Capítulo 49
Q ue llamaran una vez a la puerta ya resultaba sorprendente, pero dos veces en una misma noche era algo inaudito. Abrió de un tirón.
— ¿Mamá?
—¿Así que aquí es donde has pasado escondido todo este tiempo? —preguntó ella, escudriñando con su astuta mirada el exterior de la cabaña. Estaba bañada por el brillo ambarino de la luz del porche y parecía estar muy fuera de lugar allí frente a su puerta.
—No me escondía —le espetó él.
Nell musitó con complicidad. Claro que se escondía. Llevaba un año escondido. Y en aquel momento se escondía de Ruby.
—¿Puedo pasar?
Rafe asintió, incapaz de echarla, y permitió a su madre pasar junto a él hacia el interior de su cabaña.
Era la primera vez que alguien de su manada visitaba su casa.
Tenerla allí le provocó un escalofrío de inquietud en la tripa.
Aquel era su santuario y, aunque su madrastra hubiera cuidado de él durante la infancia, no había hecho nada por impedir los abusos de su padre cuando se hizo mayor.
Sus sentimientos hacia aquella mujer eran cuando menos complicados, y lo último que necesitaba ahora mismo eran más sentimientos complicados.
Lo único que deseaba hacer era ovillarse en el rincón y lamerse las heridas. En soledad.
Nell miró a su alrededor analizando el apretado espacio. Pasó una mano por la pila de libros que se levantaba sobre su mesa esquinera, deslizó los dedos por las mantas que colgaban del respaldo del sofá y emitió un leve suspiro que a Rafe le pareció indescifrable. ¿Esperaba algo más?
—¿Qué estás haciendo aquí? —Habló como un imbécil, hasta él se dio cuenta, pero le daba igual. La mujer que lo había criado no había ido a buscarlo en todo un año y él no la necesitaba allí.
Nell se volvió para mirarlo con el entrecejo arrugado.
—Te marchaste sin despedirte.
Rafe estuvo a punto de reírse. Marcharse sin despedirse era el menor de sus delitos.
— Ahora no me pillas en buen momento.
La mirada de su madre se posó sobre su pecho y las diversas lesiones que todavía resultaban visibles.
—¿Qué ha ocurrido? —Sus pálidos ojos verdes parecían casi traslúcidos mientras lo estudiaba. La preocupación de su rostro no hizo sino apretar más el nudo que le ceñía el estómago.
—Una pelea.
Nell dejó escapar otro largo suspiro, evaluándolo una vez más con la mirada.
—Ya veo que no me quieres aquí. Pensaba que quizá necesitarías a alguien con quien hablar. Familia.
Se encaminó hacia la puerta mientras la palabra «familia» se alojaba en las entrañas de Rafe. ¿Por qué iba a necesitar ahora una familia? Había sobrevivido todo ese tiempo sin ellos.
Bajó la mirada para contemplar su torso herido y recordó la expresión de Ruby al presentarse en su puerta. El estómago se le retorció de nuevo con un dolor agudo y desesperado.
—Espera.
Nell se detuvo con la mano en el picaporte.
—¿Por qué ahora? ¿Por qué has venido? Sé que no es por esa patraña de la despedida.
Ella soltó una trémula carcajada y se volvió hacia él.
—He oído que estabas haciendo cosas —anunció, esquivando su pregunta.
—¿Cómo te has enterado?
— Del mismo modo que descubrí dónde estaba tu cabaña —contestó ella encogiéndose de hombros—. Las ninfas hablan. Siempre pregunto por ti.
Rafe rezongó.
—¿Dónde está la chica? —Nell fue directa al grano, atravesándolo con su etérea mirada.
—En casa.
—Ay, Rafe. —Nell meneó la cabeza y su cabellera susurró sobre su espalda.
—¿Qué? —Rafe se sentía incapaz de pronunciar más de una o dos palabras seguidas a causa del dolor ardiente que le cerraba la garganta.
Su madre por fin estaba allí y Ruby se había ido. Su pobre cerebro no parecía capaz de procesar todo aquello.
Nell ladeó la cabeza y lo estudió.
— Esa chica es tu compañera predestinada. Seguro que lo sabías.
Rafe puso los ojos como platos y su corazón dio un salto mortal al oír a su madre decir la verdad en voz alta.
— Eso no importa.
Entonces fue ella la sorprendida.
— ¿Que no importa? ¡Que no importa! ¿Cómo puedes decir eso?
— ¿Y a ti qué más te da? — le espetó él — . Pensé que en nuestra manada no creíamos en esa patraña. ¿Recuerdas? Nos emparejamos en busca de fuerza, y los humanos son débiles. — Le dio la espalda, incapaz de contemplar el rostro horrorizado de su madre.
— No hace falta que repitas las mentiras de tu padre.
— Ruby es humana. No funcionaría.
— Puedes hacer que funcione — insistió ella.
Rafe soltó una amarga carcajada y se giró hacia ella.
— Ya no queda nada que pueda hacer funcionar. Ruby por fin entiende lo que soy. — Le salió la voz rota y rasgada — . No puedo permitir que las cosas acaben del mismo modo esta vez.
— Las cosas no son iguales.
— No sabes de lo que estás hablando.
— Es tu compañera, Rafe. Eso lo cambia todo.
Rafe dejó escapar un gemido ahogado, sintiendo que la palabra «compañera» le arañaba la espalda.
— ¿Así que ya habías visto esto antes? ¿Un hombre lobo que se empareja con un humano?
— Bueno, no…
Él resopló.
— ¡Pero eso no significa que sea imposible! Tu compañera predestinada es la otra mitad de tu alma, Rafe. ¿A quién le importa lo que sea más allá de eso?
— ¿Cómo sabías lo que era?
—Una madre sabe esas cosas. —Le dirigió una sonrisa excepcional—. Por eso he venido. Sé que creciste creyendo otra cosa. Pero yo sé que es real.
—¿Mi padre y tú no? —preguntó él, estremecido.
Nell sacudió violentamente la cabeza.
—Por Dios, no. Él me buscaba por mi velocidad.
Rafe se tragó la bilis que le subió por la garganta al oír mencionar cómo escogía su padre a sus parejas.
—Pero mi hermana abandonó la manada antes de que tú nacieras. Ella encontró a su compañero predestinado, un lobo solitario al que conoció en una cacería.
A Rafe se le aceleró el corazón al oír que existían otros compañeros predestinados, que era algo posible.
—Devon quería emparejarla con un miembro de la manada, pero ella no soportaba esa idea, sabiendo que su verdadero amor estaba por ahí. De modo que se marchó. —Nell hizo una pausa y le clavó los dedos en el antebrazo— . Ella no pudo resistirse y tú tampoco puedes. Te acabará matando.
Ya le estaba matando. Llevaba solo unas horas lejos de Ruby y ya le costaba respirar y pensar. ¿Cómo se encontraría tras varios días separados? ¿O varios años? Un pánico abrasador se le alojó en la tripa.
— Preferiría morir a ponerla en riesgo.
— ¿Por eso estás tan afectado?
Rafe suspiró apoyado en la encimera. Reparó en la imagen de su madre de pie en su cocina, en el familiar aroma que le inundaba la nariz, y se sintió muy cansado de estar solo.
— Los lobos que seguían a Ruby volvieron a atacar. Llegué a tiempo… Ella… Ella está bien. — Aun mientras lo decía, apenas lo creía. Ella estaba bien — . Di caza a esos cabrones. — Se le formó un nudo en la garganta al recordar la pelea — . Me encargué del asunto.
Nell le pasó una mano por el brazo evitando las lesiones.
— Siempre fuiste el más sensible.
— ¿El más sensible? — repitió él con una carcajada de sorpresa.
— Estas cosas siempre te afectaron más que a tus hermanos.
— ¿Estas cosas? ¿Lo de matar? ¿Lo de ver cómo maltratan a la gente que quiero?
— Yo debería haberme esforzado más — dijo Nell con un estremecimiento — .
Ya lo sé, Rafe. Pero has de saber que, por mucho que estuvieras bajo el control de tu padre, yo también lo estaba.
Durante décadas, ese hombre lo controló todo en mi vida.
— Una sombra mudó el rostro de Nell y una capa de culpabilidad se sumó al torbellino de emociones de Rafe.
— Bueno, el muy cabrón ya está muerto.
— Sí que lo está — convino Nell.
Quedaron sumidos en el silencio. Rafe no sabía qué más decir. En realidad daba igual que su madre pudiera curar todas las heridas de su infancia; él solo aportaría peligro a la vida de Ruby. Nada de lo que Nell dijera cambiaría eso.
— Creo que esto es más importante que tú y que ella, Rafe. Está pasando algo. Knox se encuentra… preocupado.
— ¿Preocupado por qué? — Rafe se puso alerta al oír esa información.
— No sé. Está nervioso, tenso, como si supiera que se avecina algo, pero todavía no nos lo ha contado.
— Mierda. — Rafe se frotó la cara con una mano.
Había sido lo bastante tonto como para creer que había puesto fin al asunto de los Highlanders al matar a Wyatt y a sus secuaces. Pero, si Knox estaba implicado, si ambas manadas estaban implicadas, no habría forma de frenarlo.
— ¿Qué te dijo Knox cuando le hablaste de los Highlanders?
— Me ignoró. Dijo que enviaría más patrullas — masculló Rafe frustrado — . Desde luego no admitió estar implicado en forma alguna.
— No sé si lo está o no. Solo sé que se comporta de un modo extraño, pero sí que lo está intentando. Por la manada —dijo ella.
—Siempre y cuando cuide de vosotros. —Rafe dejó escapar un largo suspiro al darse cuenta de que hablaba en serio. Quería que su manada estuviera protegida. Si su hermano encontraba la manera de hacerlo sin aterrorizarlos ni manipularlos a todos, bien por él.
—Nos cuida. —Nell lo miró como si fuera a decir algo más, pero dejó correr el tema de su hermano—.
Debería regresar. Piensa en lo que te he dicho.
Esta vez, las cosas son distintas, Rafe.
Esa mujer es la definitiva. No la dejes escapar porque te sientes erróneamente culpable.
No tengas miedo. —Le apretó la mano y sus ojos verdes reflejaron el brillo de las lágrimas.
—Pensaré en ello. —Seguramente no pensara en otra cosa durante el resto de su vida.
Acompañó a su madre hasta la puerta— . Si puedes, me gustaría saber si te enteras de algo que pueda afectar a Ruby o a su hermana.
Sigo queriendo… — «Mantenerla a salvo, estar con ella para siempre, protegerla a toda costa, envolverla entre mis brazos y no soltarla nunca» — estar al tanto.
Nell enarcó una ceja.
— Por supuesto — respondió — . Veré qué puedo averiguar. — Abrió la puerta y salió a la noche gélida — Y, la próxima vez, no tardes tanto en venir a vernos, Rafe. — Se puso de puntillas y le dio un beso en la mejilla.
Rafe quiso rebatirle. Decirle que no tenía motivo para regresar, pero quizá eso ya no fuera cierto. Quizá sí mereciera la pena regresar por su familia.
— Sí, ya veremos.
— Buenas noches, Rafe.
—Buenas noches, mamá. —Salió al porche para verla marchar y estuvo a punto de dejar que sus últimas palabras se le disolvieran en la garganta, pero se obligó a pronunciarlas—. También podrías venir tú de visita. Me refiero a que… podrías volver de vez en cuando.
A Nell se le iluminó la cara bajo la luz de la luna.
—Me encantaría —dijo. Se transformó en una elegante loba color caoba y se perdió corriendo entre las sombras de la noche.