. —Ruby se retiró el pelo de la cara y disfrutó de la imagen que tenía delante. Una estampa que ahora podría disfrutar todos los días durante el resto de su vida—. Gracias por hacerme caso al fin.

Rafe esbozó una sonrisa, tomó su mano entre la suya y le dio un beso en la palma.

—¿Dolores sigue cabreada conmigo? —preguntó.

—Pues sí.

Él hizo una mueca de dolor y ella le dio un apretón en la mano.

—Creo que te perdonará.

—¿Me ha sustituido por Sal?

—¿Estás celoso? —preguntó ella riéndose.

—Un poco.

—Seguro que lo solucionáis —le dijo Ruby meneando la cabeza.

—Vamos a la cama —propuso Rafe con una sonrisa.

La condujo de vuelta al dormitorio y la arropó en la cama.

Se dejó caer a su lado y Ruby se rio al sentir la cama hundirse bajo su peso.

Se acurrucó junto a él y Rafe la rodeó con los brazos y recorrió con los dedos su cuerpo.

Volvió a acariciarle la mordedura. A ella se le erizó la piel al sentir la caricia, como si su cuerpo la reconociera.

—¿Te preocupa?

—¿Qué? —preguntó él, pestañeando—. No.

—Es que no paras de tocarla.

—Sigo sin poder creerme que sea real —contestó él meneando la cabeza—. Que esto sea real.

Ruby le acarició el cuello con un dedo.