Capítulo 42
–¿Q ué cojones pasa con la humana?
Rafe se pasó una mano por el pelo, soltándose la coleta.
— No importa —dijo. Necesitaba salir de allí. Necesitaba volver con Ruby.
—Claramente sí que importa, si has vuelto aquí para ayudarla —apuntó Knox, todavía apoyado contra la encimera. Tan quieto. Tan sereno.
Pero Rafe conocía a su hermano. Cuando lo provocaban, Knox se volvía feroz y era capaz de transformarse en cuestión de segundos.
Sin embargo, Rafe no había ido allí buscando pelea.
Aunque tenía los puños apretados en los costados y la sangre le gritaba en las venas, suplicándole que dejara salir a la bestia.
—Está en peligro, así que quería ayudar. Eso es todo.
—Ay, Rafe, siempre el héroe.
—Que te jodan.
—Pues que te jodan a ti también, hermanito. —Knox apuró el resto de su cerveza y se apartó de la encimera. El espacio era demasiado pequeño para dos hombres tan grandes. El olor a sudor y a cerveza inundó la nariz de Rafe—. Me dejaste aquí teniendo que recomponer lo todo.
Las palabras de su hermano resultaron más sorprendentes de lo que lo habría sido un puñetazo en la cara.
— ¿Y qué debería haber hecho?
Knox se encogió de hombros, pero su tono de voz fue de todo menos desenfadado.
— Podrías haberte quedado. Podrías haber… ayudado. — ¿Fue un brillo de incertidumbre lo que alcanzó a ver en los ojos de su hermano? ¿A qué narices venía aquello?
— Devon jamás lo habría permitido.
Knox resopló con desdén y respondió:
— El viejo cabrón tenía un pie en la tumba. No deberíamos haber permitido que nos manipulara de la forma en que lo hizo. Siempre me avergonzaré de eso.
Las palabras de Knox quedaron suspendidas entre ellos. La verdad que encerraban. La verdad de lo que se habían hecho unos a otros. De lo que habían permitido que hiciera su padre.
— Seguro que estás haciendo mejor trabajo de lo que hizo él jamás. — Rafe se aclaró la garganta — . O de lo que podría haber hecho yo.
Knox le sostuvo la mirada unos segundos más; sus ojos plateados veían más de lo que a Rafe le gustaba. Él tenía los mismos ojos, ojos que habían heredado de su padre. Pero quizá aquellos ojos pudieran ser el lugar donde terminaba el legado de su padre. Quizá pudieran por fin dejarlo atrás.
Knox miró hacia la puerta y dijo:
— Dímelo con sinceridad, ¿qué pasa con la chica?
—Creo que es mi compañera. —La palabra se le atascó en la garganta, la confesión se le antojó demasiado intensa para el denso aire de la caravana.
—Por favor, dime que no crees en esa gilipollez.
¿Cómo era posible que su hermano tuviera la capacidad de arruinar cualquier momento entre ellos? Después de tantos años, Rafe supuso que debería estar acostumbrado.
—No creía. Hasta que la conocí. Y ahora creo.
—Son tonterías de cuento de hadas, Rafe. Las compañeras predestinadas son mentira. ¿Y con una humana, nada menos? Jesús.
Rafe meneó la cabeza.
—Es más real que cualquier otra cosa.
—Mira, me creo que te sientas atraído por ella. Que desees follártela. Quizá incluso que una región lobuna ancestral de tu cerebro, o de tu polla, desee reclamarla, pero es imposible que tengáis una… conexión cósmica.
—Que te jodan, Knox. Me largo de aquí. Gracias por esta agradable visita.
—Espera. — Rafe se dio la vuelta para marcharse, pero Knox lo agarró del hombro — . Ten cuidado.
— ¿A qué viene eso?
— Sé lo que le ocurrió a tu otra novia y no querría que Ruby acabara igual.
Rafe se giró para mirarlo y todas las terminaciones nerviosas de su cuerpo le suplicaron que se abalanzara sobre aquel cabrón arrogante.
— ¿Eso es una amenaza?
— Desde luego que no. — Knox dejó caer la mano al costado — . Pero, si hay algo en lo que estoy de acuerdo con papá, es que los humanos y los hombres lobo no deberían mezclarse.
— Se equivocaba.
— ¿En serio? ¿Se lo has dicho ya a Ruby?
Rafe se puso rígido.
— No se lo has dicho — adivinó Knox con una sonrisa de suficiencia — . Porque en el fondo ya lo sabes. Sabes que lo que hay entre vosotros no funcionará. No puede funcionar.
— No tienes ni puta idea.
— Sé que los humanos son débiles. Llevan vidas precarias y después se mueren. Aunque esta te parezca diferente.
Rafe se quedó callado, pensando en Lena y en la sangre mágica que debía de correr por las venas de ambas hermanas. Ruby no era una simple humana.
— El destino no cometería un error. Está hecha para mí — zanjó, más para tranquilizarse a sí mismo que para convencer a Knox.
— ¿Y ella te desea? ¿Para el resto de su vida? ¿Estás seguro de ello?
A Rafe le dio un vuelco el estómago cuando su hermano expuso ante él todos sus miedos.
Claro que no estaba seguro, y Knox lo sabía.
Su hermano no se molestó en decirlo, simplemente le dio una palmada en el brazo como si estuviera ofreciéndole su compasión.
Rafe lo apartó con una sacudida brusca y caminó hacia la puerta.
— Correría menos peligro sin ti.
Las palabras de Knox le hicieron detenerse en seco. Se quedó petrificado con la mano en el picaporte.
— Enviaré patrullas más amplias para que vigilen la situación. Para proteger mi territorio. Tú deberías mantenerte alejado de tu amiguita humana. Por su propio bien.
—Tú no sabes lo que necesita —gruñó Rafe.
Knox soltó una carcajada gutural, pero Rafe no se quedó allí para terminar de escucharlo, aunque las palabras de su hermano se le hubieran metido debajo de la piel y comenzaran a infectarse.