¿Dónde estás, lobo feroz? (Maple Hollow 1) Capítulo 50
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Capítulo 50

E l segundo día que pasó combatiendo el instinto de su cuerpo de postrarse a los pies de Ruby, Rafe recurrió a su manada.

Era imposible que aquel asunto hubiera quedado zanjado solo por haber matado a un par de lobos.

Necesitaba asegurarse de que Ruby estaba realmente a salvo.

Necesitaba saber que se había acabado y que podía alejarse tranquilo.

Necesitaba que desapareciera cualquier excusa para seguir merodeando en torno a Ruby.

Aquella noche en su porche, hablaba en serio. Fue la peor noche de su desgraciada existencia. Acabar con esos lobos le recordó quién y qué era exactamente. Un asesino y un animal. No tenía cabida en la cama ni el corazón de una humana.

Como no era de extrañar, Knox se mostró entusiasmado de verlo.

—Joder, Rafe. ¿Otra vez? — Su hermano se levantó de su lugar junto al fuego y caminó hasta donde él se encontraba, en la linde de su campamento.

El olor a conejo asado se le metió en la nariz. Le dio un vuelco el estómago. No había sido capaz de comer desde que Ruby se marchara. Ni de dormir. Su cuerpo no descansaba.

— Dos veces en una semana. ¿Ahora qué pasa?

— Otro ataque — gruñó Rafe, y la sangre se le calentó solo de pensar en la pelea.

Knox se pasó una mano por el pelo; a continuación, le hizo un gesto para que lo siguiera para apartarse de los demás hombres sentados alrededor de su fuego.

Algunos miembros curiosos de la manada los vieron marchar, evaluándolos con sus astutas miradas, pero aquel día Rafe no tenía tiempo para eso.

Solo necesitaba respuestas, calmar la ansiedad que bullía bajo su piel, necesitaba descansar de una puta vez.

— ¿Qué ha pasado? — preguntó Knox cuando llegaron a las afueras del asentamiento.

— Los maté.

— Joder, Rafe. No estamos en el Oscurantismo. No puedes ir por ahí matando…

— Atacaron a mi… a Ruby. — La palabra «compañera» reverberó en el interior de su cráneo, pero no se atrevió a pronunciarla. No se lo merecía, después de haberla enviado a paseo.

Knox abrió un poco más los ojos de manera apenas perceptible.

— ¿Dónde está, por cierto?

— En casa. A salvo. — Eso esperaba. Hallarse tan lejos de ella incluso durante el día le provocaba una incómoda tensión en la piel, le daba la impresión de que sus pulmones no funcionaban bien.

— ¿Ella lo sabe? — preguntó Knox tras aclararse la garganta — . Que crees que es tu… compañera. — Pronunció la última palabra como si le dejara un mal sabor de boca.

Rafe supo que, si Ruby hubiera estado allí en ese momento, le habría advertido acerca de su cara homicida. Pero no estaba allí, de modo que permitió que su cara hiciera lo que le diese la gana. Le enseñó los dientes a su hermano.

— Lo sabe. Pero no merece la pena.

— ¿Ah, no?

Rafe dio una patada a una piedra y la vio rebotar entre los árboles.

— Devon tenía razón sobre los humanos. Son demasiado frágiles.

Knox asintió sucintamente, sus ojos plateados iguales a los de su padre, estudiándolo a la luz moteada del sol de la tarde.

— No he venido por eso — prosiguió Rafe — .

He venido para descubrir qué sabes acerca de los Highlanders de nuestro territorio.

— Bajó la voz y se acercó más, consciente de los oídos atentos que los rodeaban — .

Nell mencionó que estabas preocupado por algo.

Dijo que tenía la impresión de que se avecinaba algo. Algo malo.

Su hermano entrecerró los ojos.

— No hay nada de lo que preocuparse.

— ¡Sí que lo hay! — dijo Rafe a punto de explotar — . ¡Es evidente que lo hay, Knox! ¿Qué vas a hacer al respecto?

Knox emitió un gruñido gutural. Una advertencia.

— Estoy protegiendo a mi manada. Mis preocupaciones no van más allá de eso.

Rafe abrió y cerró los puños en los costados y, por una vez, deseó poder volver al cuadrilátero con su hermano y darle una paliza.

Estuvo a punto de darse la vuelta para marcharse, pero la imagen de Ruby gritando ensangrentada tendida en la hierba no lo abandonaba.

Si existía alguna forma de ayudarla al tiempo que mantenía la distancia, tenía que hacerlo.

— La hermana de Ruby es vidente. Creo que ambas cosas están relacionadas de algún modo.

Knox se quedó petrificado, con la sorpresa escrita en la cara. Se apresuró a recomponer el gesto.

—No puede ser. Hace décadas que no hay un vidente por aquí. —Obviamente, las manadas nunca habían oído hablar de la tía de Ruby, pero de ninguna manera Rafe pensaba sacar ese tema ahora mismo.

—Tiene visiones —continuó.

—¿Y qué ve? —Knox se cruzó de brazos y se apoyó contra el tronco de un árbol. Tranquilo, relajado, recuperado de nuevo el control.

Rafe vaciló. ¿Hasta dónde debía contarle a su hermano?

—No las entiende. No se acuerda cuando despierta.

—Mmm. ¿De qué sirve una vidente si no recuerda sus visiones? —preguntó con una sonrisa de suficiencia.

Rafe gruñó llevado por la frustración.

— ¿No te parece extraño que estas hermanas estén sufriendo ataques y una de ellas tenga visiones?

— Bueno, técnicamente, solo han atacado a una de las hermanas.

— ¡Lena nunca sale de la maldita casa! Pero Ruby… — Rafe tragó saliva y el aliento le salió de los pulmones en una bocanada veloz y dolorosa. Ruby salía todas las noches. Era un blanco fácil. ¿Qué demonios estaba haciendo él allí discutiendo con el imbécil de su hermano?

— Da lo mismo. Olvida que te lo he contado.

— Te dije que enviaría más patrullas y eso haré.

Rafe apretó los puños de nuevo.

— ¿Y eso a mí de qué me sirve?

— Podrías regresar.

Las palabras de Knox cayeron entre ellos como piedras en un estanque de superficie inerte. Se quedaron de pie en silencio, sintiendo las ondas que generaban en el agua.

— ¿Regresar a la manada?

— Sí. — Knox se aclaró la garganta—. Si te has cansado de estar solo.

—No creo que sea buena idea.

Su hermano se apartó del árbol y se acercó.

—Podrías traer a esas hermanas. Las protegeríamos. Protegeríamos a tu compañera.

Rafe notó un nudo de inquietud que se alojaba en sus tripas.

—Tú no crees en las compañeras predestinadas.

—Quizá haya cambiado de opinión —repuso Knox encogiéndose de hombros. Su sonrisa fue lenta y calculada.

Rafe no debería haber vuelto allí. Llevaba razón al decirle a Ruby que Knox solo utilizaría a Lena para ayudar a la manada.

No sabía qué estaba tramando su hermano, pero sí sabía que le traían sin cuidado Ruby y su hermana.

Y él mismo. Solo buscaba el poder que pudiera brindarle una vidente, la ventaja que eso le otorgaría frente a otras manadas y un futuro que no podía controlar.

—Pues vuelve a cambiarla. No la he reclamado. Y no pienso hacerlo.

Knox se encogió nuevamente de hombros con actitud desenfadada aun cuando le sostenía la mirada.

—La oferta sigue en pie si te cansas de protegerla tú solo. Ya sabes cómo acabó eso la última vez.

Rafe se abalanzó contra el cuerpo de Knox sin poder evitarlo y cerró los puños sobre su camiseta. Lo empujó de nuevo contra el árbol sobre el que había estado apoyado y le arañó la espalda con la corteza.

—Que te jodan.

Knox no se molestó en resistirse a su agarre, ni siquiera le concedió a Rafe la satisfacción de contraatacar.

— Solo te recuerdo lo que está en juego, hermanito. No pudiste salvar a esa otra hermosa humana de nuestro propio padre. ¿Cómo vas a salvar a esta?

Cada una de sus palabras se le coló hasta el tuétano de los huesos, poniéndole delante de las narices todos sus miedos. Soltó la camiseta de Knox y trastabilló hacia atrás.

—No pienso traerla aquí —zanjó. Estaba sin aliento, como si hubiera estado peleando con los puños y no con las palabras.

Knox levantó las manos en señal de rendición.

—Solo intento echarte una mano. Lo último que necesito son dos mujeres humanas bajo mi cargo. Pero, si no deseas mi ayuda, deja de venir por aquí. —La expresión de su hermano fue firme; su mirada, dura.

La frialdad de su actitud había sido sustituida por otra cosa. Algo parecido al dolor y, bullendo justo debajo, la preocupación.

Su hermano mentía muy bien, mejor que la mayoría de los lobos. Pero Rafe lo percibía. El alfa estaba preocupado.

—Considera esta mi última visita. —Se alejó de su hermano hecho una furia y rezando para no haber empeorado muchísimo las cosas.