Capítulo 43
R afe abrió la puerta de golpe y se encontró a Ruby sentada en los escalones metálicos de la caravana, con la cerveza colgando de sus dedos.
—Deberíamos irnos.
Ella le clavó la mirada con los labios fruncidos.
—Tenemos que preguntarle por Lena.
—No es buena idea.
Ruby se levantó y de inmediato puso los brazos en jarras, adoptando una postura combativa.
—¿Por qué no? ¡Hemos venido hasta aquí y lo único que hemos descubierto es que tu madre te echa de menos y que quizá tu hermano no quería asesinarte! —Fue alzando la voz con cada palabra y él sintió que la manada aguzaba el oído en torno a ellos.
— Baja la voz —le advirtió tirando de ella para acercarla.
Ruby soltó un resoplido que denotaba su frustración, pero susurró cuando siguió hablando.
—Pensé que habíamos venido para ayudar a Lena. Tenemos que entender lo de sus visiones.
Rafe miró a su alrededor, pero el campamento estaba vacío.
—Tienes que confiar en mí. —Aguardó, su mirada clavada en la de Ruby.
Ella deseaba discutirle. Se lo notó en la firme línea que dibujaban sus labios, en su entrecejo fruncido y en la rabia que destellaba en sus ojos oscuros.
—De acuerdo —siseó entre dientes—. Confío en ti. Vámonos.
Rafe le estrechó la mano mientras atravesaban el campamento sin molestarse en despedirse.
Su necesidad de marcharse era ahora mismo más fuerte que su necesidad de tender puentes.
Quizá algún día regresara y volviera a intentarlo, pero un año no había bastado para cerrar sus viejas heridas.
Seguía sin poder perdonar lo que había tenido lugar allí.
Ni el papel que él mismo había desempeñado.
Quizá estuviera un paso más cerca que antes, pero aquel no era el día en el que se reincorporaría a la manada.
Cuando al fin estuvieron lo bastante lejos del campamento como para sentirse de nuevo a salvo, Rafe trató de explicarse.
—Al volver a estar aquí, he recordado una cosa. Algo que había logrado desterrar mientras vivía por mi cuenta.
Ruby se volvió para mirarlo. Tenía las mejillas sonrosadas por el ejercicio. Rafe aminoró la velocidad que había establecido al salir del campamento.
—¿Sí?
— La manada está por delante de todo lo demás, Ruby.
— De acuerdo. Pero ¿qué tiene eso que ver con Lena? Seguimos sin saber qué hacer.
Rafe se estremeció al percibir el tono acusatorio de su voz, pero aun así continuó.
— Si le contáramos a Knox la verdad sobre Lena, lo primero que haría con esa información sería averiguar en qué podría beneficiar a la manada.
Lo había visto en los ojos de su hermano, los cálculos mentales que realizó cuando le habló de Wyatt.
Solo había accedido a incrementar las patrullas porque daría mal aspecto permitir que los Highlanders irrumpieran en territorios del Condado.
No lo había hecho por Ruby. Y, desde luego, no lo había hecho por él.
No había forma de saber qué haría si contase con información acerca de una vidente, pero Rafe no creía que mereciera la pena correr el riesgo.
Era tal y como había dicho Eloise: una vidente sería muy valiosa para un líder.
Alguien que asesorase al alfa en su toma de decisiones.
Y eso no solo valía para la manada de los Highlanders.
A su antigua manada también le vendría bien esa ayuda.
Los hombres lobo llevaban una vida arriesgada.
Cualquier pequeña certeza que pudiera brindar una vidente sería bienvenida.
Cuanto más lo pensaba, más se alegraba de no haberle contado a Knox toda la verdad.
— ¿Crees que le haría daño?
— No creo. Pero sí sé que, por encima de todo, pensaría en la manada. No en ayudar a Lena.
Ruby suspiró retirándose algunos mechones de pelo de la cara. Los rizos se le pegaban al sudor de la frente.
— Pues qué mierda.
— Sí — masculló Rafe.
Siguieron caminando en silencio, con un calor atípico para una tarde de esa época del año, hasta que Rafe volvió a hablar.
— Perdona por no haber pensado en todo esto antes de marcharnos. A veces soy impulsivo, supongo. Actúo antes de pensar. — Más aún en lo referido a ella.
— Estabas intentando huir de mí otra vez. —A Rafe no le gustaron esas palabras, pero el tono que empleó Ruby fue suave, como si estuviera intentando reírse de él.
—Perdona también por eso. —Lo dijo aun cuando la advertencia de Knox seguía resonando en su cabeza.
Notó el agotamiento acumulado en los hombros.
Estaba muy cansado de resistirse a lo que había entre ellos.
Deseaba zambullirse en ello, rendirse y acurrucarse en su regazo como si fuera un cachorrito.
—Rafe, para. —Ruby tiró de él hasta detenerlo en el angosto sendero.
—¿Qué sucede?
Ella tenía la cara levantada y Rafe no pudo evitar retirarle los cabellos húmedos de la frente.
—Lo sé —respondió ella sin apartar la oscura mirada de su cara.
A Rafe se le formó un nudo en la garganta y, de pronto, se le aceleró la sangre en las venas.
—¿Qué es lo que sabes?
— Sé lo que somos. El uno para el otro, quiero decir. O al menos eso creo. — Arrugó la frente en un gesto de vacilación.
Rafe le besó las arrugas, incapaz de alejarse de ella, de mantenerse apartado, de resistirse.
— Dilo — susurró; necesitaba oír las palabras pronunciadas de sus labios rojo sangre.
— Creo que estamos… predestinados.
Rafe devoró su boca, abandonado ya cualquier resquicio de autocontrol. Predestinados.
Ruby saltó a sus brazos y le rodeó la cintura con sus gruesos muslos.
— Creí que me estaba volviendo loca — le dijo entre besos — . Fue todo tan excesivo, tan rápido.
Exhalaba bocanadas entrecortadas mientras él retrocedía hasta apoyarla contra el tronco de un árbol. Le besó el cuello, mordisqueando su carne suave. Ella se retorció contra su cuerpo y él empujó con la polla dura entre sus piernas, consumido por el calor y el deseo.
Su instinto le gritaba que la reclamara, que la hiciera suya para siempre.
Pero las palabras de ella resonaron en su cabeza, aunque siguiera atra yéndolo con su cuerpo.
«Todo tan excesivo, tan rápido». Aquello era algo nuevo para ella, para ambos, en realidad.
Se apartó jadeando. Ruby se quedó mirándolo con ojos voraces.
— Espera — gruñó — . Más despacio.
Ruby se quedó petrificada entre sus brazos.
Rafe apoyó la frente en la suya y sus respectivos alientos se mezcla ron.
— Cuando hagamos esto, no habrá vuelta atrás. Los compañeros predestinados lo son para siempre. — Eso era algo que sabía con certeza.
— Para mí no hay vuelta atrás sin importar que me metas la polla o no, Rafe.
Él se rio ante su temeridad. Era lo mismo que sentía él, que ya era demasiado tarde para ellos de un modo u otro, que nada de lo que hicieran cambiaría lo que ya significaban el uno para el otro.
— Lo digo en serio. — Ruby se soltó de su agarre y volvió a poner los pies en el suelo — . Te deseo. Estemos predestinados o no. — Cerró las manos sobre la pechera de su camiseta y tiró de él — . Es imposible resistirse a lo que hay entre nosotros y no quiero resistirme. Quiero estar contigo.
Rafe se tragó las emociones que se acumulaban rápidamente en su garganta. Era todo lo que había deseado oír de ella; aun así, las dudas persistieron.
— No pude salvar a Scarlet.
— No quiero un guardaespaldas. Quiero una pareja.
A Rafe el corazón le latía con fuerza en el pecho, como si estuviera intentando saltar directamente a las manos de Ruby. Una pareja. Qué concepto tan humano.
— Después de todo lo que he hecho…
— Ahora te toca a ti confiar en mí. Confiar en que te deseo. En que sé lo que estoy haciendo.
— El destino no comete errores. — Repitió las palabras que le había dicho previamente a Knox y le parecieron todavía más ciertas con Ruby pegada a él.
— Puedo sentirlo — dijo ella acariciándole el cuello con su aliento — . Sé que eres mío. —Le rodeó el cuello con los brazos—. Ya encontraremos juntos la solución. Por favor, Rafe. Deja de huir de mí. —Sus palabras sonaron tan dulces, tan desesperadas.
Él la había hecho sentir eso: miedo a que siguiera ahuyentándola. Era lo único que había estado haciendo desde que se conocieron.
—Me he cansado de huir. —Le acarició el cuello con la nariz y aspiró su aroma. La conocía desde hacía un mes. La conocía desde siempre. Y, milagrosamente, ella también lo notaba.
Ruby suspiró con ojos soñadores y recorrió su pelo con los dedos.
—Pero, Ruby…
—Dime.
—No pienso follarte por primera vez contra un árbol.
Ella se apartó con una expresión de tal indignación que Rafe hubo de contener una carcajada.
—¿Qué clase de hombre lobo eres?
—Uno que no quiere follarte en un lugar donde puedan oírnos mis amigos y familiares.
Ruby soltó un quejido y aquel sonido le llegó directo a la polla.
— Maldita sea. De acuerdo. Pero quizá podamos… — Metió la mano entre ambos y le agarró la polla a través de los vaqueros.
— Joder, Ruby. — Vio sus labios de rubí quebrarse en una sonrisa.
— Solo para aliviar la tensión. No haremos ruido. Y será rápido. — Restregó la mano arriba y abajo por su erección y a él no le cupo duda de que sería rápido.
Volvió a capturar su boca, apretándola contra el tronco del árbol, y el grito ahogado de ella le hizo cosquillas en los labios.
Enredó la lengua en la suya y lamió sus dulces gemidos.
Ruby manipuló la cremallera de sus vaqueros y él agachó la mano para ayudarla, liberando su polla enhiesta.
Ruby se la agarró con la mano y empezó a acariciársela.
A Rafe se le fundió el cerebro y lo único que sintió fue una necesidad abrumadora de darle la vuelta y follársela contra el maldito árbol. Pero estaba decidido a no comportarse como un auténtico animal. Al menos durante su primera vez.
Ruby ganó velocidad con la mano y Rafe soltó un gemido.
— Para. — Envolvió su mano con la suya y detuvo el movimiento.
— Por favor, Rafe. Quiero hacer que te corras.
Rafe se esforzó por controlar la respiración, por controlarlo todo.
Sentía la rigidez de los músculos, cada átomo de su cuerpo en tensión.
Y entonces Ruby frotó la palma de la mano contra la punta de su erección, extendiendo la humedad que se había acumulado ahí, y él se lo permitió.
Le permitió deslizar la mano resbaladiza arriba y abajo unas pocas veces más.
Le permitió morder y succionar la piel de su cuello mientras lo masturbaba.
— Joder, Ruby. Joder, joder, joder… — Gimió mientras se corría sobre su mano como un maldito adolescente. El placer invadió su cuerpo y le hizo convulsionarse contra ella.
— ¿Te ha gustado? — preguntó Ruby desde abajo con esos ojos oscuros.
— ¿Gustarme? — Rafe meneó la cabeza, incapaz de ponerse derecho aún — . Joder, Ruby. Me acabo de correr más rápido que en los últimos quince años. Sí, claro que me ha gustado.
La sonrisa de Ruby hizo que la vergüenza le compensara.
— Te mereces sentirte bien, Rafe.
— Tú también — murmuró él deslizando la mano por debajo de los vaqueros de Ruby.
La notó caliente y húmeda. Soltó un gruñido y le arañó el cuello con los dientes. No perdió el tiempo. Pese a la neblina del deseo, no tenía ninguna intención de permitir que su manada lo pillase con los pantalones bajados.
Rodeó el clítoris de Ruby con los dedos y ella se arqueó contra él. Había estado a punto de correrse solo masturbándolo a él. Eso resultaba condenadamente sexi. Movió la mano más rápido, imitando las cosas que le había visto hacerse a sí misma, recordando el movimiento de sus dedos.
— Así — le rogó ella con un grito ahogado.
Le tiró del pelo y arqueó la espalda apartándola del árbol. Le mordió el hombro para ahogar sus gemidos cuando se corrió, y la presión de sus dientes sobre su carne le provocó otra sacudida de placer en la polla.
— La leche — murmuró ella, apartándose. Se le había corrido el pintalabios y tenía las mejillas teñidas de rosa.
— ¿Mejor? — le preguntó él con una sonrisa.
— Lo cierto es que no — refunfuñó Ruby mientras se recolocaba los pantalones. Se sacó del bolsillo unos pañuelos de papel para limpiarles las manos — . En cuanto volvamos, vamos a ponernos a follar para ver si estamos predestinados.
A Rafe casi le explota el corazón.
— Joder, Ruby, no digas esas cosas.
—¿Por qué no?
Él meneó la cabeza, pero no logró ocultar la sonrisa.
—No sé —admitió—. Es que no me parece real.
—Te toca quedarte conmigo —le dijo ella volviendo a estrecharle la mano—. Estemos predestinados o no, ¿de acuerdo?
Rafe asintió, pero se le quedaron las palabras atascadas en la garganta.
Deseaba creerla. Deseaba dejar atrás a su padre y a su manada.
Deseaba que Scarlet descansara en paz y olvidar los pecados de su pasado.
Pero la forma en que Ruby lo miraba seguía pareciéndole demasiado alucinante para ser verdad.