¿Dónde estás, lobo feroz? (Maple Hollow 1) Capítulo 52
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Capítulo 52

C allie, Sawyer y Lena se presentaron en algún momento de la noche y ocuparon su mesa de siempre.

El bar estaba casi vacío, de modo que Ruby se tomó un descanso y se sentó con ellos.

La relación con su hermana había estado tirante desde que Lena la acusara de tratarla como si estuviera rota, pero al menos había conseguido comportarse como si todo fuera normal. O medio normal.

Normal a pesar de que el dolor que le provocaba en el pecho la ausencia de Rafe se viera agravado además por el distanciamiento con su melliza.

—Lena nos ha contado que has tenido unos días muy movidos —declaró Callie mirándola a los ojos desde el otro lado de la mesa.

—Podría llamarse así.

—¿Estás bien?

—Físicamente sí —contestó encogiéndose de hombros.

Callie aguardó a que continuara, sus ojos azules cargados de preocupación.

— Mental, emocional y psicológicamente…, no tanto.

— ¿Y qué se siente? — preguntó Sawyer bajando la voz mientras se inclinaba hacia ella.

— Siento… que no puedo pensar en otra cosa, que no volveré a estar tranquila hasta que podamos estar juntos, que me han arrancado el corazón y me lo han robado. Que me duele todo.

Él asintió y miró a Callie.

— Sí, lo entiendo.

Ella le dedicó una sutil sonrisa, se acercó a él e incluso ese diminuto e íntimo gesto le provocó a Ruby un vuelco en las tripas.

— ¿Qué vas a hacer? — le preguntó Callie, siempre dispuesta a trazar un plan.

— Seguir trabajando e ignorarlo todo, supongo — repuso ella con los hombros encogidos. ¿Qué otra cosa podía hacer?

— ¿Crees que se ha acabado? Me refiero a si… — Callie miró por encima de su hombro como si pudiera haber alguien escuchando. ¿A quién pretendía engañar Ruby? Era posible que estuvieran todos escuchando—. ¿Crees que volverán?

—Están bastante muertos…, así que… ¿no? —Confiaba en que eso significara que se había acabado.

—Pero ¿qué pasa con su alfa? —Lena susurró la última palabra como si aún le costara creer lo que estaba diciendo—. ¿Seguirá buscándonos?

—Con suerte, la muerte de tres de sus lobos baste para disuadirlo del plan que tuviera para nosotras.

—Claro —dijo Lena estremeciéndose.

El cuarteto se recostó en sus asientos. Callie seguía mirando a Ruby como si estuviese evaluando los daños, que eran considerables.

Sawyer tamborileaba con los dedos sobre la mesa con el ceño fruncido como si estuviera intentando encontrarle solución a todo y Lena no paraba de lanzar amargos suspiros y dar sorbos a su refresco.

Menudo grupo tan animado conformaban esa noche.

Fue Sawyer el primero en empezar a reírse.

— ¿Qué tiene de gracioso este momento? — Callie lo miró horrorizada.

— Perdón. — Sawyer intentó en vano contener las risitas que le salían de la boca—. Es que después de criarme aquí todos estos años con esas descabelladas historias y…

Captó la mirada de Ruby y ella empezó a reírse también. ¡Y qué agradable sensación le provocó! Sobre todo cuando su hermana se sumó también.

— ¡Ruby! — exclamó Lena, perpleja, hasta que empezó a reírse, incapaz de resistirse aun llevándose las manos a la boca.

— Y… — prosiguió Sawyer sin aliento — . Y es todo cierto, joder.

Callie se rindió al fin y empezó a reírse con reticencia hasta que miró a Ruby a los ojos y ambas se troncharon de nuevo.

— ¡Sal llevaba razón desde el principio! — farfulló Ruby.

Lena se dobló de la risa.

—¡Dios mío! ¿En qué más cosas llevará razón? —preguntó entre risas.

—¿En lo de Pies Grandes? —sugirió Sawyer—. ¿En lo de los ovnis?

—¡Cualquier cosa es posible! —manifestó Callie entre bocanadas de aire.

Sawyer meneó la cabeza.

—¿Cuántas veces nos habrán dicho eso de «No os metáis en el bosque»? Y nosotros pensando que no eran más que habladurías, cuentos de hadas para que no nos escapáramos.

Su risa se fue apagando a medida que pensaban en las historias que, desde siempre, habían circulado por el pueblo. Historias destinadas a que los niños no se apartaran de las aceras iluminadas, a que no se acercaran a desconocidos ni a las cosas que acechaban en rincones oscuros.

Para lo que le había servido a ella.

— Y ahora míranos — dijo Sawyer con una sonrisa, señalándolos a cada uno por turnos — . Una bruja, una vidente y Ruby con un novio hombre lobo.

Ruby resopló.

— ¿Por qué te hace tanta gracia? — preguntó Callie retirándose de la cara un mechón de pelo que se le había soltado de la trenza.

— Objetivamente mola mucho — respondió él.

Ruby no pudo contener la sonrisa. Sí que molaba. Aunque al final a ella le hubiera salido el tiro por la culata.

— Ruby también es vidente — intervino Lena — . Es un rasgo de familia.

Su manera de decirlo fue casi acusadora. Como si deseara que Ruby tuviera que lidiar con los mismos problemas que ella. Aunque en eso no se parecieran. No lo experimentaban del mismo modo.

Y era estremecedor diferenciarse de su melliza en algo nuevo.

— ¿En serio? — preguntó Sawyer arqueando las cejas.

— Quizá. Está por confirmar — contestó Ruby, aunque en el fondo percibía que su hermana llevaba razón.

— Bueno, Callie va a ayudarme a controlar mis episodios — anunció Lena.

— Lo voy a intentar. Creo que quizá algunos de los remedios que me enseñó mi abuela para ayudarme a controlar mis… poderes podrían ayudar a Lena también.

— Eso es estupendo.

— Tú también puedes acudir a nuestras sesiones de estudio de brujería — dijo Lena, y quizá aquello fuese una ofrenda de paz.

Una ofrenda que Ruby debería haber aceptado, pero dudaba mucho que su amiga tuviera algún truco de brujería que darle. Además seguía dudando que ella tuviera habilidades especiales. Por lo menos ninguna que fuese a hacer acto de presencia en un futuro próximo.

— Gracias — respondió, sabiendo que ya encontraría más adelante una excusa para no ir.

— Bueno, ¡¿dónde está?! — Dolores se acercó a su mesa como un torbellino arrastrando su carrito de la colada.

— ¿Dónde está quién? — preguntó Callie contemplando a la menuda mujer. Dolores iba embutida en múltiples capas de franela y un chaleco acolchado que le confería un aspecto aún más diminuto de lo habitual.

— El grandullón de tu novio — respondió señalando a Ruby con un dedo acusador — . Hace días que no lo veo en la lavandería. Siempre hacemos la colada juntos.

Sawyer soltó otra risotada por la nariz.

— No está aquí — respondió Ruby.

—¿Y dónde demonios está? —exigió saber Dolores.

—Y yo qué sé —espetó Ruby, y a la mujer le cambió la cara—. Perdona, Dolores.

—Mmm. —Dolores frunció el ceño—. Podría haberme dicho que se iba.

—Se marchó a toda prisa — dijo Ruby, llevada por la extraña necesidad de encubrir a Rafe y proteger los sentimientos de Dolores.

— ¿Cuál es el problema? — preguntó Sal al acercarse a la mesa como si fuera el sheriff . Cosa que, desde luego, no era.

El sheriff Mike no había tomado una copa desde hacía veinte años y solo entraba en aquel local cuando no le quedaba otro remedio. Pero eso no impidió que Dolores mirase a Sal como si fuese su héroe.

— Estaba buscando a Rafe — explicó.

— Ah — contestó Sal — . He oído que ha desaparecido.

— No ha desaparecido — intervino Ruby con un resoplido — . Se ha marchado. — «Me ha abandonado», pensó, pero no se atrevió a decirlo.

A juzgar por la mirada de lástima que le dedicó Sal, no le hacía falta decirlo en voz alta. Él lo percibió de igual modo.

— Y volverá.

— Eso espero, desde luego — declaró Dolores como si la parte afectada fuera ella — . ¿Me acompañas a casa? — le pidió a Sal, aparentemente dispuesta ya a seguir adelante con su vida.

A Sal se le iluminó la cara. Dolores vivía en una vieja casa ubicada al final de la calle. La calle bien iluminada. Ruby supuso que no habría problema en que se fueran andando a casa.

— Tened cuidado — les dijo, lanzándole una mirada penetrante a Sal, que se limitó a ofrecerle un saludo militar.

— Qué interesante desarrollo de los acontecimientos — comentó Callie cuando la pareja se alejó del brazo, arrastrando tras ellos el chirriante carrito de la colada de Dolores, sobre el que se tambaleaban sus innombrables.

— No sabía que Rafe fuese tan buen amigo de Dolores — dijo Sawyer con una carcajada.

— Yo tampoco — contestó Ruby, y le dieron ganas de estrangular a Rafe por pensar que era una especie de monstruo cuando se pasaba los días haciendo la colada con una ancianita que se sentía sola. Los límites de su frustración se le antojaron infinitos — . En fin, ¿queréis otra ronda, chicos?

— Yo no diría que no — replicó Sawyer, y Ruby se levantó para regresar a la barra. Callie la agarró de la mano antes de que pudiera marcharse.

— Al final todo saldrá bien, Ruby.

Ruby miró los ojos azul claro de su amiga.

—¿Cómo lo sabes?

—Llámalo intuición de bruja —contestó Callie con un encogimiento de hombros.

—Gracias, Cal —le dijo ella sonriendo.

Y, a medida que se alejaba para rellenarles los vasos a sus amigos, confió por encima de todo en que Callie llevase razón.