¿Dónde estás, lobo feroz? (Maple Hollow 1) Capítulo 45
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Capítulo 45

R afe se quedó petrificado.

Ruby.

Otro grito.

Y entonces, transportado por la brisa nocturna de noviembre, llegó el olor de la sangre.

La sangre de su compañera. Rafe se transformó antes de darse cuenta, aullando como si le estuviesen arrancando del pecho el corazón.

Corrió hacia la parte trasera de la casa, de nuevo un lobo solitario.

Theo se había ido, ya estaba de camino a su cabaña.

Dependía de él salvar a Ruby. Dependía de él cantar victoria donde una vez había fracasado.

Dobló la esquina de la casa y, al acceder al jardín de atrás, su mundo se vino abajo.

Ruby estaba tendida boca arriba sobre la hierba.

Un inmenso lobo blanco y marrón gruñía mientras trataba de arrastrarla hacia el bosque.

Rafe estuvo a punto de atragantarse con el olor de su sangre.

Manchaba la hierba en torno a ella, y su realidad dio un vuelco, trasladándolo de vuelta al momento más horrible de su vida.

Scarlet muerta. Asesinada por los lobos.

Salvo que esta vez era peor. Mucho peor.

Porque era Ruby quien yacía sobre la hierba.

Bien podría haber sido su propia vida la que se estuviera derramando en la noche.

—¡Rafe!

La voz de Ruby lo devolvió al presente. ¡Estaba viva! No estaba tendida en la hierba, estaba luchando, forcejeando con el gigantesco lobo. El animal podría haberla matado ya, pero no lo había hecho. Claro que no. La querían viva.

—¡Rafe, quítame a este cabrón de encima! —Ruby tiró del pelaje del lobo, arrancándole mechones de pelo con los puños.

Rafe dio un brinco, dejando escapar un gruñido, y derribó al otro lobo de encima de Ruby. Ella rodó, jadeando mientras se llevaba la mano al brazo. Una sangre roja y brillante que olía a Ruby, a vida y a eternidad se escurrió entre sus dedos.

Iba a matarlo. Mataría a aquel lobo y a cualquier otro que se atreviera a hacerle daño a Ruby. Mataría absolutamente a todos.

De su mente se borró absolutamente cualquier pensamiento que no fuera el ardiente deseo de destruir a quien se acercara a ella.

Era apenas consciente de los gritos que Ruby le lanzaba.

Solo de refilón alcanzó a oír las palabras que le suplicaban que no se adentrara en el bosque para dar caza a aquel lobo cabrón.

Entendió solo a duras penas que ella estaba de pie en la linde del bosque, suplicándole que regresara.

Rafe no veía nada más allá del lobo que tenía delante. No olía nada más allá del miedo que desprendía el animal mientras atravesaba veloz el bosque. No oía nada más allá del jadeo de los lobos que lo perseguían a él, pisándole los talones.

Conocía su olor. Eran Wyatt y dos de sus lacayos Highlanders.

Cierta parte humana de su cerebro se dio cuenta entonces de que no debería haber ido tras ellos, de que perseguir a aquellos lobos no haría sino empeorar las cosas. Pero ya no alcanzaba a oír a esa parte porque el resto de su cerebro pedía sangre.

Los muy desgraciados habían atacado a su compañera. Habían ido a por ella una y otra vez, y no pararían hasta que él los obligara.

No había permitido que ninguno de ellos se quedara atrás. Había atacado y ellos lo habían seguido, mordiendo el señuelo como los animales idiotas que eran, alejándolos así de Ruby.

Aceleró el paso, ganándole terreno al primer lobo, sintiendo bajo las patas la tierra y las agujas de pino.

El muy cobarde debería volverse y enfrentarse a él en lugar de obligar a Rafe a perseguirlo como a una puta ardilla, pero ya casi le había dado alcance.

Le pisaba los talones al primero cuando Wyatt se le abalanzó desde atrás, aterrizando con fuerza sobre su lomo.

Rodó sobre la tierra y se estrelló contra un árbol.

El impacto le vació de aire los pulmones, dejándolo sin aliento.

El primer lobo, que aún conservaba la sangre de Ruby en el hocico, se plantó entonces frente a él flanqueado por los otros dos. Rafe dejó escapar un gruñido gutural. Una advertencia.

Wyatt gruñó en respuesta y se lanzó sobre él, pero Rafe rodó y esquivó sus afiladas mandíbulas. Los otros dos lobos describieron un círculo en torno a él mientras se levantaba y, de pronto, se vio rodeado por los tres.

Una vez más, una parte lejana de su cerebro le advirtió que sería peor si acababa muerto, que Ruby sufriría mucho más si él no regresaba nunca. Pero su parte de lobo aullaba pidiendo venganza.

Aquellos lobos habían amenazado a Ruby y ninguna parte de su cerebro podía dejar correr aquello. Ya había perdido a una mujer en su vida a causa de la brutalidad de su especie, y de ninguna manera permitiría que volviera a suceder.

Rafe enseñó los dientes y atacó.