¿Dónde estás, lobo feroz? (Maple Hollow 1) Capítulo 41
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Capítulo 41

S altaba a la vista que el hombre que acababa de entrar en la parcela era el hermano de Rafe.

Tenían el mismo cabello castaño oscuro, los mismos ojos plateados y la misma expresión homicida en su rostro.

Pero, mientras Rafe llevaba el pelo largo y recogido a la altura de la nuca, el de Knox era corto, con alguna cana en las sienes.

Se había dejado crecer la barba completa, mientras que Rafe mantenía su barba de varios días, deliciosamente áspera.

Ambos eran corpulentos, aunque Rafe le sacaba varios centímetros de altura a su hermano mayor.

Rafe se puso de pie y ella lo imitó sin soltarle la mano. Knox se detuvo delante de ellos y los evaluó alternativamente con su fría mirada.

—Rafe.

—Knox.

Los hombres se saludaron con un conciso asentimiento de cabeza. Ruby habría jurado que la manada entera se quedó petrificada en torno a ellos. A ella se le erizó el vello de los brazos.

—Cuánto tiempo. —La voz de Knox era suave y profunda, carecía del matiz áspero del tono de Rafe. Era la voz de un líder, exigente y tranquilizadora a un tiempo.

En otras circunstancias, Ruby se imaginó que podría gustarle aquel hombre.

—No me pareció que mereciera la pena regresar —replicó Rafe encogiéndose de hombros.

—Y, sin embargo, aquí estás —dijo Knox con los ojos entrecerrados.

Ruby percibió la tensión que brotaba del cuerpo de Rafe a través de sus manos unidas.

— Necesitamos tu ayuda. — Ella jamás sabría cómo fue capaz de pronunciar las palabras con los dientes tan apretados.

Knox sonrió con suficiencia.

— ¿Hace un año que no te veo y ahora quieres mi ayuda? — Dejó escapar una carcajada gutural — . Rafe, que se creía mejor que los demás, ha vuelto a casa arrastrándose.

— No repitas las gilipolleces de Devon. Yo nunca pensé eso.

Knox desvió la mirada hacia Ruby y ella sintió un escalofrío que le trepaba por la espalda.

— Siempre has preferido a las humanas antes que a nosotros.

Rafe emitió un gruñido y se situó delante de Ruby, protegiéndola con su cuerpo.

— No quería pelearme contigo entonces y no quiero pelearme ahora.

Knox se rio con desdén y su atractivo rostro adquirió una expresión desagradable.

— Ya tienes lo que querías, Knox — prosiguió Rafe — . Eres el alfa. No tienes que demostrar nada más.

Algo cambió en la expresión de Knox, un destello fugaz de arrepentimiento antes de volver a recomponer el gesto.

— Ha pasado un año. ¿Qué te hace pensar que puedes volver ahora?

— Después de que estuvieras a punto de matarme, no me pareció que mereciera la pena venir de visita.

— No lo habría hecho — contestó Knox con un resoplido.

Rafe se puso rígido junto a ella, furioso.

— Claro que lo habrías hecho. Y luego habrías matado también a Theo.

El otro abrió los ojos en señal de sorpresa y rabia, pero, cuando habló, su voz sonó siniestramente serena:

— Pareces saber todo lo que pienso: que quería ser el alfa; que quería matar a mis hermanos, sangre de mi sangre. Ahora resulta que eres adivino, Rafe.

Knox dio un paso al frente y ambos se plantaron cara. Ruby, encogida detrás de él, se aferró a la mano de Rafe. Y un cuerno que no le tenía miedo a nada.

— Me costaba imaginar algo distinto teniendo tus colmillos clavados en el cuello — masculló Rafe.

— No fui yo quien estuvo a punto de dejar ciego a Theo.

Otra oleada de tensión recorrió el cuerpo de Rafe.

— En ese cuadrilátero estábamos todos. No teníamos elección.

— Eso mismo digo yo, hermanito — respondió Knox con una sonrisa engreída. Enfatizó la palabra «hermanito», y Ruby tuvo que contener una inapropiada risita — . Todos hicimos cosas de las que nos arrepentimos.

No era una disculpa, pero parte de la furia contenida pareció abandonar el cuerpo de Rafe.

— Así es.

Knox asintió como si hubiesen aclarado algún asunto. Ruby habría sugerido que a los tres hermanos les iría bien un poco de terapia familiar, pero nadie le pidió opinión.

— ¿Has dicho que necesitas ayuda?

— Ruby está en apuros — confirmó Rafe con un gesto de asentimiento.

Ruby asomó la cabeza por detrás de la enorme figura de Rafe y saludó a Knox con la mano. Él arqueó una ceja con gesto inquisitivo, dando a entender que no sabía qué pensar de ella, pero aun así les indicó que lo siguieran.

— Aquí fuera hay demasiados oídos — comentó.

Los lobos que merodeaban por allí de pronto parecieron encontrar algo que hacer y se dispersaron en distintas direcciones.

Knox los condujo hasta una caravana ubicada entre los pinos y ellos lo siguieron hasta el tenue interior. Dentro el ambiente era caluroso y sofocante en comparación con la sombra que proporcionaban los árboles.

— ¿Queréis beber algo? — preguntó Knox acercándose a la pequeña cocina.

El espacio en su conjunto formaba un rectángulo con la cocina en un extremo y el salón en el otro. Ruby dio por hecho que las dos puertas que salían del salón darían acceso a los dormitorios.

— Cerveza, si tienes.

— Eh…, yo también, por favor. — Si Ruby quería sobrevivir a aquel día, necesitaba beber algo. Aunque solo fuera cerveza.

Knox les alargó una botella a cada uno y Ruby dio un sorbo y dejó que el líquido frío y amargo le diese fuerzas.

Seguía intentando asimilar el hecho de que estuvieran tomando algo con el hombre que había intentado matar a Rafe, pero le daba la impresión de que la relación entre los hermanos funcionaba de esa forma.

Ninguno de los dos parecía particularmente afectado por la situación.

— ¿Qué problema tiene Ruby? — preguntó Knox apoyado contra la encimera de la cocina, los brazos cruzados sobre el ancho torso.

Ruby tomó nota para preguntarle después a Rafe si los hombres lobo hacían mucho ejercicio.

— Ruby no tiene ningún problema —masculló Rafe—. Ruby es perfecta.

Bueno…

Ruby dio otro sorbo a su cerveza y se dejó caer en la silla de cocina más cercana. De pronto le temblaban las rodillas.

Knox levantó las cejas hasta el nacimiento del pelo.

—¿Cuál es el problema entonces? —preguntó.

—Hace poco más de una semana la atacó un lobo. Un Highlander. Se presentó en su trabajo transformado en humano junto con algunos más. Se ha mostrado… persistente.

Ruby alternó la mirada entre ambos hombres: Rafe, oscuro y amenazante; Knox, engañosamente calmado. El alfa mantenía una expresión neutral, pero Ruby alcanzó a ver un destello de interés en sus ojos.

—¿Qué quieres que haga yo al respecto? —Knox habló con un dejo de impaciencia, el tono de un hombre con demasiadas cosas que hacer como para quedarse allí charlando con un hermano del que estaba distanciado.

Rafe dejó escapar un largo suspiro que denotaba su frustración.

—Tú eres el alfa. Y hay Highlanders en tu territorio.

Knox se quedó mirándolos, desviando la mirada de uno al otro como si estuviera intentando encajar las piezas de un rompecabezas. Meneó entonces la cabeza.

—Un par de Highlanders no me preocupan — zanjó y bebió de su cerveza.

Rafe se pasó una mano por la cara y el roce de su barba de varios días reverberó en el apretado espacio. Ruby añoró los días sencillos en los que lo único que deseaba era sentir esa misma barba entre los muslos. Días en los que la política de los hombres lobo no era de su incumbencia.

— Lo que no entiendo es por qué se arriesgarían a atacar a un ser humano — dijo Knox señalándola con su botella de cerveza — . ¿Qué tiene de especial?

La atmósfera pareció alterarse en el interior de la pequeña vivienda y la delicada tregua que pudiera existir entre los hermanos se evaporó en un instante.

— Todo — gruñó Rafe.

— Joder, Rafe. — Knox puso los ojos en blanco — . ¿Cuándo aprenderás?

— Ruby, ve y espérame fuera. —Rafe ni siquiera se dignó mirarla al darle la orden.

—Pero…, no. ¿Qué pasa con Lena? No hemos podido preguntarle…

—Vete —le gruñó Rafe.

Ruby intentó controlar el dolor que le provocaron sus hoscas palabras. Se tragó el orgullo y las lágrimas y se levantó de la mesa.

—De acuerdo. —Abandonó la cargada atmósfera de la caravana y se sentó en el escalón superior de fuera.

Malditos hombres lobo. Tan pronto le decía que era perfecta como se ponía a darle órdenes de mala manera. Rafe sufría más cambios de humor que una adolescente premenstrual ante una escasez de chocolate.

Estaba claro que era un imbécil.

Aun así, esperaba que su hermano no lo matara.