¿Dónde estás, lobo feroz? (Maple Hollow 1) Capítulo 46
77%

Capítulo 46

–¡R uby! ¡Ruby! —Presa de la conmoción, Ruby alcanzó a oír la voz de Lena—. Vamos, tienes que entrar en casa.

Ruby estaba arrodillada en la tierra frente a la linde del bosque. Rafe se había ido. Miró a su hermana y vio su rostro preocupado y borroso a causa de las lágrimas.

—Vamos, Ruby. Estás sangrando. — Lena tiró de su mano, pero Ruby no encontraba las fuerzas para levantarse.

Rafe acababa de adentrarse corriendo en el bosque para dar caza a un feroz hombre lobo seguido, como mínimo, de otros dos. Ruby los había visto correr tras él. Casi lo daba por muerto. Acababan de arrebatarle a su pareja predestinada, privándola de una vida entera a su lado.

De sus labios brotó otro gemido. Lena la asió por las axilas y la incorporó, mandándola callar y susurrándole mientras avanzaban pesadamente hacia la casa.

Ruby era apenas consciente de que estaba sangrando y de que el hombro le ardía a cada paso que daba.

Pero ese dolor no era nada comparado con el desgarro que se abría en su pecho.

Lena la arrastró hasta el interior de la casa mientras ella la manchaba con su sangre y su llanto.

Su hermana la ayudó a sentarse en una silla de la cocina y, con sumo cuidado, le limpió la herida.

Ruby hizo una mueca de dolor al sentir el escozor del agua oxigenada.

El dolor le permitió escapar de su bucle de pensamiento.

— Estamos predestinados, Lena. Sé que no te lo crees, pero es verdad. Rafe es mío. — Su voz sonaba ahogada por las lágrimas. Daba lástima.

Lena la miró a la cara después de vendarle el brazo.

— Creo que sobrevivirás — anunció.

— No sin él.

— Ay, Ruby.

— No sé a dónde ha ido ni si regresará — le dijo sorbiéndose y limpiándose la nariz con el dorso de la mano — . Había más de uno, Lena.

Lena le tendió la caja de pañuelos de papel, observándolo todo con sus ojos claros: la cara enrojecida de Ruby, el moqueo de la nariz, el hombro ensangrentado. Y tal vez viera más que eso.

— Te creo. O al menos lo intento. Después del espectáculo que me ofreció Theo, cuesta negar lo que son. — Lena le dirigió una sonrisa triste y Ruby no pudo evitar devolvérsela — . Pero ¿ahora me dices que no puedes vivir sin él? Eso es una locura, ¿sabes?

— Lo sé.

Lucifer se enredó entre las piernas de Ruby por debajo de la mesa, ronroneando satisfecho tras emerger de cualquiera que fuera su escondite. Ruby lo fulminó con la mirada.

— La culpa es tuya — le dijo. El animal se detuvo y pestañeó con sus ojos dorados — .

Bueno, vale, tienes razón. No es culpa tuya.

— Se volvió de nuevo hacia su hermana mientras el gato se tendía sobre sus pies, ofreciéndole el consuelo de su cuerpecito caliente — .

Sé que te llevará algo de tiempo aceptar todo esto.

Sinceramente, le impresionaba que su hermana no hubiera huido corriendo de casa después del espectáculo de Theo.

La mayoría de la gente lo habría hecho, pero, claro, las hermanas Bellerose no eran la mayoría de la gente.

Quizá, después de pasar años viviendo con Millie y con ella, Lena ya estuviera inmunizada por completo a las cosas extrañas y ligeramente siniestras.

Ruby tomó aliento antes de seguir hablando.

— Lena, tengo que contarte una cosa. El día del accidente, yo no quería que mamá y papá se fueran. ¿Te acuerdas?

Su hermana sirvió el té y lo acercó a la mesa. Ocupó la silla situada frente a Ruby. Rara vez hablaban acerca de aquel día.

— Me acuerdo. Te enfadaste mucho.

— Creo que lo sabía.

Lena se detuvo con la taza a medio camino de los labios.

— ¿Qué?

Ruby respiró hondo y reunió el arrojo para decir al fin las cosas que había guardado en secreto durante años.

— Creo que sabía lo que iba a ocurrir. Intenté impedirlo.

— ¿Qué estás diciendo? ¿Que las dos somos…? ¿Cómo dijo Rafe? ¿Videntes?

— Supongo — confirmó Ruby, encogiéndose de hombros.

— Aquel día me salvaste.

— Debería haber hecho algo más. — Había logrado convencer a sus padres de que les permitieran quedarse en casa con su niñera favorita, pero no consiguió persuadirlos para que cancelaran sus planes.

— Ruby, tenías ocho años.

Asintió con la cabeza y su cabello susurró sobre sus hombros.

Sabía que no debía sentirse culpable por ello.

No fue culpa suya que las carreteras resbalaran, que el clima gélido llegara antes de lo esperado, pero eso no impidió que, en ocasiones, se despertara bañada en un sudor frío, atenazada por un pánico asfixiante que le impedía respirar.

— Después de aquello, no volvió a suceder. Me pareció una coincidencia extraña, solo un sueño. Y luego, pasado el tiempo, me permití creer que no había ocurrido en absoluto.

Lena le agarró la mano. Tenía los dedos fríos y frágiles, y Ruby se los apretó con más fuerza.

— Pero ahora te está ocurriendo a ti.

— No sé lo que significa, Ruby. Las visiones son borrosas, no consigo retenerlas y, cuando lo intento, se me escurren entre los dedos.

— Quizá fuera esto. Quizá lo que viste fue este ataque. Pero estoy bien. — Ruby se quedó sin voz al pronunciar la última palabra, no queriendo pensar en lo que le estaría ocurriendo a Rafe. No queriendo preguntarse si él también estaría bien.

— Me estaban buscando a mí — contestó Lena meneando la cabeza.

— ¿Cómo lo sabes? — preguntó Ruby con los ojos muy abiertos.

— Lo vi. O al menos vi fragmentos. Cuando te fuiste de mi habitación. Me buscaban a mí, los lobos esos que vinieron. Lo percibí. — Los ojos de su hermana estaban turbados, el miedo destellaba en sus cristalinas profundidades — . No entiendo por qué siguen atacándote a ti.

— Creen que soy tú. Wyatt me llamó Lena.

— ¿Quién narices es Wyatt?

Ruby dejó escapar el aire. Había muchas cosas que no le había contado a Lena. Comenzó por la primera vez que conoció a Wyatt, le contó que Rafe sabía quién era, que desde entonces había vuelto varias veces, que la había atacado a ella.

— ¿Y me ocultaste todo esto? — preguntó Lena cuando Ruby hubo terminado.

— No deseaba preocuparte.

— ¡Ruby, no soy una niña pequeña! Deberías habérmelo contado. — Sus ojos brillaron cargados de rabia.

— Lo sé. Lo siento.

— Has estado tratándome como si estuviera rota.

Sus palabras le hicieron reflexionar. ¿Así era como se sentía en realidad? ¿Después de todo lo que había hecho ella por protegerla?

— No era mi intención. Lena, quería… quería protegerte de todo esto. No pensé que fueras a creerme de todas formas. Y al principio no me creíste, ¿te acuerdas?

— ¡No es solo por… el asunto de los hombres lobo! — espetó Lena — . ¡Es por todo! «¿Por qué no vas a echarte un rato, Lena? ¿Por qué no descansas un poco, Lena? ¿Por qué no te encierras en tu habitación para siempre, Lena?».

— ¡Yo nunca he dicho eso!

— ¡Como si lo hubieras dicho!

Se habían puesto las dos de pie y tenían las manos apoyadas sobre la mesa. A Lena le subía y le bajaba el pecho con cada respiración y su cuerpo desprendía todo el dolor y la rabia que sentía. ¿De verdad Ruby había estado tratándola de esa forma? ¿Como si estuviera rota?

— Intentaba cuidar de ti — se excusó — . Estaba asustada.

Lena cerró los ojos al oír esa confesión.

— Yo también — dijo.

— Lo hago lo mejor que puedo. — Aunque no fuese suficiente, Ruby siempre había intentado hacer lo mejor por su hermana.

— Yo también — dijo Lena con un suspiro, volviendo a sentarse en su silla — . Cuéntame lo demás. ¿Wyatt ha vuelto hoy? — Y no fue un perdón ni una disculpa, ni siquiera una resolución, pero, en aquel momento, era eso en lo que debían concentrarse.

Ruby asintió, notando aún la fuerza de la mano de Wyatt en el brazo, intentando arrastrarla para que se fuera con él. Desde luego, no pensaba irse por voluntad propia.

— Ha dicho que quería mi ayuda. O la tuya, probablemente. Cree que tenemos talentos que podrían ayudar a su alfa.

—¿Y pensaba que accederías a irte con él sin más? ¿No sabía lo de Rafe?

—Ha traído refuerzos. Supongo que se ha cansado de esperar. O se habrá cansado su alfa.

—Tres contra uno —susurró Lena.

—Sí. —A Ruby se le encogió el corazón.

—No le pasará nada.

Ruby le dedicó una sutil sonrisa. A pesar de su discusión, era agradable al menos sentir que estaban juntas en eso. Se recostó en su silla y sintió un latigazo de dolor en el hombro. Hizo una mueca y dejó escapar un siseo entre los labios.

—No irás a convertirte en mujer lobo, ¿verdad? —preguntó Lena, bromeando solo en parte.

—Pues… no creo. —Ruby se sujetó el hombro y cerró los ojos tratando por todos los medios de no pensar en el hombre lobo que, en ese mismo instante, libraba una batalla por ella.

Debería haberle hecho caso. Debería haberse quedado allí.

Debería ser él quien estuviera curándole las heridas.

Dejó escapar un resoplido cargado de frustración.

—Volverá, Ruby.

Ruby asintió, miró a su hermana a los ojos y sintió que había más que decir. Sobre sus padres, sobre las visiones de Lena, sobre ser el objetivo de unos hombres lobo, sobre la forma en que la había estado tratando. Pero Ruby no sabía qué decir o hacer al respecto.

Lena desenlazó los dedos de los de Ruby y se levantó para servir más té.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Ruby rodeando su taza con las manos, el pensamiento acelerado.

—Esperamos a que Rafe vuelva a casa, imagino.

—Vale, pero esperar se me da fatal.

—Por suerte para ti, yo no hago otra cosa últimamente. Te ayudaré a pasar el rato.